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SOY RESPONSABLE DE MI MANERA DE VER
David Hoffmeister

 

Libera Tu Ser - Artículos Un Curso de Milagros: "SOY RESPONSABLE DE MI MANERA DE VER


Del Libro de David Hoffmeister "El perdón cuántico: Física, te presento a Jesús".

 

 

Los físicos cuánticos dicen que todo el campo cuántico es energía en la que todo está absolutamente unificado. El Curso habla de ello como del mundo perdonado. La física cuántica nos muestra que la antigua manera de pensar en términos de personas, situaciones y sitios no sirve. No podemos pensar en términos lineales. No podemos pensar separados de la Verdad y ser felices, porque somos el campo cuántico. Todo está completamente conectado. La presencia callada solo es la presencia callada. No está asociada a personas, lugares ni objetos. Es lo que es. No podemos prepararnos para ella sin ponerla en el futuro. Para traer a la consciencia el Instante Santo solo hay que desearlo. Entonces entramos en esta maravillosa y profunda presencia callada que no depende de las circunstancias. No importa si parece que el cuerpo está en un castillo, en un colegio o en un convento, si está en Europa, en Japón o en América. No depende de las circunstancias, porque todas esas cosas son solo asuntos hipotéticos.

Los asuntos hipotéticos son esencialmente preguntas, y todas las preguntas son del ego; no hay preguntas en el campo cuántico. Todas las preguntas proceden de la creencia en que podemos estar separados del Todo. En nuestro estado mental natural no hay preguntas. No hay nada que arreglar, preparar, cambiar ni evitar. Podemos sencillamente descansar contentos. Ahora. ¡Qué felicidad darse cuenta de que no hay Europa, ni Japón ni América!

Sólo la mente que ha perdido el contacto con el campo cuántico —y se ha engañado con la creencia en que realmente existen las personas, los sitios y las situaciones— puede sentir culpabilidad. Hay cierto tipo de responsabilidad asociada con eso. El Curso dice: ”Soy responsable de lo que veo. Elijo los sentimientos que experimento y decido el objetivo que quiero alcanzar. Y todo lo que parece sucederme yo mismo lo he pedido, y se me concede tal como lo pedí” (T-21.II.2). Algunos malinterpretan la primera frase “Soy responsable de lo que veo”, en el sentido de que somos responsables de los niños famélicos, de las guerras y de toda la destrucción en la historia del universo. Pero no somos responsables del mundo. No somos responsables de los errores de una percepción falsa y fragmentada.

La manera correcta de interpretar la frase es que somos responsables de nuestra manera de ver el mundo. Somos responsables de aceptar la corrección, somos responsables de ver el mundo con el Espíritu Santo. Eso es lo único de lo que podemos ser responsables. ¿Y de los niños famélicos? No. ¿Y del conflicto entre científicos y creyentes? No. ¿Y de nuestra familia? No, no somos responsables de nuestra familia. ¿Y de nuestra casa? Tampoco, no somos responsables de nuestra casa. ¿Y de la salud de nuestros cuerpos? Tampoco. Solo somos responsables de ver el mundo de la manera en que el Espíritu Santo ve el mundo. Esa es la única responsabilidad que alguna vez podremos aceptar por completo. Cada vez que intentamos tomar la responsabilidad de cualquier otra cosa, hemos puesto nuestra responsabilidad en el sitio equivocado: hemos elegido la culpabilidad. De lo que realmente se trata es de permanecer alineados con el Espíritu, de permanecer en sintonía.

 

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