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LA ORACIÓN

 

Libera Tu Ser - Kenneth Wapnick "LA ORACIÓN"



Publicado por la Foundation For a Course in Miracles, escrito por Kenneth Wapnick y traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

Pregunta 193

 

El Padrenuestro, que se supone procede directamente de Jesús, parece hacer reales al mundo y al pecado y solicitar que Dios se implique en nuestras vidas. Desde la perspectiva del Curso, ¿cómo se explica esto?, ¿Cuál sería un ejemplo de oración válida en el “sueño”?

RESPUESTA: Puesto que los evangelios se escribieron aproximadamente cincuenta años después de la muerte histórica de Jesús, no hay ninguna certeza de que ninguno de sus relatos informe con precisión de lo que él dijo en realidad. De hecho, los estudiosos de las escrituras han establecido que probablemente Jesús no dijo la mayoría de lo que contienen los evangelios. El Padrenuestro, por tanto, no tiene porqué proceder directamente de Jesús. Es compatible con todas las enseñanzas de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, los cuales, como tú dices, hacen muy reales al mundo y al pecado. Desde la perspectiva de Un curso de milagros, la única explicación de esto es que las enseñanzas de la biblia no son las enseñanzas del Curso. No son similares y, puesto que el Curso utiliza términos que se encuentran en la biblia, pero lo hace con una interpretación diferente, sólo se las puede comparar para ver el contraste.

La oración en el sueño es, en definitiva, recordarnos a nosotros mismos que somos una mente que tiene el poder de elegir. Frente a cualquier conflicto o situación estresante, nuestra oración se puede expresar sencillamente así: “Hermano mío, elige de nuevo” (T.31.VIII.3:2). En esta oración está implícito el reconocimiento de que ya hemos elegido. Esta elección que ya hemos hecho, y no la situación en la que nos encontramos, es la causa real de nuestro malestar, pero podemos “elegir de nuevo”. Es una oración muy sencilla, pero decirla con sinceridad, aceptando las implicaciones que se acaban de señalar, puede encontrar una fuerte resistencia, pues requiere tomar plena responsabilidad de nuestras decisiones y también de los apuros en los que nos encontramos. Aunque éste es el proceso de la oración, tal como lo enseña el Curso, Un curso de milagros se une a nosotros en cualquiera de los muchos niveles diferentes de nuestro aprendizaje. Como tenemos necesidad de experimentar de manera simbólica el poder de nuestras mentes, encontramos en el Curso oraciones dirigidas a Dios nuestro Padre, o al Espíritu Santo. Muchas son “oraciones” muy bellas que, en realidad, le hablan a nuestros corazones en lugar de a Dios, Quien no oye las oraciones (T.16.VII.12). Se nos ofrecen para ayudarnos a ponernos en contacto con el verdadero deseo de nuestro corazón y para animarnos a hacer otra elección. Esta es la oración del corazón a la que se refiere el Manual, en contraste con la oración “que pide cosas concretas” (M.21.2:4). Esta oración del corazón se refiere a lo que de verdad deseamos.

También nos dice el Curso que nuestra oración es oída, y que recibimos lo que pedimos. Nuestra oración siempre es por sólo una de las dos interpretaciones: la del ego o la del Espíritu Santo. Vamos a recibir la que deseemos de verdad. Obviamente esto ocurre en el nivel mental, en el que se toma la decisión. El efecto de la oración se va a experimentar en el sueño en forma de paz (que refleja nuestro elegir al Espíritu Santo), o en forma de algún conflicto (que refleja nuestro elegir al ego). Lo concreto no importa. Lo más importante es siempre la intención de nuestros corazones, nuestra disposición. “Rezamos” cuando miramos dentro con disposición a reconocer qué voz hemos elegido escuchar. Comprometerse en este proceso indica que ya hemos elegido escuchar al ego. Y entonces tenemos la oportunidad de preguntarnos a nosotros mismo si es eso lo que queremos oír y, tal como se dijo al principio, entonces podemos elegir de nuevo. Sabremos que estamos escuchando al Espíritu Santo por la paz que experimentaremos al final del proceso: “La parte [de tu mente] que está escuchando a la Voz de Dios es serena, está en continuo reposo y llena de absoluta seguridad. Es la única parte que realmente existe. La otra es una loca ilusión, frenética y perturbada, aunque desprovista de toda realidad. Trata hoy de no prestarle oídos. Trata de identificarte con la parte de tu mente donde la quietud y la paz reinan para siempre. Trata de oír la Voz de Dios llamándote amorosamente, recordándote que tu Creador no se ha olvidado de Su Hijo.” (E.49.2). Este escuchar es nuestra oración.


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