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EL MUNDO ES ILUSIÓN

 

Libera Tu Ser - Un Curso de Milagros - Reflexiones: "EL MUNDO ES ILUSIÓN"


 

Por Anna Horno

Tu fidelidad a la creencia en la muerte, no es más que el resultado de tu creencia en la separación, la culpa y el pecado que de ella se derivan, y el consiguiente castigo.

Has sostenido en tu mente la idea de un padre vengador. Has sostenido en tu mente la idea de que has atentado contra el mismísimo Dios al creer que podías separarte de Él, y que de hecho lo hiciste y usurpaste Su Poder. Has sostenido en tu mente una profunda culpa por ese aparente «pecado». Has sostenido en tu mente el miedo a las represalias divinas. Temes Su castigo si vuelves junto a Él.

Y en respuesta a ese miedo, tu mente ha proyectado un lugar en espacio y tiempo donde poder escapar de Su venganza, siendo usado como «chivo expiatorio» de tu culpabilidad inconsciente. Y la cuna de la proyección, lo máximo, fue proyectar el cuerpo. Todo un mundo de formas reflejando el contenido de tu mente: separación. Y el cuerpo dando testimonio de «tu pecado», pretendiendo probar la irrealidad de tu inmortalidad con su propia muerte.

Nada real puede ser amenazado, con esta frase puede resumirse todo el sistema de pensamiento de UCDM. De ella se desprende que si crees haber sido atacado, es que te has identificado con el cuerpo y has negado el espíritu. Al devolver el ataque, lo que tú conoces como «defensa», impides a tu mente experimentarse como un Todo indiviso, y de este modo, niegas tu realidad en la Unidad de Dios y perpetúas la creencia de que el Amor no está dentro, sino fuera de ti. Si el Amor, o lo que es lo mismo, Dios, están fuera de ti, estás a salvo de lo que tú crees será Su castigo.

Y esto es el ego. Esa parte de la mente que teje ilusiones y fabrica mundos de odio y venganza, donde la muerte es el destino final.

¡Y es tan simple!… las ilusiones, sólo son ilusiones. No hay culpa, el Hijo de Dios es inocente, por siempre perfecto e impecable. La separación nunca tuvo lugar, y el mundo tal como lo experimentamos, no es más que un mal sueño en la mente ajena a las coordenadas de tiempo y espacio.

En este instante, mientras crees estar en este cuerpo, mientras crees experimentar quién sabe qué clase de situaciones que más tarde o más temprano te conducirán inexorablemente a lo que tú llamas «muerte», tu identidad permanece intacta, inmune, protegida por el Amor de tu Creador con infinita devoción hacia ti, Su Hijo, Su Creación, el Cristo.

¿Qué pasaría si decidiese «volar» en solitario… si me separase de mi Padre… si utilizase mi poder creativo para crear por mi cuenta?

Ésta es la alocada y diminuta idea de la que el Hijo de Dios olvidó reír, y al no ser capaz de reírte de ella, al tomártela en serio, la dotaste de aparente realidad en tu mente, y se convirtió en el mundo que ahora ves y experimentas, y que crees tiene algún poder sobre ti y capacidad para contradecir la Voluntad de Tu Padre.

Fue una pregunta inocente que obtuvo una inmediata respuesta, completamente poseída por un sentimiento de culpabilidad. En realidad no estaba sucediendo en ninguna parte, era una simple respuesta en la mente. Pero parece que la mente quedó atrapada en dicha respuesta, repasándola una, y otra, y otra vez, y así comenzaste a ser consciente de una realidad aparte.

Al tomar conciencia de esta nueva realidad, también creíste que habías hecho posible lo imposible: separarte de tu Padre. Esta creencia te condujo a un estado de profunda culpa. La Voluntad de tu Padre es que permanezcas como uno en espíritu con Él y con toda Su Creación, pero ahora parece que no hay uno, sino muchos. Parece que lo informe ha tomado forma para que tú puedas percibir diferencias, y afirmar con ello tu voluntad de permanecer separado de tu Fuente.

Así es como definimos el término «ego»… una idea demente, una pregunta insólita que pareció penetrar en la mente y que pareció, por un instante, originar una respuesta concreta en el mundo abstracto del pensamiento. El ego, como un ente separado, un individuo aislado con una voluntad separada de la Voluntad de su creador. Y en aquella decisión de «viajar en solitario», la mente creyó experimentar un mundo donde los opuestos coexisten en constante interacción… el árbol de la ciencia del bien y el mal al que la Biblia hace referencia.

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