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VIVIR UN CURSO DE MILAGROS
JON MUNDY

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "VIVIR UN CURSO DE MILAGROS"

 

Del capítulo 21: La llave que dice «bondad»

A MEDIDA QUE ENSEÑAMOS, APRENDEMOS

Los maestros de Dios, por lo tanto, son completamente mansos.
Necesitan la fuerza de la mansedumbre,
Pues gracias a ella la función de la salvación se vuelve fácil.
                                                                                          (M-4-IV.1:12 y 2:1)

Una vez retirados los obstáculos que dificultan la conciencia de la presencia del amor y una vez éste sea liberado, es libre de avanzar. Amar es fácil cuando ninguno de nuestros asuntos se interpone. Según avanzamos en el Curso, cada vez miramos el mundo más desde el punto de vista de un centro tranquilo.

Dios nos ha regalado un lugar en Su Mente que es nuestro para siempre. A medida que la arrogancia cede, que la culpabilidad y la necesidad de ser especiales se desvanecen, que la verdad del Ser emerge a la luz, la paciencia y la mansedumbre crecen en nuestro interior.

¿Cuál es la primera cualidad en la que pensamos al rememorar a la Madre Teresa de Calcuta, Gandhi, Martin Luther King Jr. O el Dalai Lama? Su bondad. Jesús dice en los Evangelios que es sencillo y humilde y, por este motivo, su yugo es llevadero y su carga ligera (Mateo 11:29). Jesús fue bondadoso con los pobres, los enfermos, los niños, las prostitutas, los recaudadores de impuestos, aquellos que lo acusaron y aquéllos que lo juzgaron y crucificaron. Demostró bondad ante los soldados que se mofaron de él al pie de la cruz y con el ladrón que murió crucificado junto a él.

San Francisco de Asís consideraba que todo y todos eran sus hermanos y hermanas, de ahí el título de la película Hermano sol, hermana luna. No le interesaba poseer nada, sin embargo, amaba todas las cosas y, por consiguiente, era increíblemente rico. Todos los animales, árboles y flores eran sus amigos y su bondad llegaba a tal punto que en una ocasión en la que, al parecer, se le incendiaron las vestiduras, le dijo a uno de los hermanos que corría a apagar las llamas: “No, no dañes al hermano fuego”.

Si nos enfadamos, estamos en un estado de demencia, pues no cabe duda de que la razón nos ha abandonado. Siempre que sintamos enfado, resentimiento, trastornos, envidia o celos o que, de algún modo, estemos proyectando, no estamos actuando desde nuestra mente recta y necesitamos otra forma de ver el mundo. Siempre que somos crueles nos vemos como algo separado. Cuando actuamos con bondad, sentimos que formamos una unidad.
Cuando celebro funerales antes de la misa entrevisto a los familiares para recabar información para el panegírico, me doy cuenta de que de lo primero que me hablan, lo más impactante que se puede decir sobre una persona fallecida, no es si amasaron una gran fortuna, si construyeron muchos edificios o si escribieron varios libros; lo más destacable es la bondad con la que trataron a niños y animales, a todo el mundo. Los actos de amabilidad y generosidad, ternura y bondad son los mejores momentos de la vida. ¿Qué te gustaría que dijeran en tu funeral? ¿Se te ocurre algo mejor que “fue una persona muy amable y considerada”?. Los mejores momentos de la vida son aquéllos en los que somos amables con otra persona o alguien lo es con nosotros. La bondad es tan importante, nos trasciende de tal manera y es tan potente que es “mayor que toda la sabiduría de todos los sabios”. De hecho, es más sabio actuar con bondad que el propio hecho de ser sabio.

Cuando entrenamos a un animal, la mejor manera de conseguir que haga lo que queremos es mediante el buen trato. Así es como llegan a confiar  en nosotros y de buen grado deciden compartir su vida con nosotros. No hay nada más suave o de mayor finura que el agua; sin embargo, no tiene rival a la hora de imponerse ante lo duro e implacable. El agua desgasta las rocas; de este modo, lo débil supera a lo más fuerte y lo duro cede ante la suavidad.

No importa cuán oscuro aparente ser el corazón de otra persona, pues en algún lugar de su interior existe un Verdadero Ser, un ser tierno y lleno de bondad que busca ser liberado.

La mentalidad milagrosa no conoce la culpa ni el error. No los ve. No los amplifica. No los extrae ni los examina ni los expone a la vista del mundo. Percibir un error y reaccionar de acuerdo con él, es convertirlo en real para nosotros mismos.  Si alguna vez dudamos de cómo responder ante cualquier situación, responsamos con amabilidad, pues esta nunca falla. Siempre es adecuada y el momento siempre es ahora. Convertir a alguien en culpable es ser culpable y, del mismo modo, no podemos hacer el bien a otra persona sin beneficiarnos a nosotros mismos. Lo que deseamos para un hermano o hermana es lo que recibimos.

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