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TODOS SOMOS NÁUFRAGOS (la práctica de la Bondad)
Anna Horno

 

Libera Tu Ser - Reflexiones personales: "TODOS SOMOS NÁUFRAGOS (la práctica de la Bondad)"

 

 

Absolutamente todos los que creemos transitar por este mundo o alguna vez creyeron hacerlo, cargamos con una enorme «mochila tóxica» a nuestras espaldas. Ricos, pobres, poderosos, insignificantes, guapos, feos, blancos, negros o amarillos, inteligentes, necios, desterrados y ensalzados… no importa el «bando» al que creamos pertenecer, esa mochila nos pesa a todos por igual.

A simple vista pudiera parecer que hay quienes viven vidas apacibles, confortables, felices… pero si rascamos un poco sobre esa superficie dorada, podremos entrever un lado no tan brillante, el lado oscuro de los asuntos sin resolver, de los recuerdos dolorosos, de los traumas y las experiencias que, de un modo u otro definieron su personalidad, marcando sus actos e interfiriendo en sus decisiones. Y más allá de todas esas posibles formas particulares de expresión del sufrimiento, se encuentra el miedo como sustento e inspiración. Y es que hemos construido una casa sobre cimientos podridos, y por más esfuerzos que hagamos, nuestra casa se hunde…

¿Por qué razón un hermano iba a robar a otro, si no fuera por su propio miedo a no tener suficiente mañana? ¿Por qué un hermano iba a matar, engañar, vilipendiar o sacrificar a otro, si no fuera porque su propia existencia se siente amenazada? ¿Por qué iba a ser capaz un hermano de someter a otro, si no fuera porque percibe y teme su propia debilidad? Ésta es la única verdad oculta tras lo que consideramos «una mala acción». El miedo. El miedo que nos provoca el sentirnos despojados de nuestra divinidad, abandonados a nuestra «suerte» por nuestro Benefactor; el miedo que nos provoca haber olvidado el camino de vuelta a Casa; el miedo que provoca el miedo descontrolado, al mando de nuestras mentes.

España está atravesando uno de los peores momentos de su historia. Y ciertamente, si analizamos racionalmente la situación, encontraremos poderosas razones para las «causas culpables»: la tiranía de la clase política, los atropellos de la administración, las prácticas abusivas de las entidades financieras, la gestión deshonesta de cientos de empresarios… Ante tal panorama, se hace casi imposible extender algo más que nuestra indignación y nuestras ansias de venganza contra quienes, aparentemente, son los causantes de tanta injusticia y la ruina económica de miles de familias.

Una perfecta recreación del mundo de «nobles y villanos» promovido y dirigido por el ego, eso es lo que es.

Todos esos «agentes portadores» de nuestra desgracia, también están sometidos al yugo del miedo, como tú, como yo…

Dice Un Curso de Milagros que nada de lo que aquí parece suceder es real, que tratar de explicar o justificar los sucesos, es una forma sutil de otorgarles realidad, y así es. Pero mi experiencia me dice que alcanzar ese estado de comprensión y lucidez, requiere de un número indeterminado de pequeños pasos correctaMENTE seleccionados. Son los pequeños pasos, cada uno de esos pasos intermedios, los que finalmente nos conducen hasta la cima de la montaña. Si Dios es esa cima, nuestro objetivo, ¿qué tal entonces si por el camino, mientras lo recorremos, nos aproximamos a la bondad, a la compasión? Nos ayudarán a comprender que nuestro hermano sufre como sufrimos nosotros; que se juzga y condena tal como nosotros lo hacemos. Este mundo en sí mismo es la culminación del castigo, para él, para mí, ¿qué importa que el suyo parezca un lugar privilegiado en relación al mío?

Abramos un espacio de puro Amor en nuestro corazón, un espacio donde no haya lugar para la competencia, la pugna y la violencia, sea ésta física, verbal o bajo la forma de un pensamiento, y será el mismísimo Amor Quien nos proteja de la tentación… la tentación de buscar culpables, la tentación de atacar, de juzgar y condenar y con ello separar; la tentación de olvidar que TODOS somos los hijos asustados y extraviados del mismo Dios. El Amor nos ayudará a comprender que no hay necesidad de contra-atacar, puesto que no podemos ser atacados; el Amor nos ayudará a sabernos a salvo, invulnerables, eternos…

La bondad es un paso de gigante en la dirección de la mente sana. La bondad es el regalo que nos hacemos a nosotros mismos a través de nuestros hermanos. Cuanto más practicamos el ser bondadosos, más amorosos nos sentimos, y una mente en Amor, es una mente que no puede sufrir, por adversas que parezcan las circunstancias.

No estamos hablando de las acciones que emprendemos en el mundo, sino del estado mental en el que nos situamos cuando «hacemos». Los mismos actos pueden responder a consejeros diametralmente opuestos en cuanto a su propósito. Podemos, guiados por el ego, utilizar el ataque para tratar de expiar nuestras culpas, con esa carga emotiva que nos ata al mundo; o podemos, sencillamente, hacer lo que de todos modos haríamos, pero sin proyección de culpa, pecado y «justo» castigo. En esa ausencia de juicio, nos elevamos por encima del mundo para reunirnos, cual uno solo, en aquel santo lugar del corazón, donde sabemos que el Hijo de Dios es inocente.

Puedo sentir la pequeñez del ego llamándome desde el «campo de batalla» de la cruel defensa, pero opto por escuchar la grandeza del Espíritu, invitándome a pastar en los dulces pastos de la indefensa bondad.

Siempre que me desvío del camino, pido sincera y humildemente al Espíritu Santo que me ayude a percibir con los ojos del Amor y no del miedo… Su respuesta nunca se hace esperar. Doy gracias al Cielo…

Anna

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