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TODOS POSEEMOS CAPACIDADES EXTRASENSORIALES

 

Libera Tu Ser - Artículos Ciencia/Belleza/Salud/Medioambiente: "TODOS POSEEMOS CAPACIDADES EXTRASENSORIALES"


Publicado en revista Más Allá de la Ciencia - Nº 295

 

Rupert Sheldrake: el biólogo que se enfrentó a los dogmas científicos.

 

¿Es la materia la única realidad? ¿Está la mente dentro del cráneo y no es más que la actividad del cerebro? ¿Se borran los recuerdos con la muerte? ¿Son ilusorios los fenómenos psíquicos como la telepatía? ¿Existen leyes inmutables? Estas son algunas de las preguntas a las que Rupert Sheldrake responde en un nuevo libro que ha levantado gran polvareda en la comunidad científica. En él repasa las diez doctrinas centrales del materialismo a la luz de pruebas sólidas y descubrimientos recientes. La ciencia y la tecnología han transformado el mundo, pero sus dogmas –explica Sheldrake- pueden ser un peligro para la evolución.

A los doce años ya sabía que quería ser biólogo como su admirado Alfred Russel Wallace y con el tiempo llegó a doctorarse en bioquímica, pero el británico Rupert Sheldrake nunca ha sido un biólogo convencional, ni tampoco lo han sido sus controvertidas teorías sobre la resonancia mórfica, ni sus experimentos e investigaciones sobre la percepción animal y los fenómenos psíquicos, entre otros. Su original trabajo saltó a la luz pública en 1984 con la publicación de su libro Una nueva ciencia de la vida, donde sugería la hipótesis de los campos morfogenéticos, que controlan el desarrollo de los embriones humanos y el crecimiento de las plantas: “Propuse que estos campos poseen una memoria inherente en la naturaleza, que reciben mediante un proceso llamado resonancia mórfica”.

Percepción extrasensorial

Su teoría de la resonancia mórfica tiene implicaciones trascendentes como, por ejemplo, en lo relativo a la vida extraterrestre. ¿Cree Sheldrake que la vida en otros planetas podría parecerse a la terrestre por los efectos de los campos mórficos? Apunta que sí: “Aunque no sabemos nada sobre la diversidad de la vida en otros planetas, se me ocurre que podría haber planetas similares al nuestro en el universo, donde la resonancia mórfica desde la tierra y hacia la tierra desempeñe un papel en el proceso evolutivo. Pero también podría ser que hubiera planetas con ecosistemas y formas de vida muy distintos que podrían no resonar”, explica el investigador británico.

Para quienes no conozcan la obra del Sheldrake, o hayan olvidado algunos de sus postulados esenciales, recordaremos que estos se encuentran recogidos en sus siete libros y en casi un centenar de artículos científicos. Si con su teoría sobre la resonancia mórfica ya había calado en el público, con su libro Siete experimentos que pueden cambiar el mundo (1994), donde describía procedimientos sencillos que podían llevarse a cabo para cambiar nuestras ideas sobre la naturaleza de la realidad, terminó convirtiéndose en un investigador de referencia para todos aquellos interesados en los fenómenos anómalos no reconocidos por la ciencia oficial.

Mencionaremos de pasada sus experimentos de parapsicología con animales y sus protocolos para estudiar fenómenos cotidianos, como el de la sensación de verse observado por detrás, el hecho de que los perros sepan cuándo volverán sus dueños a casa o la telepatía por teléfono, un fenómeno que se produce cuando una persona piensa en otra sin motivo aparente y entonces suena el teléfono y al otro lado del hilo nos habla esta persona.

Rupers Sheldrake se sintió muy intrigado por esta forma de telepatía, muy frecuente en el mundo moderno, y decidió investigarla. Tras llevar a cabo una serie de pruebas mediante métodos de doble ciego, pudo comprobar que al menos un 45% de las veces los sujetos del experimento adivinaban con exactitud quién les estaba telefoneando. Presentó sus resultados en un festival de las ciencias celebrado en Norwich (Reino Unido) por la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia y suscitó gran controversia entre sus colegas.

Estos cuestionaron la fiabilidad de dicho estudio y alegaron que no había pruebas de que la telepatía no fuera otra cosa que una fantasía. Sin embargo, si la gente simplemente “adivinara” quién les llama cuando el teléfono suena, no se habrían obtenido un 45% de aciertos, ya que las leyes de la probabilidad dictan que sólo se habría acertado una de cada cuatro veces.

El elevado porcentaje de su estudio es superior a la casualidad y sugiere que algo sucede en dichos casos, pero no todos los científicos lo aceptan: “Para los materialistas comprometidos, la actividad mental no es más que una actividad central electroquímica. De ahí que los pensamientos y las intenciones no puedan ejercer un efecto directo a distancia; la mente tampoco está abierta a influencias del futuro”, denuncia Sheldrake. Y es que este investigador está convencido de la existencia de facultades psíquicas; como la telepatía, que no pueden explicarse en términos de los sentidos normales, a pesar de que cree que “La telepatía es natural, no sobrenatural, normal en vez de paranormal”.

Otras capacidades en humanos que han interesado a Sheldrake incluyen la premonición y la precognición: “Las premoniciones humanas ocurren, por regla general, en sueños o a través de intuiciones. En la investigación experimental de los presentimientos humanos, los futuros acontecimientos emocionales parecen operar ‘hacia atrás’ en el tiempo para producir efectos fisiológicos detectables”, señala el investigador británico.

Asimismo, Shaldrake también ha realizado trascendentes experimentos con palomas mensajeras para determinar cómo se las arreglan para encontrar el camino a casa desde cientos de kilómetros de distancia, a través de territorios desconocidos e incluso atravesando el mar. Tenía unos siete u ocho años cuando hizo su primera prueba con ellas.

Experimentos tan curiosos como los citados le han atraído la simpatía del público, pero la comunidad científica no se ha tomado demasiado interés en unas investigaciones a las que califica de “pseudocientíficas” porque, en definitiva, se sigue sosteniendo que las leyes y constantes de la naturaleza son inmutables y que los fenómenos psíquicos como la telepatía son imposibles. “Hay gran variedad de opinión y apertura en la comunidad científica –puntualiza Sheldrake-. Hay colegas que apoyan mi trabajo, pero hay muchos otros con la mente muy cerrada y la certeza dogmática de que algo como la telepatía o la resonancia mórfica no son posibles. He comprobado que estas personas muestran escaso interés en las pruebas empíricas”.

El séptimo sentido

Sin embargo, este no es el único campo en el que ha volcado su interés, ya que Sheldrake también ha avanzado la existencia de un séptimo sentido, que explicaría diversas experiencias de percepción extrasensorial. “Si nuestras mentes no están limitadas por nuestros cerebros, muchos fenómenos que ahora nos parecen inexplicables cobrarían sentido, desde la telepatía hasta los miembros fantasma”, avanzaba en su libro La sensación de sentirse mirado y otros aspectos de la mente extendida (2003). En él proponía que si el séptimo sentido es real, podríamos pensar en una visión más amplia de las mentes, es decir, que se expanden en el mundo alrededor de los cuerpos: “Mi conclusión es que la habilidad de las personas para saber cuándo les están mirando depende de una influencia que hasta ahora la ciencia desconoce. Tales influencias pueden desempeñar un importante papel en las relaciones predador-presa y tener implicaciones de gran alcance para nuestra comprensión de la naturaleza de la mente”.

 

Contra la ciencia dogmática

En el libro que ahora nos ofrece, El espejismo de la ciencia, sigue desafiando a la comunidad científica, pero esta vez no lo hace con nuevos experimentos raros con aves o mamíferos, sino simplemente atacando los dogmas que la dominan. “En este libro transformo los supuestos en preguntas y quiero descubrir lo que la ciencia realmente sabe y lo que no. Postulo que la ciencia está reprimida por supuestos que tienen siglos de antigüedad y que se han consolidado como dogmas”, afirma Sheldrake. ¿A qué dogmas se refiere?, ¿el de que la realidad es material o física únicamente, es decir, que no hay otra realidad que la material? ¿o tal vez hace referencia a los dogmas de que la conciencia es un subproducto de la actividad física del cerebro y que la medicina mecanicista es la única que funciona?

Hay algunos dogmas más que Sheldrake combate con ardor, como el principio de conservación de la energía, es decir, que la energía no puede crearse o destruirse. Y también desafía las “constantes” que conocemos, como que la velocidad de la luz y la gravedad universal son constantes: “Han cambiado a lo largo del tiempo. La velocidad de la luz descendió 20 km por segundo entre 1928 y 1945, pero muchos científicos aseguran que no puede cambiar”.

Por todo ello, no sorprende que tras su provocadora conferencia en marzo de este año en TEDx Whitechapel (Londres), los asesores científicos asistentes recomendaran que ésta no se divulgara sin marcarla antes como “sospechosa”. ¿Vale la pena divulgar y defender las ideas de Sheldrake o, por el contrario, debemos cuestionarlas e invalidarlas como absurdas? Él lo tiene claro en lo referente a los diez dogmas que denuncia y que cuestionan creencias sobre las que muchas personas querrían tener certezas como, por ejemplo, si nuestros recuerdos sobreviven cuando morimos. “No creo que los recuerdos se almacenen en los cerebros, y si es así eso supone que no se desvanecen con la muerte y que son potencialmente accesibles. Eso deja abierta la puerta de la supervivencia personal, mientras que con el materialismo eso es imposible”, propone.

Mente VS cerebro

No en vano, su empeño en demostrar que la mente no está confinada al cerebro se puso de manifiesto con sus experimentos sobre la sensación de estar siendo observado por alguien, que apuntaban a la existencia de un séptimo sentido. Sheldrake nos recuerda, además, que esto tiene implicaciones religiosas, ya que supone que la conciencia podría sobrevivir a la muerte. No en vano, él cree en el más allá: “Creo que empieza como un sueño del que no podemos despertar porque nuestros cuerpos físicos están muertos. Lo que sucede depende de nuestros miedos, recuerdos, esperanzas y creencias”.

En materia de medicina Sheldrake tiene mucho que decir. Sus respuestas tienen que ver con la aceptación del papel que desempeñan las creencias. ¿Tiende la asistencia regular a rituales religiosos a forjar una mejor salud y una mayor longevidad? Sheldrake cree que sí, pero es consciente de que el estamento médico pasa por alto el poder de las creencias: “La medicina mecanicista no es la única que funciona. Hay muchos factores psicológicos, emocionales, sociales y espirituales que influyen en la salud y la enfermedad. Los sistemas alternativos y complementarios de la medicina a veces curan a las personas, y no todos sus efectos pueden atribuirse únicamente al efecto placebo, de modo que, si fuéramos más allá del materialismo, tendríamos un sistema médico más inclusivo y holístico y, seguramente, más barato y eficaz que un sistema exclusivamente mecanicista como el que predomina en la actualidad”.

La visión holística de los seres vivos defendida por Sheldrake nos lleva a analizar otro dogma fuertemente arraigado en el moderno campo de la investigación genética: el de que toda la herencia biológica es material. A esto se opone abiertamente: “los genes están sobrevalorados en el sentido de que no ‘codifican’ o ‘programan’ la forma y el comportamiento de los organismos. El proyecto Genoma Humano y otros proyectos de genoma han resultado decepcionantes, tanto científica como económicamente, porque se basaban en una falsa concepción de la función de los genes”. En cambio, el proceso de la resonancia mórfica permite explicar la herencia cultural, que difiere en grado de la herencia de las formas y los instintos. “Los hábitos de crecimiento y conducta pueden heredarse por medio de la memoria colectiva de la especie, de la que bebe cada individuo, y a la que contribuye”, aclara el investigador.

Sin duda, él ha contribuido a ensanchar los horizontes de la biología y de la ciencia en general. Este año, cuando cumple setenta, Rupert Sheldrake sigue aspirando a liberar el espíritu de la ciencia, aprisionado por los dogmas. Es la mayor ambición de un visionario que mantiene viva la esperanza de que “se dé el gran salto hacia un paradigma holístico, a una visión no reduccionista de la naturaleza”, concluye.

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