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MODIFICAR PATRONES DE COMPORTAMIENTO
Terapia Conductista

 

Terapias Alternativas - Modificar Patrones de Comportamiento: "Terapia Conductista"

 

Las terapias cognitiva y conductista son más directas y prácticas que las técnicas psicoanalíticas o humanistas. Su fundamento consiste sencillamente en la idea de que los patrones de conducta indeseables, por ejemplo, la timidez o los temores irracionales y las fobias, son la causa y no el resultado de problemas de personalidad. Y proponen que curando el comportamiento en juego, la personalidad recupera su salud. Las técnicas empleadas son muy variadas, desde el sistema relativamente rudimentario de “recompensas y castigos”, que aplican los terapeutas conductistas, hasta la manipulación más sutil de la percepción que el paciente tiene de sí mismo y de su asociación con el mundo exterior. Estas terapias ofrecen una manera de tratar problemas específicos y tienen la ventaja de ofrecer un progreso palpable en un periodo de tiempo razonablemente corto.

El conductismo es el intento de explicar la psicología humana a través de estudios sobre el comportamiento animal. Las ideas en las que se basa la terapia conductista proceden de los trabajos de Ivan Pávlov, fisiólogo ruso y ganador del premio Nobel de medicina en 1904. Durante su trabajo con perros, Pávlov descubrió que podía inducir la salivación en el animal al hacer sonar una campanilla inmediatamente antes de proporcionarle alimentos. Al final, el simple sonido de la campanilla bastaba para provocar la salivación, sin necesidad de que tal estímulo fuera acompañado de una recompensa en forma de comida. Pávlov denominó a esta respuesta “reflejo condicionado”: el comportamiento del perro había sido condicionado por el aprendizaje y la experiencia.

En los años siguientes, otros investigadores, entre los que destacaron los norteamericanos John B. Watson y B. F. Skinner, comenzaron a aplicar estos hallazgos al estudio de la conducta humana. Estos investigadores no veían motivo alguno por el cual aquello que se aplicaba a los animales no hubiera de tener un efecto parecido en las personas, afirmando que si nuestro comportamiento era producto del aprendizaje y del ambiente, también estos podían ser modificados mediante cambios en el comportamiento.

La popularidad del conductismo coincidió con el crecimiento de la industria publicitaria, con sus requerimientos para controlar y manipular las preferencias de los consumidores por determinados productos. Watson abandonaría sus estudios académicos para convertirse en un directivo de publicidad.

Refuerzo positivo

Los terapeutas conductistas creen que un comportamiento inadaptado y las actitudes negativas repercuten en el entorno, agravando y reforzando los estímulos iniciales que causaron los problemas. Pero, si nosotros cambiamos nuestra conducta para mejor, también mejorará nuestro entorno, poniendo en marcha una espiral continua de refuerzo positivo y perfeccionamiento de la conducta.

Los terapeutas no ven motivos para buscar en el pasado el origen de la formación de un patrón de conducta determinado, aunque los recuerdos, los sueños y las fantasías pueden ser parte de la autoimagen del paciente que necesita ser modificada. El objetivo de esta terapia es simplemente corregir los patrones de conducta y las percepciones indeseables y estimular la formación de comportamientos y actitudes bien adaptadas y productivas.

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Al igual que en otros tipos de terapia, las técnicas utilizadas dependen de la experiencia y las preferencias personales del especialista, así como de la naturaleza del problema a tratar. Sin embargo, las técnicas básicas empleadas son muy similares.

La terapia comienza con una valoración exhaustiva de la personalidad –empleando un método conocido como “test básico de la personalidad” (los patrones de conducta y hábitos pueden observarse en público)-, el “afecto” (término psicológico para los sentimientos, estados de ánimo y emociones), la “sensación” (la manera de experimentar el mundo a través de los sentidos, incluidos los dolores y otras sensaciones placenteras o no placenteras), la “autoimagen” (la percepción que tiene uno de su personalidad), la “cognición” (su concepción del mundo e idea), las “relaciones interpersonales” (cómo se relaciona con las otras personas) y los “fármacos y biología” (qué medicación o fármacos puede estar tomando, estado de salud y cualquier inquietud que pueda tener acerca de ello).

Una vez realizada esta valoración, el terapeuta le ayudará a identificar las cuestiones que necesitan ser atendidas y le propondrá formas de enfrentarse a ellas, fijando objetivos específicos y no generales. Por ejemplo, para tratar problemas de relaciones familiares, le sugerirá centrase en la situación específica donde aparecen los conflictos. El terapeuta le ayudará a analizar cómo su propia actitud y comportamiento pueden agravar el problema y le enseñará cómo enfocarlo de una forma diferente y positiva.

Puede que le solicite que interprete la situación y que adapte su comportamiento a las alternativas que éste le haya sugerido. Es posible que le pida aplicar en casa lo aprendido y que le mande “deberes”. Puede que le pida negociar un tipo de contrato en el que usted acuerde cumplir ciertos objetivos en su vida cotidiana y que anote la manera como lo hace. Puede que le anime a adoptar un modelo en el cual será recompensado por sus éxitos e incluso que le aplique alguna forma de castigo o le prive de ciertos incentivos.

Otras técnicas que pueden emplear los terapeutas de conducta incluyen la insensibilización y la terapia por aversión. La insensibilización es una forma efectiva de tratar las fobias y otros miedos irracionales. El paciente es relajado y de forma paulatina expuesto al estímulo que le provoca su miedo, si es preciso aumentando el tiempo de exposición de forma progresiva.

Habitualmente, el proceso de familiarización comienza con un ejercicio de visualización que se pone gradualmente en práctica en la vida real. La técnica puede emplearse para tratar el miedo a volar, a las alturas, a los ascensores o al dentista.

La terapia de aversión es un método para desalentarle frente a los hábitos placenteros pero destructivos, asociándolos con experiencias desagradables. Por ejemplo, una forma de terapia de aversión empleada en el tratamiento del alcoholismo es la utilización de fármacos que causan sensaciones inmediatas de náuseas al ingerir alcohol.

La terapia conductista puede realizarse en grupo o individualmente, o puede aplicarse en un contexto de asesoramiento familiar o matrimonial (incluido el sexual). Además de su efectividad en el tratamiento de las fobias, la depresión, los trastornos obsesivos-compulsivos y los trastornos relacionados con el estrés, la terapia conductista también se utiliza con frecuencia en un contexto educativo y como tratamiento de niños con trastornos de conducta.

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