Historia del Dr. Edward Bach
Edward Bach fue el médico galés que descubrió el sistema de remedios florales que lleva su nombre. Cuando murió en 1936, su sistema ya estaba completo.
Nace 1886 en Moseley (Birmingham), Inglaterra.
En 1902, con sólo 16 años, trabaja en la fábrica de su padre, una fundición de latón.
En 1906, inicia sus estudios de medicina, ingresando en la falcultad de Medicina de Birmingham.
Se gradúa en 1912 en el Hospital Escuela de la Universidad de Londres.
Ese mismo año monta su consultorio privado en Harley Street. Buscando, en parte, una salida de los caminos trillados. Empezó a trabajar en el Hospital Escuela de la Universidad de Londres, como Bacteriólogo asistente.
Su primer resultado no se hizo esperar mucho, rápidamente descubrió que ciertos gérmenes presentes en el intestino, pero que hasta la fecha eran considerados sin mayor importancia, tenían, a causa de las toxinas que generan, una estrecha relación con las enfermedades crónicas rebeldes a cualquier tratamiento.
Preparó una vacuna a partir de esas bacterias para desembarazarlas. Los éxitos terapéuticos superaron las esperanzas del propio Dr. Bach, observando que la vacuna inyectada directamente en la sangre, producía una rápida y espectacular mejora en los enfermos (que volvían a encontrar una forma olvidada desde hacía largo tiempo), tales como trastornos crónicos de Artritis, Reúma, Dolores de cabeza, etc.
Pero las inyecciones iban acompañadas de dolorosas reacciones secundarias, y al Dr. Bach le repugnaba infringir un tratamiento penoso. Se dio cuenta, de que no era necesario renovar la vacuna antes de que terminara el efecto de la última inyección. La inutilidad de repetir un remedio mientras persiste la mejoría que ha producido, es un principio de la posología homeopática establecida por Hahnemann. El Dr. Bach estaba por aquella época aislado del contexto homeopático, aunque descubriera dicha ley por sí mismo.
A finales de 1918, un hecho imprevisto iba a orientarle hacia su verdadero camino. La dirección del Hospital había decidido prohibir a sus médicos el ejercicio con clientela privada, no dudándolo un momento, optó por su consulta, y abandonó el Hospital.
Poco tiempo después, quedó una vacante en el London Homeopathic Hospital, que solicitó y le fué designada. Poco después de su entrada, le dieron el Organon del Médico Alemán Samuel Hahnemann (1755 - 1843) para que lo leyese, pasándose la noche leyéndolo, cautivado por la semejanza entre sus propias investigaciones y las ideas expuestas por Hahnemann un siglo antes.
La relación entre las toxinas intestinales y ciertas enfermedades crónicas, por ejemplo, estaba en la base de la noción de psora formulada por Hahnemann.
En 1920 empieza publicando los resultados de sus investigaciones en las actas de la Real Sociedad de Medicina. Rápidamente simpatiza con la Medicina Homeopática, la cual muchos años antes ya había relacionado las enfermedades crónicas, con la toxemia intestinal, tal como cuenta en su libro "Organon de la Medicina", donde éste sienta las bases de la Medicina Homeopática.
El Dr. Edward Bach decide preparar sus vacunas con técnicas Homeopáticas, presentando las siete vacunas (nosodes) , que obraron maravillas en casos crónicos rebeldes hasta entonces, y que fueron de gran aceptación tanto en el ámbito Homeopático como en el Alopático.
Las siete vacunas Homeopáticas obtenidas de gérmenes intestinales presentadas fueron:
1.- Proteus
2.- Disentery
3.- Morgan
4.- Faecalis Alkaligens
5.- Coli Mutabile
6.- Gaertner
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Ahora bien, la Homeopatía funda la indicación de sus remedios en el psiquismo del enfermo, su carácter y su tipo. En el entusiasmo del descubrimiento, el propio Dr. Bach se aplicó a evidenciar las características mentales propias de cada uno de los siete nosodes, ésto es, las de los enfermos en los que, según el análisis del laboratorio, se advertía el predominio de tal o cual grupo de bacterias.
Pasando a la aplicación, el Dr. Bach deducía el comportamiento del enfermo y de los rasgos de su carácter, su pertenencia a uno de los siete grupos de bacterias, y el nosode correspondiente lo mejoraba.
El uso de los nosodes del Dr. Bach, se extendió ampliamente por todo el Reino Unido, donde todavía se utilizan, así como en los Estados Unidos y Alemania.
El Dr. Bach, estaba pues convencido de que un médico ha de elegir el remedio o los remedios, con arreglo a las características propias del enfermo, y no únicamente de acuerdo con la naturaleza del mal.
El predominio del psiquismo sobre las demás características del enfermo cuando hay que elegir un Remedio, maduraba en su mente. No ignoraba que los siete nosodes que había preparado, no trataban todas las enfermedades crónicas, sino tan sólo las que Hahnemann había clasificado en el grupo psórico.
En su búsqueda de nuevas fórmulas, un sueño le obsesionaba, la preparación de los mismos sin tener que recurrir a sustancias tóxicas y obtenerlos del reino vegetal.
Pero la búsqueda de fórmulas vegetales, tropezaban con una dificultad que el Dr. Bach no resolvería sino unos años más tarde, ya que las fórmulas preparadas a partir de bacterias, tenían polaridad negativa, viendo en ello la causa de su eficacia terapéutica, mientras que la fórmula vegetal que había intentado preparar como simillimum, tenía polaridad positiva.
Presenta en 1924 en el Congreso Homeopático Británico, sus trabajosos sobre "Toxemia intestinal y su relación con el cáncer ".
En el 1928, el Dr. Bach tuvo el deseo repentino de trasladarse al Pais de Gales, la tierra de sus antepasados.
Comienza a investigar, observando la flor malva pálido de la Impaciencia (en Latín Impatiens Glandulifera, y en Inglés Impatiens), la flor dorada del Mínulo (en Latín Mimulus Guttatus, y en Inglés Mímulus), y la de Clemátide (en Latín Clematis Vitalba, y en Inglés Clematis. Tuvo la idea de preparar fórmulas siguiendo el mismo método que el de los nosodes, y administrarlos a pacientes cuyo psiquismo armonizase con el de aquellas plantas, en las que vislumbraba la signatura de “la Impaciencia y la irritabilidad” para la Impaciencia, del “temor o la timidez” para el Mímulo, y de “ideales soñadores” para la Clemátide. Era primavera, el Dr. Bach se convenció rápidamente de que sólo hallaría aquellas plantas cuando el verano reinara de pleno sobre la naturaleza, y las flores, siendo ésta la única parte que pensaba utilizar, hubieran concentrado bajo el efecto de los rayos solares, toda la energía de la planta, su vida íntima, en una quintaesencia que contiene todas sus virtudes, antes de dar origen al grano, receptáculo de la fórmula completa de la planta.
Paseando al amanecer entre los campos, un buen día su atención fué atraída por el fenómeno del rocío, en un instante de iluminación, comprendió que en cada una de las gotas de rocío que cubren a la flor se infunde la virtud de la planta, deduciendo que el sol, por el calor que produce en la pequeña masa de agua, extrae, al nivel de concentración de los principios activos que la flor es, la subtancia activa de la planta fijada en el fluido del rocío.
Esta convergencia no ha de sorprendernos, pues el Dr. Bach había alcanzado el punto en que el buscador ha encontrado el sendero, estableciendo su propio plan. Recogería sumidades floridas, las colocaría en un tazón de agua de manantial, que dejaria expuesto a los rayos solares durante varias horas en los mismos lugares de recolección; así las energías sutiles presentes en la flor, serían liberadas por el sol y pasarían al agua.
Las flores en efecto, se marchitaban, lo cual mostraba la realidad de la transferencia. Para estabilizar esta especie de “infusión”, el Dr. Bach añadió un volumen de alcohol, preferentemente aguardiente de uva, mas bien que alcohol rectificado, menos natural.
El Dr. Bach adquirió la certeza de la decisiva acción del sol, pues las gotas de rocío recogidas en un lugar donde la sombra se había extendido rápidamente, no contenían los principios activos de la planta.
Durante los últimos años pasados en Londres, y todavía unos después de su llegada al País de Gales, la intuición y facultades extrasensoriares del Dr. Bach se habían desarrollado de manera espectacular. Percibía directamente la acción general de una planta sin ayuda de ningún análisis químico; le bastaba sostener una flor en la mano, o tenerla unos instantes en la lengua, para sentir el efecto producido por la planta en el organismo.
En cuanto tenía contacto con unos cuantos pétalos, el Dr. Bach sabía si la planta estaba, en cierto modo en equilibrio, y qué, en consecuencia, podia reparar.
El Dr. Bach comenzó por hacer una especie de inventario de los estados de ánimo negativos en el ser humano, para buscar a continuación las flores que les corresponderían.
En el verano de 1930, tenía todo el tiempo disponible para precisar una tipología apropiada: observando, por ejemplo, a los veraneantes en la playa. Naturalmente aquellos veraneantes en la playa no eran precisamente enfermos, y precisamente una de las originalidades de su método, es haber clasificado, entre las indicaciones de un remedio, los elementos positivos de un carácter y de la personalidad que en una persona pueden coexistir con aspectos patológicos.
El Dr. Bach enumeró todos los estados de ánimo negativos, considerándolos en sí mismos, independientemente de cualquier otro factor, como la constitución, la edad, etc. Luego de ellos, enumeró doce principales:
- El miedo.
- El pánico.
- La tortura mental o la ansiedad.
- La indecisión.
- La indiferencia o el tedio.
- La duda o el desánimo.
- La preocupación excesiva.
- La debilidad.
- La desconfianza en uno mismo.
- La impaciencia.
- El entusiasmo excesivo.
- El orgullo o la reserva excesiva.
En septiembre de 1928, el Dr. Bach trabajaba con tres flores, la Impaciencia, el Mímulo y la Clemátide, en pacientes cuyos rasgos psicológicos coincidían. Con la Clemátide había hecho recobrar el conocimiento rápidamente a personas que se habían desmayado con la simple aplicación de unas gotas en los labios, detrás de los oídos, alrededor de las muñecas o en las palmas de las manos.
Ahora quería hallar las otras nueve plantas, para completar la serie de los doce principales estados de ánimos negativos.
Su búsqueda minuciosa entre las flores de los campos, entremezclada con la experimentación en los enfermos en los que prodigaba sus cuidados con mucho éxito, había de durar hasta el verano de 1932. En esta etapa, el propio Dr. Bach había denominado a las doce plantas, "Los Doce Curadores".
En 1933 con el principio de la primavera, prosiguió sus búsquedas para hallar, esta vez, remedios adecuados a estados de ánimo más rebeldes, por ser más antiguos y estar profundamente arraigados en el psiquismo. A finales del verano de 1934, y tras seis años de búsqueda, ya había reunido diecinueve Elixires Florales, pero estimaba que algunas disposiciones del ánimo, no tenían un lugar preciso en aquella serie.
Al principio de la primavera de 1935, el Dr. Bach iba a emprender sus investigaciones una vez más, pero de modo diferente.
Para cada uno de los Elixires Florales de la primera serie, había procedido, a partir de la definición de una disposición de ánimo establecida como observador, realizando inventario de las plantas que ya conocía o que había descubierto, pero discernía por intuición, el vínculo de tales plantas con aquella disposición de ánimo.
Pero para cada uno de los diecinueve Elixires Florales de la segunda serie, el propio Dr. Bach se encontró espontáneamente, sin haberlo buscado ni premeditado, en la disposición de ánimo equivalente al elixir o remedio que iba a descubrir.
Así, un buen día de marzo de 1935, el Dr. Bach fue víctima de una fuerte inflamación de los senos frontales, y experimentó un dolor insoportable en los pólulos, sufiendo al mismo tiempo de una gran cefalea tenaz y tan intensa que apenas veía. Comprendió que aquella cruel prueba que estaba viviendo, lo encaminaría a un nuevo elixir o remedio… por la mañana temprano, sale caminando a través de los campos, y a la vuelta de un recodo observa de pronto un seto adornado de las flores blancas de Prunus Cerasífera (Cerasifera), que florece muy pronto en primavera, tomando unas cuantas ramas floridas y llevándoselas a su casa, siendo el método de infusión solar impracticable, ya que el sol aún no tiene bastante fuerza para ello.
El Dr. Bach decide poner las flores al fuego, dejándolas a fuego lento durante una hora, retirándolas transcurrido ese tiempo, y permitiendo que la decocción se enfríe naturalmente. Una vez enfriada, la filtra y absorve algunas gotas. Casi instántaneamente cesa su tortura mental, el dolor físico también desaparece. Comprueba en sí mismo, que a la mañana siguiente está totalmente curado.
El Dr. Bach acababa de administrarse Prunus Cerasifera (Cerasifera), el remedio de los estados en que el enfermo, por desespero, está a punto de cometer un acto irreparable contra sí mismo, de matarse o simplemente de perder el juicio.
Desde la primavera de 1935, y hasta finales del verano, el Dr. Bach iba a vivir diecinueve veces seguidas esta situación: un sufrimiento poco común durante unos cuantos días, hasta encontrar su remedio.
En cinco años, pues, se habían constituido una serie de treinta y ocho remedios o elixires florales: de hecho, el Dr. Bach había probado muchos más, centenares de especies, pero de ellas no retuvo sino treinta y ocho, que para él representaban la gama completa de los temperamentos psíquicos humanos : desde el odio y la dureza del Ilex Aquifolium (Acebo), hasta la suave arrogancia de la Hottonia Palustris (Violeta de agua), desde la voluntad dictatorial de la Vitis Vinifera (Vid), hasta la debilidad y sumisión de la Centaurium Umbellatum (Centaura).
Si bien algunas de las plantas que había seleccionado parecían no haber sido nunca, al menos que él supiese, objeto de ningún uso medicial, otras, en cambio, habían sido utilizadas en épocas antiguas, pero el conocimiento de sus virtudes se había perdido; otras seguían figurando en la farmacopea moderna, pero su verdadero poder psíquico ya no se reconocía aunque su nombre, a veces, pudiera dar prueba de un antiguo conocimiento de ese poder, como ocurre con la Impatiens Glandufífera (Impaciencia).
Además, lo que servía de base a su preparación en farmacia clásica era la planta entera, o bien la raíz o las hojas, mientras que el Dr. Bach utilizaba sólo las flores.
Desde el comienzo de su carrera de Medicina, el Dr. Bach se sintió muy decepcionado por la limitación de las terapias clásicas, y no compartía el proceder de los médicos, que se matenían demasiado ocupados en considerar la enfermedad misma en lugar de interesarse por el ser humano que se ocultaba detrás de cada enfermedad.
Los Elixires Florales del Dr. Bach, no eximen de recurrir a tratamientos quirúrgicos cuando éstos se imponen, y pueden superponerse a tratamientos médicos clásicos, sin obstaculizar la acción de éstos, y sin que éstos impidan la suya.
La terapia de los Elixires, Esencias o Remedios Florales del Dr. Edward Bach, puden emplearse en todo tipo de personas, animales y plantas. No tienen ningún tipo de contraindicación, son simplemente esencias que poseen propiedades sutiles, que van más allá de su campo primario de acción (los estados fisiológicos de las personas).
Son preparados líquidos de plantas (menos una) ponteciados, que transmiten un sello único, el patrón etérico de una flor específica, interviniendo en su preparación a través de un proceso rítmico que hace aumentar las propiedades vivas de todo remedio vegetal, tomando en consideración especial los factores universales y medioambientales que influyen en la planta en su periodo de floración.
Sistema filosófico y terapéutico
"La enfermedad es, por esencia, el fruto del conflicto entre el Alma y la Mente". El Dr. Edward Bach presentó esta frase en su publicación en 1930, del libro titulado "Heal Thyself", señalando una etapa en su carrera como investigador, siendo conocido en el mundo médico como un gran Bacteriólogo.
La concepción filosófica de Bach es una concepción universal del alma. Todos estamos inmersos en una fuerza vital: Dios, Universo, naturaleza superior, fuerza creadora, principio universal de la vida, que nos rodea, nos pertenece y nos constituye.
Hay dos elementos en cada uno de nosotros, dice Bach, el Alma, que es nuestra esencia, nuestro núcleo inmortal por ser parte de esa energía universal; y nuestra personalidad, que es temporal y material. Ambas tienen que estar en armonía.
Esta es una concepción holística del ser humano, que no es más que una parte dentro de un Todo más amplio.
Si la personalidad se sintoniza con el alma, va a acercarse a las cualidades arquetípicas del ser humano, vinculándose con el ser superior. Si se produce una colisión con esa armonía, se rompe esa corriente energética positiva, y aparecen los opuestos: ignorancia, inseguridad, malestar, infelicidad, desequilibrio, soberbia, odio, crueldad, etc., es decir, los aspectos negativos del ser humano, y así se origina la enfermedad que tarde o temprano se manifestará en el cuerpo.
Según Bach, la enfermedad nunca va a poder desalojarse con los actuales métodos materialistas, ya que no es material en su origen. Hasta que no se llegue al verdadero motivo de la enfermedad, las curas serán sólo pasajeras. La focalización sobre el cuerpo da sólo resultados superficiales, pudiendo la enfermedad reaparecer en cualquier momento.
La acción de los remedios florales
Las Flores de Bach son medicamentos energéticos, y no dependen de la cantidad de remedio tomado, sino de la frecuencia con la cual es tomada.
Ellos impregnan lentamente nuestros cuerpos sutiles, ayudando a mejorar la auto-observación, pudiendo así descubrir nuestros estados emocionales nocivos para la salud.
Su objetivo es el de elevar nuestras vibraciones y abrir nuestros canales para la percepción de nuestro Ser Espiritual, nuestra naturaleza con la virtud arquetípica que necesitamos, y hacer desaparecer en nosotros los defectos o fallas que nos dañan y causan dolor.
Para curarse no basta con la acción de terceros, sino la autoayuda que permite erradicar la imperfección y aprender la lección.
La curación debe venir de nosotros mismos por la vía de reconocer y corregir lo que no se encuentra en armonía, que es lo que produce los síntomas.
El origen de las siete enfermedades es proveniente de siete defectos del hombre:
1º : orgullo
2º : crueldad
3º : odio
4º : egoísmo
5° : ignorancia
6º : inestabilidad mental
7º : codicia, gula
Son siete los caminos del equilibrio (libertad):
1º : paz
2º : esperanza
3º : alegría
4º : fe
5º : certeza
6º : sabiduría
7º : amor
Su concepto de salud es: Armonía, integración, individualidad e integridad. Lo importante es ser libre, sacar muchas cosas hacia fuera y satisfacer los deseos de nuestra alma.
las flores y su uso específico
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