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TENGO DERECHO A LOS MILAGROS

 

Libera Tu Ser - Un Curso de Milagros - Reflexiones: "TENGO DERECHO A LOS MILAGROS"


 

Anna Horno

«Tengo derecho a los Milagros» (Lección 77)…

O lo que es lo mismo: tengo derecho al Amor, tengo derecho a ser feliz. Un milagro es una expresión de Amor, el reconocimiento de la Verdad. El milagro sucede como resultado de haber liberado tu mente del miedo y los resentimientos que ocultan tu naturaleza amorosa. Los milagros sólo existen debido a la necesidad de corrección en tu mente, y cesarán cuando el tiempo deje de ser útil como recurso de aprendizaje para devolver gradualmente tu mente a la realidad indivisa. El Espíritu Santo Es el conductor de los milagros, el perdón el instrumento.

Tienes derecho a los milagros, es un derecho que Dios estableció por ti, para ti. Dios estableció tu valía y santidad, los milagros son una prueba de ello. Los milagros te liberan del mundo que tú has fabricado. No te escudes en una falsa humildad, acepta hoy tu responsabilidad y reconoce cuán equivocado estabas respecto a todo.

No le confieras al milagro un carácter mágico, un poder para cambiar las circunstancias externas. El milagro no es más que un cambio de percepción motivado por la corrección en la mente, y que resulta naturalmente de la práctica del perdón.

Abandona todo deseo de cambiar el mundo, porque el mundo va a seguir siendo el que es, y tus circunstancias, probablemente van a continuar siendo las que son. Poco puedes hacer para que resulte diferente, ni hay necesidad de ello.

Un Curso de Milagros me recuerda que «el guión ya está escrito», lo escribiste tú mismo previo a la ilusión de tu nacimiento. Ello implica que puedes mantener la fantasía de una libertad de la que en verdad no gozas. Estás en tu derecho de continuar pensando que tienes el poder de tomar decisiones que afectan a tus circunstancias; puedes continuar creyendo que el guión de tu vida lo escribes tú día tras día. Sí, es una idea que reconforta, que al ego le hace sentir poderoso, pero que poco tiene que ver con la realidad de este mundo:

«El milagro substituye a un aprendizaje que podría haber durado miles de años. Lo hace en virtud del reconocimiento implícito de la perfecta igualdad que existe entre el que da y el que recibe en la que se basa el milagro. El milagro acorta el tiempo al producir su colapso, eliminando de esta manera ciertos intervalos dentro del mismo. Hace esto, no obstante, dentro de la secuencia temporal más amplia» (T-1.II.6: 7-10).

Eso es todo. El colapso del tiempo nos ahorra precisamente tiempo, o lo que es lo mismo, vidas, o determinadas escenas dentro de una vida, pero nada más. Las circunstancias en general no tienen por qué cambiar en absoluto. Incluso es posible que el milagro efectivamente propicie que nuestra vida sea diferente, pero también es probable que ni tan siquiera seamos conscientes de ello. Pongamos un ejemplo:

Imagina que estás experimentando una vida de pobreza. Imagina que fruto de esa percepción de carencia, decides convertirte en atracador, y terminas matando a alguien. La justicia te sigue los pasos hasta que finalmente te atrapa y te encarcelan. Alguien que practica habitualmente el perdón, en lugar de dar validez a las aparentes circunstancias, se encontraría entregando su percepción errada al Espíritu Santo; ya no sentiría la necesidad apremiante de matar para robar, sino que entendería que su percepción debe ser sanada. De este modo, la justicia no le perseguiría y su encarcelamiento no tendría lugar. Las dos opciones estaban ya «escritas», y su decisión le conduce hacia una u otra experiencia. Como ves, las circunstancias efectivamente fueron distintas, sólo que tú no tienes conciencia de ello. Ambas experiencias son válidas, no hay ninguna que sea mejor ni peor, puesto que en ambos casos, obtendríamos un sinfín de oportunidades de perdón, que es en definitiva lo que nos ocupa.

Los milagros no nos aseguran nada en el mundo, ni es su propósito. Los milagros sólo garantizan un cambio de percepción, motivado por la transformación en nuestra mente, eso es todo. Dicha transformación implica que donde antes percibimos ataque, ahora somos conscientes de nuestra necesidad de corrección. No atacamos, no nos defendemos reaccionando con ira o desaprobación o cualquiera otra emoción en la línea del miedo y derivada del juicio del ego. Nos limitamos a entregar nuestra experiencia, y observamos cómo la paz y el Amor restauran la cordura a nuestra mente… éste es el verdadero milagro.

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