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SOBRE LA MUERTE DE NUESTROS SERES QUERIDOS

 

Libera Tu Ser - Kenneth Wapnick "Sobre la muerte de nuestros seres queridos"



 

Publicado por la Foundation For a Course in Miracles, escrito por Kenneth Wapnick y traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

Pregunta n° 15: Me hace falta cambiar de ideas sobre la muerte. Varios de mis seres queridos acaban de “abandonar sus cuerpos suavemente”, pero lo que yo saco de esto es pena. La pena no es amor y por lo tanto no existe. ¿Correcto? ¿Tengo que haberla fabricado yo? ¿Puedes articularme una respuesta general, basada en varios pasajes del Curso, que incluya las teorías del Curso de manera que yo pueda aplicarlas a esta experiencia de estar de duelo en el mundo de la ilusión? ¿Qué tal reprimir y negar esta experiencia?

Respuesta: El Curso nunca nos pide reprimir ni negar lo que estamos experimentando, sea pena, ira, dolor, miedo o cualquier otra reacción basada en el ego. Pero antes de que podamos cambiar de ideas sobre nuestros sentimientos, primero necesitamos entender a qué objetivo sirven y porqué hemos elegido experimentarlos. El sentimiento de duelo refuerza la afirmación del ego de que las pérdidas y la muerte son reales y que podemos estar y estamos privados de amor. Nuestra experiencia dice a gritos que Jesús se equivoca, que se nos ha hecho daño, se nos ha abandonado y se nos ha dejado solos. No se nos pide negar que esta es nuestra experiencia. Pero eso no la hace verdadera.

En una descripción muy gráfica del mundo, Jesús dice: “El mundo que ves es el sistema ilusorio de aquellos a quienes la culpabilidad ha enloquecido. Pues este mundo es el símbolo del castigo, y todas las leyes que parecen regirlo son las leyes de la muerte. Los niños vienen al mundo con dolor y a través del dolor. Su crecimiento va acompañado de sufrimiento y muy pronto aprenden lo que son las penas, la separación y la muerte. Sus mentes parecen estar atrapadas en sus cerebros, y sus fuerzas parecen decaer cuando sus cuerpos se lastiman. Parecen amar, sin embargo, abandonan y son abandonados. Parecen perder aquello que aman, la cual es quizá la más descabellada de todas las creencias. Y sus cuerpos se marchitan, exhalan el último suspiro, se les da sepultura y dejan de existir. Ni uno solo de ellos ha podido dejar de creer que Dios es cruel” (T.13.in.2:2,4,5,6,7,8,9,10,11). Y esto es lo que todos creemos. ¿No sería mejor que estuviésemos equivocados?

Jesús nos recuerda que su vida, que acabó en una muerte aparente, tuvo como objeto “El Príncipe de la paz nació para re-establecer la condición del amor, enseñando que la comunicación continúa sin interrupción aunque el cuerpo sea destruido, siempre y cuando no veas al cuerpo como el medio indispensable para la comunicación” (T.15.XI.7:2). Pero aún vemos al cuerpo como necesario para la comunicación y creemos que la comunicación real se acaba con la muerte del cuerpo, porque aún queremos vernos a nosotros mismos como un cuerpo. El cuerpo afirma nuestra existencia independiente y sus aparentes experiencias de pérdidas y dolor parece que no reflejan simplemente una elección de nuestras mentes. El ego no quiere que nos acordemos de que el origen de toda nuestra pena está en la creencia de que nosotros mismos abandonamos al amor y nos exiliamos del Cielo. Gracias a la proyección como mecanismo de defensa del ego, en lugar de esto parece como si éstas fuesen cosas que nos suceden contra nuestra voluntad, como si no fuésemos responsables de cómo nos sentimos. Así que tenemos que empezar por reconocer que éstos son nuestros sentimientos, pero luego tenemos también que estar dispuestos a cuestionar si nuestra interpretación del mundo y de los acontecimientos de nuestras vidas es correcta.

Cambiar para salir de nuestro dolor y nuestra pena es un proceso gradual porque tememos lo ilimitado del amor, en el que nuestras vidas individuales, nuestros yos personales con personalidades únicas, no tienen ningún sentido. Y así, con suavidad, Jesús nos recuerda a la vez el resultado final y el proceso: “Las pérdidas no son pérdidas cuando se perciben correctamente. El dolor es imposible. No hay pesar que tenga causa alguna. Y cualquier clase de sufrimiento no es más que un sueño. Ésta es la verdad que al principio sólo se dice de boca, y luego, después de repetirse muchas veces, se acepta en parte como cierta, pero con muchas reservas. Más tarde se considera seriamente cada vez más y finalmente se acepta como la verdad” (Lección 284.1:1,2,3,4,5,6).

Estas palabras no son para usarse simplemente como un “mantra sagrado” que proclama lo que es verdadero para ahogar la interpretación del ego y los sentimientos de pérdida y pena que la acompañan. En el proceso de cambio de ideas está implícita la tarea, necesaria pero a veces inquietante, de mirar a lo que aún queremos creer, y reconocer a la vez su objetivo – mantener vivas a la separación y a la culpa – y su coste – el sufrimiento y el dolor. Se desarrolla la motivación para pedir ayuda a un Maestro distinto desde un reconocimiento creciente de lo que nos infligimos a nosotros mismos cuando aceptamos al ego como maestro. Con esa ayuda podemos empezar a ver las pérdidas de nuestras vidas bajo otra luz, dándonos cuenta de que tenemos elección en cuanto a lo que experimentamos y de que no somos las víctimas de circunstancias más allá de nuestro control.

Pregunta n° 112: Recientemente he experimentado la pérdida de la segunda de mis dos queridas mascotas. Me vi intentando utilizar Un Curso de Milagros para “salvarlo” antes de su muerte. No quería abandonarlo y me enfadé mucho cuando nada de lo que intenté funcionó. En particular, estaba leyendo la lección 320 del Libro de Ejercicios: “Mi Padre me da todo el poder”. Entiendo que tal vez estoy confundiendo niveles, pero me pregunto si alguien me puede explicar esto para añadir comprensión sobre dónde está mi error. ¿Cómo puedo usar el Curso para caminar a través de este proceso de duelo? El dolor es tan intenso; no sé cómo pedir ayuda.

Respuesta: Es perfectamente comprensible que, en tu deseo de mantener a tu querida mascota dentro de tu vida, intentases utilizar para salvarlo todos los medios que ves disponibles. Y salvo que uno lea la Lección 320 en el contexto del Curso completo, es muy fácil verla como si dijera que uno debería tener poder de, entre otras cosas, salvar la vida de sus mascotas. Pero no es ése el significado de esta lección. Como tantas otras palabras de Un Curso de Milagros, poder tiene un sentido específico distinto de lo que pensamos del poder desde nuestra perspectiva basada en el ego. Para el ego el poder se refiere a la capacidad de cambiar y controlar las cosas del mundo. Pero como el mundo, desde el punto de vista de Jesús, si es que aún no del nuestro, es ilusorio, entonces éste no es un poder real en absoluto.

El Curso dice que en realidad sólo hay dos clases de poder: el poder de crear y el poder de elegir o decidir. El poder de crear, que implica sencillamente la extensión del amor que es nuestra única realidad, nos fue dado por Dios al crearnos y sigue dentro de nuestra mente aunque lo hayamos ocultado y nos hayamos olvidado de él. Pero este poder funciona sólo en el ámbito del espíritu y no tiene nada que ver con el mundo del ego, lleno de cuerpos y formas que nos creemos que son nuestra realidad.

 

“Él te enseñará cómo usar en tu favor tu poder de decisión, que tú concebiste para sustituir tu poder creador” (T.14.VI.5:6) – el poder de apartarnos del amor de Dios y elegir al ego en todas sus muchas expresiones como maestro y guía. Pero ya que hemos hecho real para nosotros este poder de decidir, Jesús nos dice que podemos darle otra finalidad: “Tú que concebiste el poder de decisión para crucificarte a ti mismo, tienes que aprender del Espíritu Santo cómo utilizarlo en beneficio de la santa causa de la restauración” (T.14.VI.5:6.7) – podemos aprender a elegir al Espíritu Santo en lugar del ego como Maestro y Guía, ayudándonos a despertar del horrible sueño de muerte y pérdida y penas que hemos hecho realidad para nosotros. Pues una vez que creemos estar atrapados dentro del mundo, el poder de elegir cómo miramos a lo que hemos hecho, es el único poder real que tenemos disponible: “El poder de decisión es la única libertad que te queda como prisionero de este mundo. Puedes decidir ver el mundo correctamente” (T.12.VII.9:1.2). Todos los llamados poderes del mundo sencillamente nos mantienen arraigados en la ilusión, reforzando continuamente nuestra creencia en limitaciones y pérdidas, reflejando nuestra opción por el ego y todas sus ramificaciones.

Así cuando la lección 320 dice: “Tu voluntad puede hacer cualquier cosa en mí y luego extenderse a todo el mundo a través de mí” (Lección 320.2:1), quiere decir que cuando elegimos al Espíritu Santo como Maestro, toda la culpa que experimentamos como resultado de nuestro elegir la separación, puede deshacerse por medio del perdón. Ese perdón puede entonces extenderse a través de nosotros a otras mentes que también creen estar atrapadas en un cuerpo en el mundo. En el contexto de tus queridas mascotas, esto significaría que tú reconocerías primero tu opción de hacer reales el sufrimiento y la muerte, y entonces llevarías esas ideas y la culpabilidad que las acompaña al Espíritu Santo para que las libere. Y en ese momento en que permites que tu mente sane, la paz dentro de ti se extenderá a los que te rodean, incluyendo a tus pequeños amigos, quienes pueden estar aún experimentando dolor y miedo en sus propias mentes. Y en ese momento sabrás que la separación no es real y que nada ni nadie, incluida la muerte, puede privarte del amor.

Para una consideración más extensa de cómo mira el Curso a la muerte y al estar de duelo, te podría interesar también mirar la Pregunta n° 15, del 13 de noviembre de 2002. Lo importante es permitirse a uno mismo suavidad en el proceso de estar de duelo.

Pregunta n° 949: Recientemente mi gata, a quien quería mucho, murió. Sé que los animales son una proyección de la mente colectiva igual que el yo con el que me identifico. Por tanto, entiendo que la mente de mi gata y la mía están unidas. Siento que mi gata intentó seguir viva más de lo que ella quería, sólo por mí, porque sentía que yo la quería de verdad. Aún ahora puedo sentir su presencia diciéndome que su transición fue en paz y que sabe que hice lo que pude por ayudarla. No hay nada en Un Curso de Milagros que invalide mi experiencia, ¿Verdad que no?

Respuesta: No, no hay nada en Un Curso de Milagros que invalide tu experiencia. El Curso nos dice y nos repite que las mentes están unidas, y quiere decir todas las mentes. No importa si aparecemos en este sueño como seres humanos o como animales, todos somos fragmentos de la misma mente única que se durmió y soñó con un mundo en el que parecemos estar separados los unos de los otros y de Dios.

Suena como que la conexión que sigues sintiendo con tu gata te proporciona mucho consuelo. Por si – como tantos dueños de mascotas – sientes la tentación de sentir culpa sobre su muerte, vamos a dar un vistazo rápido a este asunto. Porque las mascotas dependen de nosotros para su supervivencia, ser sus dueños nos coloca en un papel como el de Dios. Después de todo, no parece que necesiten a Dios; parece que nos necesitan a nosotros. Desgraciadamente, junto con el papel como de Dios que jugamos en las vidas de nuestras mascotas, viene una sensación agónica de que no damos la talla y los vamos a destruir – revelándonos como los asesinos que, en nuestro juicio sobre nosotros mismos, somos. Así las relaciones con las mascotas (igual que todas las relaciones) están generalmente cargadas de culpabilidad. Y efectivamente, suele llegar un punto en el que nos toca decidir cuándo y cómo morirán nuestras mascotas. Sería difícil imaginar un desencadenante de culpa ontológica más poderoso que éste. Pero esto también puede proporcionar una gran oportunidad para cambiar de ideas.

El Curso nos dice que el cuerpo “ni vive ni muere porque no puede contenerte a ti que eres vida” (T.6.V.A.1:4) y que “En el instante santo se satisface la condición del amor, pues las mentes se unen sin la interferencia del cuerpo, y allí donde hay comunicación hay paz” (T.15.XI.7: 1). Claramente, desde la perspectiva de Jesús (fuera de este mundo de sueños), el cuerpo no es nada. Para él, la existencia física es irrelevante para la expresión del amor entre mentes.

Así que, por mucho que suene a chifladura desde nuestra perspectiva, tu relación con tu gata no es ni más ni menos real ahora de lo que lo era cuando parecía estar presente físicamente. En ambos casos, no es más que un símbolo en tu mente. Y en ambos casos, si te coges de la mano del ego se vuelve un símbolo de la culpa, mientras que si te coges de la mano del Espíritu Santo se convierte en un símbolo del amor y del perdón.

Si tu gata se ha convertido en un recordatorio de que no tienes el poder de dañar a nadie y de que hay un amor en tu mente que permanece constante y sin que le afecten los acontecimientos externos, entonces eso es de mucha ayuda. Que te ayude a acordarte de que pase lo que pase entre los cuerpos, la canción del Cielo no va a perder ni una nota: “ocurrió hace tanto tiempo y por intervalo tan breve que no se perdió ni una sola nota del reino celestial” (T.26.V.5:4).

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