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SITUACIONES QUE SE REPITEN

 

Libera Tu Ser - Kenneth Wapnick "SITUACIONES QUE SE REPITEN"



Publicado por la Foundation For a Course in Miracles, escrito por Kenneth Wapnick y traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

Pregunta 508

Conforme a las enseñanzas de Un curso de milagros, ¿cómo sé cuál es la lección que tengo que aprender de una situación que se presenta cada vez más difícil, y vuelve una vez tras otra? ¿Es porque no he acertado a ver de qué se trata? ¿Sería mejor considerarla una lección para toda la vida y abandonar la esperanza de que no se repita?

RESPUESTA: Cualquier situación difícil que es recurrente en nuestras vidas es sencillamente una lección de perdón que aún tenemos que aceptar. ¿Y qué significa esto? Que hay una auto-acusación de culpabilidad que aún no estamos dispuestos a mirar, y tenemos que seguir proyectándola fuera de nosotros para que parezca que la causa de la culpabilidad y el dolor está fuera y no dentro. Esta proyección toma la forma de la relación concreta que parece traer malestar y dolor a nuestra vida. Pero en lugar de ver estas situaciones como algo a superar y, si hay suerte, evitar en el futuro, el Curso nos invita a considerarlas nuestra función especial, la forma específica en la que aprendemos que nuestro hermano está libre de culpa y que, por lo tanto, también nosotros somos inocentes:

Esta es la percepción benévola que el Espíritu Santo tiene del deseo de ser especial: valerse de lo que tú hiciste para sanar en vez de para hacer daño. A cada cual Él le asigna una función especial en la salvación que sólo él puede desempeñar, un papel exclusivamente para él. Y el plan no se habrá llevado a término hasta que cada cual descubra su función especial y desempeñe el papel que se le asignó para completarse a sí mismo en un mundo donde rige la incompleción.

Aquí, donde las leyes de Dios no rigen de forma perfecta, él todavía puede hacer una cosa perfectamente y llevar a cabo una elección perfecta. Y por este acto de lealtad especial hacia uno que percibe como diferente de sí mismo, se da cuenta de que el regalo se le otorgó a él mismo y, por lo tanto, de que ambos tienen que ser necesariamente uno. El perdón es la única función que tiene sentido en el tiempo. Es el medio del que el Espíritu Santo se vale para transformar el especialismo de modo que de pecado pase a ser salvación. El perdón es para todos. Mas sólo es completo cuando descansa sobre todos, y toda función que este mundo tenga se completa con él. Entonces el tiempo cesa. No obstante, mientras se esté en el tiempo, es mucho lo que todavía queda por hacer. Y cada uno tiene que hacer lo que se le asignó, pues todo el plan depende de su papel. Cada uno tiene un papel especial en el tiempo, pues eso fue lo que eligió, y, al elegirlo, hizo que fuese así para él. No se le negó su deseo, sino que se modificó la forma del mismo, de manera que redundase en beneficio de su hermano y de él, y se convirtiese de ese modo en un medio para salvar en vez de para llevar a la perdición.

La salvación no es más que un recordatorio de que este mundo no es tu hogar. No se te imponen sus leyes, ni sus valores son los tuyos. Y nada de lo que crees ver en él se encuentra realmente ahí. Esto se ve y se entiende a medida que cada cual desempeña su papel en el des-hacimiento del mundo, tal como desempeñó un papel en su fabricación. Cada cual dispone de los medios para ambas posibilidades, tal como siempre dispuso de ellos. Dios dispuso que el especialismo que Su Hijo eligió para hacerse daño a sí mismo fuese igualmente el medio para su salvación desde el preciso instante en que tomó esa decisión. Su pecado especial pasó a ser su gracia especial. Su odio especial se convirtió en su amor especial.

El Espíritu Santo necesita que desempeñes tu función especial, de modo que la Suya pueda consumarse. No pienses que no tienes un valor especial aquí. Tú lo quisiste, y se te concedió. Todo lo que has hecho se puede utilizar, fácil y provechosamente, a favor de la salvación. El Hijo de Dios no puede tomar ninguna decisión que el Espíritu Santo no pueda emplear a su favor, en vez de contra él. Sólo en la obscuridad parece ser un ataque tu deseo de ser especial. En la luz, lo ves como la función especial que te corresponde desempeñar en el plan para salvar al Hijo de Dios de todo ataque y hacerle entender que está a salvo, tal como siempre lo estuvo y, lo seguirá estando, tanto en el tiempo como en la eternidad. Ésta es la función que se te encomendó con respecto a tu hermano. Acéptala dulcemente de la mano de tu hermano, y deja que la salvación se consume perfectamente en ti. (T25.VI.4-7).

Tu función especial es aquella forma en particular que a ti te parece más significativa y sensata para demostrar el hecho de que Dios no es demente. El contenido es el mismo. La forma se adapta a tus necesidades particulares, y al tiempo y lugar concretos en los que crees encontrarte, y donde puedes ser liberado de dichos conceptos, así como de todo lo que crees que te limita. El Hijo de Dios no puede estar limitado por el tiempo, por el espacio ni por ninguna cosa que la Voluntad de Dios no haya dispuesto. No obstante, si se cree que lo que Su Voluntad dispone es una locura, entonces la forma de cordura que la hace más aceptable para los que son dementes requiere una decisión especial. Esta decisión no la pueden tomar los que son dementes, cuyo problema es que sus decisiones no son libres, ni las toman guiados por la razón a la luz del sentido común.

Sería ciertamente una locura poner la salvación en manos de los dementes. Pero puesto que Dios no está loco, ha designado a Uno tan cuerdo como Él para que le presente un mundo de mayor cordura a todo aquel que eligió la demencia como su salvación. A Él le es dado elegir la forma más apropiada para ayudar al demente: una que no ataque el mundo que éste ve, sino que se adentre en él calladamente y le muestre que está loco. El Espíritu Santo no hace sino señalarle otra alternativa, otro modo de contemplar lo que antes veía, que él reconoce como el mundo en el que vive, el cual creía entender.

Ahora él tiene que poner todo esto en tela de juicio, pues la forma de la alternativa es una que no puede negar, pasar por alto, ni dejar de percibir completamente. La función especial de cada uno está diseñada de modo que se perciba como algo factible, como algo que se desea cada vez más a medida que se le demuestra que es una alternativa que realmente desea. Desde esta perspectiva, su pecaminosidad así como todo el pecado que ve en el mundo, tienen cada vez menos que ofrecerle. Y por fin llega a entender que todo ello le ha costado su cordura y que se interpone entre él y cualquier esperanza de volver a ser cuerdo. Puesto que tiene un papel especial en la liberación de todos sus hermanos, no se le deja sin la posibilidad de escapar de la locura. Sería tan inaudito que se le excluyese y se le dejase sin una función especial en la esperanza de paz, como lo sería que el Padre ignorara a Su Hijo y lo pasase de largo sin ningún miramiento. (T.25.VII.7-9).

La forma concreta de la lección “se adapta a tus necesidades particulares, y al tiempo y lugar concretos en los que crees encontrarte” aunque “El contenido [siempre] es el mismo.” Y esto significa que la forma es la que el ego fabricó originalmente para que nos viéramos a merced de alguien o de algo, de manera que parezca que una situación externa es responsable de cómo nos sentimos. Y si nos las arreglamos para escapar de la situación, volverá a aparecer con una forma algo diferente (una relación “nueva”), porque siempre es un reflejo de lo que queda por sanar adentro.

La situación concreta representa una expresión específica de la creencia sobre la separación de Dios a la que nos aferramos inconscientemente: traición, abandono, rechazo, pérdida, deficiencia etcétera. Y detrás de cada una de esas ideas hay una auto-acusación, pues esto es lo que creemos que le hicimos a Dios al elegir nuestro yo individual en lugar de Su Amor. De manera que si podemos identificar la falta de perdón o el juicio asociado a cada repetición de la situación difícil, el paso siguiente es estar dispuestos a aceptar ser responsables de esa idea sin condenarnos a nosotros mismos, es decir, con “la percepción benévola que el Espíritu Santo tiene del deseo de ser especial: valerse de lo que tú hiciste para sanar en vez de para hacer daño.” (T.25.VI.4:1). Y en este proceso de mirar sin juzgar nos liberamos de la culpabilidad interna que alimentaba las proyecciones externas. ¿Significa esto que la situación externa ya no va a ocurrir? No necesariamente. Pero significa que ya no nos vamos a sentir víctimas a su merced, al comprender que nada de lo que hay afuera puede afectarnos.

Dicho con las palabras de Jesús al final del texto: “Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor y escaparte así del dolor que te ocasionó lo que elegiste previamente. En toda dificultad, disgusto o confusión Cristo te llama y te dice con ternura: "Hermano mío, elige de nuevo". Él no dejará sin sanar ninguna fuente de dolor, ni dejará en tu mente ninguna imagen que pueda ocultar a la verdad. Él te liberará de toda miseria a ti a quien Dios creó como un altar a la dicha. No te dejará desconsolado, ni solo en sueños infernales, sino que liberará a tu mente de todo lo que te impide ver Su faz.” (T31.VIII.3:1-5).


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