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SIN PRÁCTICA NO HAY ADELANTO
Anna Horno

 

Libera Tu Ser - Reflexiones personales: "SIN PRÁCTICA NO HAY ADELANTO"

 

A muchos estudiantes de Un Curso de Milagros, entre los que me incluyo, nos sucede con frecuencia que nos perdemos en el mundo de las ideas, en un intento por captar intelectualmente el mensaje del Curso. Y si bien es obvio que necesitamos comprender su sistema de pensamiento, no es menos importante comprender que es la práctica, y solamente la práctica, la que nos conducirá a la experiencia de Dios.

Olvidamos que lo que Jesús nos pide es que perdonemos y confiemos en el proceso, nada más. Quizás en apariencia no seamos capaces de observar los resultados, pero sin duda alguna, éstos se están produciendo. Y ¿por qué lo sé?, porque mis momentos de paz cada vez son más frecuentes y prolongados.

Liberarnos de las cadenas del miedo y la culpa es a lo que UCDM nos invita; dejar de ser prisioneros del ego para convertirnos en los anfitriones del Amor. Y no es tarea fácil, puesto que nuestras creencias, pero sobre todo nuestro deseo de tener razón a cualquier precio, nos distraen a menudo de este propósito.

La causa de toda aparente falta de paz es una, siempre la misma adoptando formas que nos dan la sensación de ser diferentes: nuestra creencia en la separación, que nos conduce a creer que este mundo es real.

El ego es muy astuto, es un “superviviente” por naturaleza. Siempre “obsequiándonos” con magníficos argumentos con los que convencernos de la realidad de nuestros cuerpos, de los otros cuerpos y del mundo entero. Pero necesitamos recordar que sus regalos están envenenados, envenenados con el odio hacia uno mismo, que es lo que lo sustenta… el ego es, por tanto, “un lobo con piel de cordero”.

Muchas personas se preguntan ¿qué es lo que debo hacer?, ¿cómo trasladar a lo cotidiano el Curso? Y estamos de suerte, ya que esta práctica espiritual es de lo más práctica, valga la redundancia. Todo aquello que perturba tu paz mental, se presta a tu atención y a que acto seguido te desprendas de ello, depositándolo en las Manos del Espíritu Santo. No es necesario que te resistas, no hay necesidad de lucha, en realidad, no hay nada más que debas hacer.

Mirar adentro…

Mirar adentro significa buscar dónde se encuentran tus resistencias, qué es lo que no te está permitiendo disfrutar de la paz y el amor en este preciso instante. Significa reconocer dónde no estás dispuesta a ceder, qué no estás dispuesta a soltar por el momento. Puede parecerte que se trata de personas, cosas, situaciones, pero en realidad son ideas, ideas acerca de ellos, cuyo origen se encuentra en una idea equivocada acerca de ti. Esas ideas con las que te identificas y que te dan una falsa sensación de identidad. Esas ideas que generalmente entran en conflicto con otras ideas y que son el detonador para “que estalle la guerra”, ya sea mental o física.

Comienza por cuestionar si “tus verdades” son tan ciertas. Comienza por preguntarte porqué y contra qué intentas protegerlas… ¿tal vez contra le Verdad que te haría libre y te permitiría retornar inmediatamente al Cielo?

Cada vez que te enemistas con “otra verdad”, o te alías con “otras verdades” sólo porque coinciden con las tuyas, estás protegiendo algo que es falso, de no ser así, no sentirías la necesidad de protegerlo, ya que NADA REAL PUEDE SER AMENAZADO.

Cada vez que sientes que “tu seguridad” se está viendo amenazada, pregúntate qué clase de seguridad es esa que no puede ofrecerte ninguna garantía.

Cada vez que te encuentres ante un desafío, que debas tomar una decisión, pregúntate a qué propósito deseas servir: ¿es miedo lo que te mueve, o es Amor? Cada vez que te decides por la percepción en lugar de la verdadera visión, toma nota, para no cometer el mismo error la próxima vez.

Pregúntate dónde estás depositando tu lealtad: en los falsos ídolos que el mundo te ofrece, o en la Verdad que mora en Dios y también en ti.

Cada vez que te sientas fuera de la paz, recuerda que has debido decidir escuchar al ego, pues de otro modo sería imposible. Recuerda entonces que lo único que se te pide es que lo entregues a La Mente que está por encima de las limitaciones, Aquélla que aún reconociendo el error, no cree en él y por ello no lo comparte.

El Espíritu Santo es el puente entre lo humano y lo divino; en Su Compañía recorremos el camino del último viaje: el viaje sin distancia… un viaje mental que nos conduce de vuelta a Casa.

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