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¿QUÉ OCURRE CUANDO MORIMOS Y A DÓNDE VAMOS?

 

Libera Tu Ser - Kenneth Wapnick "¿QUÉ OCURRE CUANDO MORIMOS Y A DÓNDE VAMOS?"



 

Publicado por la Foundation For a Course in Miracles, escrito por Kenneth Wapnick y traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

Pregunta: ¿Qué ocurre cuando morimos y a dónde vamos? Las experiencias próximas a la muerte que mucha gente relata, ¿son relevantes para los estudiantes de Un Curso de Milagros?

Respuesta: La "transición" a la muerte puede compararse a lo que sigue: 1) cambiar de un sueño a otro mientras dormimos; 2) terminar de ver una cinta de vídeo y empezar con otra; 3) cambiar de canal el televisor cuando termina un programa, o antes de que termine si uno lo elige así; o por último 4) salir de una habitación y entrar en otra, como enseñaba Ramakrishna, el gran sabio indio del siglo XIX. Como la consciencia es inherente a la mente escindida y no se encuentra en el cuerpo ni en el cerebro (aunque se experimente ahí), la muerte física no es sino la ilusión del final del estado mental de uno, que se mantiene al morir. A pesar de que esta idea de separación se proyecta en el cuerpo, sigue estando dentro de su fuente: la mente enferma. Por tanto, uno no va a ningún sitio al morir. Volviendo a la analogía de cambiar de canal la televisión, uno permanece físicamente en el sillón de su sala de estar, aunque la atención de uno pasa del lugar que se ve en un canal de televisión al que se ve en el otro.

Además, es importante darse cuenta de que lo que llamamos muerte no trae un estado de iluminación ni de paz. Si no se completa en su totalidad el abandono del sistema de ideas del ego, abandonando la mente enferma, la iluminación o resurrección no se puede alcanzar.

Una variedad reciente de esta creencia en que la muerte física trae libertad o alivio del cuerpo se encuentra en las experiencias "próximas a la muerte" de mucha gente, y a menudo surgen preguntas sobre estas experiencias en nuestras clases y seminarios. Los relatos normalmente incluyen la experiencia de la persona de abandonar el cuerpo y continuar a través de un túnel oscuro hacia un círculo o ser de luz, que a menudo se identifica con Jesús. Esta presencia amorosa y amable a veces repasa la vida con la persona, y luego "envía" a la persona de vuelta a completar ciertas lecciones, aceptar responsabilidades, o asumir una función importante (siempre un tema favorito de las necesidades de ser especial del ego).

A nadie le toca juzgar sobre las experiencias próximas a la muerte, y sería imprudente negar los efectos muy positivos que tales experiencias han tenido sobre la gente. Sin embargo, se puede comentar la "teología" de tales experiencias y las conclusiones que se sacan de ellas sobre el sentido de la vida, la muerte, el más allá, y la llamada  "vida después de la vida".

Tenga en cuenta el lector que Un Curso de Milagros declara con toda claridad que la mente no está en el cuerpo, aunque ciertamente parezca lo contrario.

Por tanto, cuando consideramos tales experiencias próximas a la muerte desde la perspectiva de Un Curso de Milagros, podemos ver que no tienen sentido en el nivel de la forma ¿Cómo puede uno abandonar su cuerpo, viajar por un túnel y saludar a una luz estupenda, si para empezar uno nunca estuvo en el cuerpo? Recuerda que el ser permanece en la mente y no en el cuerpo, igual que el ser de un soñador no está en el sueño, aunque haya partes de este ser que se reflejan ahí. Una vez más, no se trata de negar o hacer inválida una experiencia personal, sino de decir que por muy válida que la experiencia sea para la persona, su interpretación es puramente subjetiva y no debería tomarse como una verdad "objetiva". Por ejemplo, en la experiencia de todo el mundo el sol sale  y se pone cada día,  y mucha  gente relata  sentimientos estéticos e incluso espirituales muy significativos asociados con las salidas y puestas de sol. Y sin embargo, sabemos por la ciencia que el sol ni sale ni se pone sino que es la tierra la que hace el movimiento, girando sobre su eje y en torno al sol. La experiencia es opuesta a la explicación verdadera. De manera similar la tierra es plana en la experiencia cotidiana de todos, aunque comprendamos intelectualmente que es redonda. Y así la experiencia que uno tiene de un acontecimiento próximo a la muerte, o de un sitio al que uno va al morir (o casi morir) no significa necesariamente que lo que se comprende de la experiencia es lo que verdaderamente es. Y de nuevo, cuando se miran tales experiencias a través de la lente de Un Curso de Milagros, se entienden de una manera completamente diferente: expresiones de perdón proyectadas por la mente sobre el cuerpo y su mundo de vida, muerte y casi muerte.

Como hemos visto, no puede haber una verdadera experiencia de estar fuera del cuerpo porque, para empezar, la mente nunca está dentro del cuerpo. Y así la mente no puede dejar el cuerpo, viajar por un túnel y reunirse con Jesús después de salir del cuerpo. Además hay un peligro en creer esto, porque sugiere fuertemente – como lo hace mucha gente que ha tenido tales experiencias – que tal paz, alegría y felicidad sólo puede llegarle a una persona después de morir y abandonar el cuerpo. Todo el enfoque de Un Curso de Milagros está en elegir tener un instante santo  ahora mismo, en elegir a Jesús o al Espíritu Santo en lugar del ego.

No hay que morir para ir al Cielo, pues el Cielo es la consciencia de la Unidad perfecta, dentro de la mente, y nada más aparte de esto. La maravillosa experiencia de perdón que a menudo se relata, se puede tener en un instante santo, de nuevo, sin haber salido del cuerpo, pasado por un túnel, etc. Mantener que las experiencias próximas a la muerte son algo que se debe idealizar y buscar (como se ve en la popular película Flatliners) de hecho sirve muy bien a la estrategia fundamental del ego de primero hacer real el cuerpo, para luego convertirlo en una cosa repulsiva. Esto establece una situación en la que la gente desearía estar libre de su oscura prisión anhelando escapar a una luz incorpórea. Y mientras tanto, el sistema de ideas de separación, culpabilidad y ser especiales del ego anida cómodamente en la mente, protegido por la creencia de que en efecto hay un cuerpo que es real y que verdaderamente existe en el mundo físico.

Así pues, creer en la realidad de tales experiencias es la mismísima transigencia con la verdad – darle a la luz y a la oscuridad igual poder y realidad – contra la que Jesús nos advierte en Un Curso de Milagros. Vemos semejante advertencia claramente declarada en la sección sobre la muerte del manual para el maestro. Comienza con una referencia a la creencia religiosa convencional de que en la muerte el alma se libera para volver a Dios, o para seguir su viaje, como en la doctrina católica del purgatorio. Sin embargo el interés actual por las experiencias próximas a la muerte, como acabamos de ver, cae en la misma categoría de no reconocer la naturaleza ilusoria de todo el universo físico y de la existencia individual – cuerpo, mente y lo que erróneamente se llama "espíritu”.

En conclusión, podemos comprender que cualquier cosa que parece vivir y luego morir, que cambia, crece y después se deteriora, o que parece estar separada de las otras cosas, no puede ser de Dios y por tanto no puede ser real. Y así todas las categorías que se refieren a los cuerpos de cualquier manera – incluidas la muerte y la casi muerte – no tienen ningún significado verdadero porque no existen en realidad. Su único significado dentro de la ilusión es que sirven de aulas en las que aprendemos la lección de discernir entre lo que carece de sentido y lo que lo tiene.

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«El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de gloria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. No hay tristeza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.»
UCDM - (T-26.IV.2)
«No tengas miedo, hijo mío, sino deja más bien que los milagros iluminen dulcemente tu mundo. Y allí donde la diminuta brecha parecía interponerse entre tú y tu hermano, únete a él. Y de este modo, será evidente que la enfermedad no tiene causa. El sueño de curación reside en el perdón, que dulcemente te muestra que nunca pecaste. El milagro no dejará ningún vestigio de culpabilidad que pueda traerte testigos de lo que nunca fue. Y preparará en tu almacén un lugar de bienvenida para tu Padre y tu Ser. La puerta está abierta para que todos aquellos que no quieran seguir hambrientos y deseen gozar del festín de abundancia que allí se les ha preparado puedan entrar. Y éstos se reunirán con tus Invitados, a quienes el milagro invitó a venir a ti.»
UCDM - (T-28.III.8)
«En ti reside el Cielo en su totalidad. A cada hoja seca que cae se le confiere vida en ti. Cada pájaro que jamás cantó cantará de nuevo en ti. Y cada flor que jamás floreció ha conservado su perfume y hermosura para ti. ¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea restituido a aquel para quien fue creado como su único hogar? No ha habido nada ni antes ni después. No ha habido ningún otro lugar, ningún otro estado ni ningún otro tiempo. Nada que esté más allá o más acá. Nada más. En ninguna forma. Esto se lo puedes brindar al mundo entero y a todos los pensamientos erróneos que se adentraron en él y permanecieron allí por un tiempo. ¿De qué mejor manera se podrían llevar tus propios errores ante la verdad, que estando dispuesto a llevar la luz del Cielo contigo, según te diriges más allá del mundo de las tinieblas hacia la luz?»
UCDM - (T-5.IV.5)
«La relación santa refleja la verdadera relación que el Hijo de Dios tiene con su Padre en la realidad. El Espíritu Santo mora dentro de ella con la certeza de que es eterna. Sus firmes cimientos están eternamente sostenidos por la verdad, y el amor brilla sobre ella con la dulce sonrisa y tierna bendición que le ofrece a lo que es suyo. Aquí el instante no santo se intercambia gustosamente por uno santo y de absoluta reciprocidad. He aquí tiernamente despejado el camino que conduce a las verdaderas relaciones, por el que tú y tu hermano camináis juntos dejando atrás el cuerpo felizmente para descansar en los Eternos Brazos de Dios. Los Brazos del Amor están abiertos para recibirte y brindarte paz eterna.»
UCDM - (T-20.VI.10)
«Escucha... tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una canción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las circunstancias en las que la oíste. No puedes acordarte de toda la canción, sino sólo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.»
UCDM - (T-21.I.6)
«Ésta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.»
UCDM - (T-21.I.9)
«¡Ay, criatura de Dios, si supieses lo que Dios dispone para ti, tu gozo sería absoluto! Y lo que Él dispone ha ocurrido, pues siempre fue verdad. Cuando venga la luz y hayas dicho: "La Voluntad de Dios es la mía", verás una belleza tal que sabrás que no procede de ti. Como resultado de tu gozo crearás belleza en Su Nombre, pues tu gozo es tan incontenible como el Suyo. El mundo desolado e insignificante se desvanecerá en la nada, y tu corazón estará tan rebosante de alegría que de un salto se elevará hasta el Cielo, ante la Presencia de Dios. No puedo describirte cómo será esto, pues tu corazón no está todavía listo. Puedo decirte, no obstante, y recordártelo a menudo, que lo que Dios dispone para Sí Mismo lo dispone para ti y lo que Él dispone para ti es tuyo.»
UCDM - (T-11.III.3)
«Criatura de la luz, no sabes que la luz está en ti. Sin embargo, la encontrarás a través de sus testigos, pues al haberles dado luz, ellos te la devolverán. Cada hermano que contemples en la luz hará que seas más consciente de tu propia luz. El amor siempre conduce al amor. Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con santo agradecimiento. Y eso es lo que te ofrecen a ti que les brindaste dicha. Son tus guías a la dicha, pues habiéndola recibido de ti desean conservarla. Los has establecido como guías a la paz, pues has hecho que ésta se manifieste en ellos. Y al verla, su belleza te llama a retornar a tu hogar.»
UCDM - (T-12.VI.10)
«Criatura de Dios, fuiste creado para crear lo bueno, lo hermoso y lo santo. No te olvides de eso. El Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. El mejor uso que puedes hacer del cuerpo es utilizarlo para que te ayude a ampliar tu percepción, de forma que puedas alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo.»
UCDM - (T-1.VII.2)
«Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti. Todo lo que vive no hace sino ofrecerte regalos y depositarlos con gratitud y alegría ante tus pies. El aroma de las flores es su regalo para ti. Las olas se inclinan ante ti, los árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y sus hojas tapizan el suelo para que camines sobre algo mullido, mientras que el sonido del viento amaina hasta convertirse en un susurro en torno a tu santa cabeza.»
UCDM - (PI.156.4:1-3)