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PERDONAR
Anna Horno

 

Libera Tu Ser - Reflexiones personales: "PERDONAR"

 

Querida amiga, disculpa esta intromisión, pero no puedo dejar de intentarlo, aunque nadie me lo haya pedido…

 

No busques doble intención en esta carta, pues no me mueve otro interés que el de pretender cerrar la brecha abierta entre tu padre y tú… puedes ignorar mis palabras, o puedes procurar extraer algo positivo de todo lo que voy a explicarte.

Me han contado algunas cosas, que no pueden por menos que inquietarme y entristecerme, por ti…

Cada vez me es más difícil reconocerte. Yo recuerdo a una adolescente alegre, cariñosa, dulce, con gran sentido del humor, participativa, comunicativa, inteligente, buena persona, con inquietudes espirituales… poco generosa, pero la generosidad, como todo en esta vida, se cultiva cuando uno lo decide…

Me han contado sobre los recuerdos que guardas de tu niñez, de tu adolescencia, de tu etapa ya adulta en relación con tu padre, y te diré algo: son recuerdos, y pertenecen al pasado, un pasado sobre el que ya no puedes actuar, y que muchísimo más te convendría tirar a la basura, como haces con los trastos viejos, una vez dejan de tener utilidad… esos recuerdos no la tienen, o, mejor dicho, no tienen nada positivo que ofrecerte.

Sin ánimo de preocuparte, asustarte o condicionarte, te diré algo que seguramente desconoces: científicamente se ha demostrado que todas y cada una de las emociones que generamos (a través de nuestros pensamientos), segregan una sustancia determinada en nuestro organismo… cuando las emociones son positivas, la sustancia en cuestión es beneficiosa para el cuerpo, procurándonos un tono vital saludable; pero cuando la emoción es negativa (ira, rencor, miedo, envidia, avaricia, frustración, insatisfacción, venganza, estrés…), la sustancia que segrega nuestro organismo, es, literalmente, veneno para nuestras células. El rencor, en este caso, está

directamente relacionado con el cáncer… Dicen asimismo los científicos, que como si de una droga se tratase, ese veneno genera adicción: cuanto más odias, por ejemplo, más deseas odiar, y cuanto más deseas odiar, más pensamientos de ese tipo fabrica tu mente, y, así, se convierte en un movimiento circular que sólo tu decisión, a través de tu voluntad, puede reconducir conveniente y adecuadamente.

No sé si has oído hablar de la Ley de Atracción… es una ley, que al igual que la de la Gravedad, funciona siempre, sin excepción.

Según esta ley, nosotros somos los únicos creadores y responsables de nuestra experiencia, o, lo que es lo mismo, de nuestra realidad. Todo comienza en nuestra mente, con nuestros pensamientos, y, a partir de aquí, el mundo exterior, no es más que un reflejo fiel de lo que habita en nuestro mundo interior, pues no es más que el modo en que cada uno interpreta la experiencia.

Por otra parte, y en estricto cumplimiento de esta ley, somos imanes, actuamos como imanes, atrayendo siempre situaciones, condiciones, estados, personas con la misma cualidad de energía que albergamos en nuestro interior… todo es energía, todo emite una vibración: vivimos en un entorno que vibra permanentemente… cada pensamiento, cada emoción generada, se traduce en una vibración, cuya frecuencia, es emitida al Universo, que nos devuelve su paralelo en forma de experiencias o “realidad”.

Puedes criticar, puedes acusar, puedes, incluso condenar, pero no afectará a la realidad del otro, sino únicamente a la tuya propia. ¿De verdad piensas que es determinante o decisivo el cómo veas tú a tu padre?, no, no lo es, pues esa, es tu apreciación, una interpretación muy, muy subjetiva, nacida de tus expectativas, de tus condicionamientos, de tu educación basada en lo que has visto o te han dicho que debe ser un padre. ¿Sabías que es costumbre entre algunas tribus esquimales abandonar a sus ancianos a punto de morir en pleno desierto de hielo?, ¿Acaso crees que son malvados por ello, o que no les aman?, no, es sólo una cuestión de educación, y no es bueno, ni malo, es, simplemente, el modo de estos seres de entender la muerte, la vida, las relaciones, o lo que tú quieras.

Te empeñas, insistes, te afanas en buscar malos, culpables, alguien a quien responsabilizar de tu infelicidad… hace tiempo era tu madre, ayer lo fui yo, o tu pareja de ese momento, o la vida… hoy le ha tocado el turno a tu padre. Te estás equivocando… no hay buenos y malos, no hay culpables, no hay mejores ni peores, simplemente diferentes. Diferente es el modo de pensar de cada uno, diferente es también el modo de responder ante las situaciones que nos plantea la vida; diferente es el modo que cada uno tiene de relacionarse con el resto de seres humanos, y tu verdad, te aseguro yo que no es, ni mucho menos, la verdad universal, sino simplemente un punto de vista más, con el que coincidirán muchas o pocas personas, pero desde luego, solamente uno más.

Maldices que tus padres decidiesen traerte al mundo, una vez más, te estás sacudiendo la responsabilidad de encima… tus padres, son tu elección, como todo en esta vida, ellos, son parte de un camino que un día trazaste para ti, un propósito que hoy no recuerdas, pero que no por ello ha dejado de existir.

Ni tú, ni tu padre, ni yo, ni nadie sobre este Planeta, es perfecto, pero no se trata de ver y recordar constantemente las imperfecciones o los errores (pues no somos quien para hacerlo), sino más bien de percibir en cada uno lo mejor, sólo lo mejor, y de este modo, potenciamos solamente lo mejor en nosotros y en los otros.

 

Desde el momento en que nacemos, estamos “obligados” a vivir… en cada momento del día se nos plantean situaciones que nos permiten experimentar la vida: lo que tú decidas hacer a partir de esas experiencias, es cosa tuya… siempre hay dos opciones: quedarte con lo mejor, o decidir verlo todo negativamente situándote en la posición de la “víctima”, pero ten claro que nadie más que tú, puede hacer esa elección por ti (“vivir las experiencias que nos ofrece la vida, es obligatorio, sufrirlas ó gozarlas, es opcional”, Budismo).

Alguien que, como tú en este caso, guarda todo ese rencor, jamás podrá alcanzar un estado de felicidad, y, tu objetivo, mi objetivo, el de todos y cada uno de los seres humanos, es sólo uno: SER FELICES.

A propósito de la felicidad, existen varios estudios por parte de científicos de todo el mundo, que concluyen lo siguiente: lo llaman “plasticidad de la mente”, y es  la capacidad humana para modificar físicamente el cerebro por medio de los pensamientos que elegimos. Resulta que, al igual que los músculos del cuerpo, el cerebro desarrolla y fortalece las neuronas que más utilizamos, de modo que, a más pensamientos negativos, mayor actividad en el córtex derecho del cerebro, en otras palabras: más infelicidad autogenerada. Por el contrario, quien trabaja en pensar bien de los demás y ver el lado amable de la vida, ejercita el córtex izquierdo, elevando las emociones placenteras y la felicidad.  Nuestra tarea consiste en debilitar consciente y sistemáticamente esos músculos de infelicidad que tanto hemos fortalecido (creyéndonos víctimas del pasado, de los padres o del entorno) y, paralelamente, comenzar a ejercitar los músculos mentales, que nos hacen absoluta y directamente responsables de nuestra propia felicidad.

Nadie, absolutamente nadie más que tú, tiene la capacidad de provocar tu felicidad o infelicidad. La única responsable de tus experiencias, eres tú misma, ya que tus pensamientos te pertenecen a ti por entero. El cielo y el infierno se encuentran dentro de ti, y solamente tú puedes decidir en cuál de ellos deseas vivir.

Para terminar, te recordaré que es muy importante que la imagen que tengas de tu padre sea lo más limpia y sana posible, ya que esa imagen, es la misma que proyectas en todas tus relaciones de pareja, con todos los demás hombres… no conseguirás una buena relación mientras sigas viendo a tu padre del modo en que lo haces ahora. Mientras no decidas “hacer limpieza”, estarás perpetuando y repitiendo patrones, el mismo tipo de experiencias (cambiarán las personas, pero no las situaciones), con todos los hombres con los que te relaciones a nivel afectivo.

Te recomiendo que hagas las paces con tu pasado, que busques buenos recuerdos que sustituyan a los que ahora tienes, y que ¡COMIENCES A VIVIR EL PRESENTE! No continúes atrincherada en tu rencor, no es éste el modo de vencer el obstáculo, sino más bien de prolongarlo indefinidamente.

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