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PADRES E HIJOS: NUESTRA CLASE MÁS DIFÍCIL (2ª PARTE)
KENNETH WAPNICK

 

Libera Tu Ser - PADRES E HIJOS: NUESTRA CLASE MÁS DIFÍCIL (2ª PARTE)

 

Del Apéndice: Perdonar al abusador, nuestra única esperanza

 

Hace algunos años, la doctora Lois Einhorn, profesora de comunicación de la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton, me pidió que contribuyera a su libro: Forgiveness and child abuse: Would YOU Forgive? (Perdón y abuso infantil: ¿perdonarías TÚ?). En cuanto a su forma, el libro tiene la estructura de The Sunflower (El girasol) de Simon Wiesenthal, que presenta las experiencias del famoso superviviente de los campos de concentración y perseguidor de nazis, que era incapaz de perdonar a un joven soldado alemán. En cualquier caso, el núcleo de libro consiste en una serie de respuestas de diversas figuras mundiales que describen cómo habrían respondido ellas de haber estado en esa situación. El libro de Lois lidia con su propio abuso infantil, que excede con mucho en crueldad y perversión a cualquier otro relato que he leído u oído. El libro acaba de ser publicado y yo, aquí, incluyo mi respuesta, que es una entre cincuenta y tres. Los que estén interesados en comprar Forgiveness and child abuse: Would YOU Forgive? (Perdón y abuso infantil: ¿perdonarías TÚ?), pueden hacerlo en el sitio web de Lois: loiseinhorn.com

En este boletín he incluido un epílogo que presenta algunas observaciones adicionales sobre este tema extremadamente importante.

Perdonar al abusador

Viviendo en este mundo es difícil ignorar los hechos brutales de lo que Robert Burns denomina “la inhumanidad del hombre hacia el hombre”. Los signos siempre han estado con nosotros, desde la brutalidad de la antigua Roma, hasta los modernos holocaustos de la Alemania Nazi, del sudeste asiático, Ruanda y Bosnia: desde las torturas cometidas en nombre de los ideales políticos o religiosos hasta los relatos demasiado comunes de abuso y tortura de niños, como los que tenemos en el vívido retrato que hace Lois Einhorn de su vida en su propio campo de concentración psicológico. Cómo dar sentido a esto es uno de los mayores retos para cualquier observador de la condición humana. Cierto es que parece ser una condición particularmente propia de los humanos. Los animales matan, pero, casi siempre, por necesidad física, no por la necesidad psicológica de un sádico cruel cuya intención es producir daño a otro, a menudo con brutalidad. Es un hecho biológico que todos los seres vivos deben alimentarse de fuentes externas para satisfacer sus necesidades de supervivencia, entre las que se incluye el alimento, el agua, el oxígeno, el dióxido de carbono, la luz, etc. También es un hecho psicológico que los seres humanos tienen una fuerte necesidad de proyectar sobre otros la inconsciente oscuridad del odio que abrigan por sí mismos. Esta dinámica crucial da como resultado una condición en la que cree y, después, experimentan que son capaces de escaparse mágicamente del dolor de esta culpa u odio atacando a otros: verbalmente, conductualmente, en sus pensamientos o con una combinación de los anteriores.

Estas fuerzas oscuras del odio, enterradas dentro de todos nosotros, pueden ser reducidas a nuestra necesidad de sobrevivir –física y psicológicamente-, una necesidad cargada de culpa que, en último término, es la expresión del principio que reza así: “alguien debe perder para que yo pueda ganar”. Esta tendencia demasiado humana de encontrar placer, satisfacción y ganancia a expensas de otros, discurre como un hilo ensangrentado a lo largo de nuestra historia, tanto de la social como de la individual.

El hecho claro de que una desalmada minoría vive esto de manera patente, no quita que estas mismas tendencias están presentes en todos nosotros. El estudio sistemático por parte de Freud de la dinámica de la proyección –por la que vemos fuera lo que consideramos inaceptable dentro-, nos ayuda a entender que este fenómeno del odio proyectado opera en el inconsciente de todos nosotros. Un curso de milagros, un sistema de pensamiento contemporáneo que se ha construido sobre las intuiciones psicodinámicas de Freud, nos ofrece una perspectiva espiritual que hace plena justicia a nuestra experiencia física y psicológica en el mundo, afirmando, al mismo tiempo nuestra Identidad como espíritu: el verdadero Ser que trasciende completamente este mundo material, como lo hace, por supuesto, nuestro Creador, trascendiendo el mundo dualista e ilusorio de bien y mal, víctima y victimario, vida y muerte.

Un curso de milagros enseña que “la proyección da lugar a la percepción”, que el mundo es “la imagen externa de una condición interna” (T-21.in.1:1,5). Por lo tanto, nuestras percepciones de una situación externa revelan aquellos pensamientos que deseamos negar en nuestras mentes. No hace falta añadir que, por ejemplo, acusar a alguien de ser un pecador porque ha cometido una violación, no significa que esté acusándome a mí mismo de esa forma de violación específica. Sin embargo, el significado de un acto tan agresivo, sin duda, también está en mí: esa necesidad que siento, a veces, de dominar a otro a través de la pura fuerza de voluntad o de la fuerza física para satisfacer mis deseos sin que me importe la otra persona, sino sólo yo mismo. Una vez más, esta tendencia puede no ser tan extrema o tan violenta en su expresión como la violación sexual, pero, en todo caso, existe en cada uno de nosotros. Y es nuestra culpa por ese deseo la que encuentra su chivo expiatorio en los que sí llegan a cometer una violación. Su “pecado” patente sirve para saciar de manera muy conveniente esta necesidad de encontrar un objeto adecuado donde proyectar, oscureciendo el hecho de nuestra unidad común como hijos de la carne y como hijos del espíritu. En palabras de Harry Stack Sullivan, el fundador de la Escuela de Psiquiatría Interpersonal: “Todos somos simplemente humanos mucho más que otra cosa…”. Por desgracia, ser “simplemente humanos” conlleva no sólo la capacidad de realizar nuestras más elevadas aspiraciones de amor y unidad, sino también las más bajas. Y la declaración de Sullivan continúa así: “… seamos felices y tengamos éxito… o desdichados y con trastornos mentales, o cualquier otra situación”. El reto para nosotros es que nuestra humanidad común, tanto para el bien como para el mal, no siempre es aparente de manera inmediata.

 

A mediados de su adolescencia, Anna Freud dio un paseo con su famoso padre y, al pasar al lado de algunas hermosas casas vienesas, Freud dijo a su hija: “¿Ves estas casas tan hermosas con sus preciosas fachadas? Las cosas no son necesariamente tan hermosas detrás de las fachadas. Y lo mismo ocurre también con los seres humanos”. Un podría muy bien añadir “todos los seres humanos” a la referencia de Freud, una adición que el padre del psicoanálisis habría aprobado casi con total seguridad, siendo tan consciente de las fuerzas oscuras que acechan dentro de todos los miembros de nuestra especie.

Para tomar plena conciencia de nuestra totalidad inherente como creación espiritual de Dios, debemos estar dispuestos a perdonar, en el sentido de mirar primero el odio externo –la proyección del odio dentro de nosotros- y, después, más allá de él, al amor que nos une verdaderamente a todos en un único Ser. Sin este último paso, estamos condenados a lo que Freud denominó compulsión de repetición; en este caso, estando obligados como especie a repetir interminablemente el ciclo de culpa y odio, de autodesprecio y abuso, de temor y ataque: la crueldad que tan notoriamente ha caracterizado nuestra historia, tanto a nivel colectivo como personal. Todos los profesionales clínicos están más que familiarizados con el patrón cíclico de muchos niños abusados que crecen para convertirse en adultos abusadores. Y el círculo vicioso de víctima-victimario que viven los individuos se recapitula tristemente en la vida de los grupos, tanto grandes como pequeños.

No sería gran cosa como psicólogo si no fuera consciente de las consecuencias negativas de la negación y, definitivamente, no estoy defendiendo la represión de los recuerdos y pensamientos, los sentimientos de dolor, humillación y rabia, ni intento pasarlos por alto con un supuesto espíritu de perdón. Ciertamente, en muchos casos, es necesaria alguna forma de terapia para que las personas puedan llegar a aceptar el dolor de lo que ha sido negado durante tanto tiempo. Este es un paso esencial en el proceso de perdón, si es que uno va a ir más allá de los recuerdos dolorosos y plagados de cicatrices del pasado, hacia un sentido integrado del yo, que es lo único que puede aportar felicidad y realización. Una vez más, no debemos negar lo que se nos ha hecho, pero todos tenemos la capacidad de crecer más allá de un autoconcepto victimizado, para realizar nuestro verdadero potencial como seres completos. Así demostramos a nuestros abusadores que, independientemente de sus acciones, en último término, no nos han dañado, porque hemos sido capaces de usar la experiencia como un medio para el crecimiento personal. Es importante darse cuenta de que esto no significa que se permita a otras personas abusar de nosotros o de otros sin oponer resistencia alguna: aquí el punto importante es nuestra actitud hacia el atacante. Ciertamente uno puede actuar de manera firme y fuerte para impedir el ataque y el abuso sin los sentimientos concomitantes de odio o venganza…

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EXTRACTOS DE UN CURSO DE MILAGROS

«El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de gloria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. No hay tristeza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.»
UCDM - (T-26.IV.2)
«No tengas miedo, hijo mío, sino deja más bien que los milagros iluminen dulcemente tu mundo. Y allí donde la diminuta brecha parecía interponerse entre tú y tu hermano, únete a él. Y de este modo, será evidente que la enfermedad no tiene causa. El sueño de curación reside en el perdón, que dulcemente te muestra que nunca pecaste. El milagro no dejará ningún vestigio de culpabilidad que pueda traerte testigos de lo que nunca fue. Y preparará en tu almacén un lugar de bienvenida para tu Padre y tu Ser. La puerta está abierta para que todos aquellos que no quieran seguir hambrientos y deseen gozar del festín de abundancia que allí se les ha preparado puedan entrar. Y éstos se reunirán con tus Invitados, a quienes el milagro invitó a venir a ti.»
UCDM - (T-28.III.8)
«En ti reside el Cielo en su totalidad. A cada hoja seca que cae se le confiere vida en ti. Cada pájaro que jamás cantó cantará de nuevo en ti. Y cada flor que jamás floreció ha conservado su perfume y hermosura para ti. ¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea restituido a aquel para quien fue creado como su único hogar? No ha habido nada ni antes ni después. No ha habido ningún otro lugar, ningún otro estado ni ningún otro tiempo. Nada que esté más allá o más acá. Nada más. En ninguna forma. Esto se lo puedes brindar al mundo entero y a todos los pensamientos erróneos que se adentraron en él y permanecieron allí por un tiempo. ¿De qué mejor manera se podrían llevar tus propios errores ante la verdad, que estando dispuesto a llevar la luz del Cielo contigo, según te diriges más allá del mundo de las tinieblas hacia la luz?»
UCDM - (T-5.IV.5)
«La relación santa refleja la verdadera relación que el Hijo de Dios tiene con su Padre en la realidad. El Espíritu Santo mora dentro de ella con la certeza de que es eterna. Sus firmes cimientos están eternamente sostenidos por la verdad, y el amor brilla sobre ella con la dulce sonrisa y tierna bendición que le ofrece a lo que es suyo. Aquí el instante no santo se intercambia gustosamente por uno santo y de absoluta reciprocidad. He aquí tiernamente despejado el camino que conduce a las verdaderas relaciones, por el que tú y tu hermano camináis juntos dejando atrás el cuerpo felizmente para descansar en los Eternos Brazos de Dios. Los Brazos del Amor están abiertos para recibirte y brindarte paz eterna.»
UCDM - (T-20.VI.10)
«Escucha... tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una canción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las circunstancias en las que la oíste. No puedes acordarte de toda la canción, sino sólo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.»
UCDM - (T-21.I.6)
«Ésta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.»
UCDM - (T-21.I.9)
«¡Ay, criatura de Dios, si supieses lo que Dios dispone para ti, tu gozo sería absoluto! Y lo que Él dispone ha ocurrido, pues siempre fue verdad. Cuando venga la luz y hayas dicho: "La Voluntad de Dios es la mía", verás una belleza tal que sabrás que no procede de ti. Como resultado de tu gozo crearás belleza en Su Nombre, pues tu gozo es tan incontenible como el Suyo. El mundo desolado e insignificante se desvanecerá en la nada, y tu corazón estará tan rebosante de alegría que de un salto se elevará hasta el Cielo, ante la Presencia de Dios. No puedo describirte cómo será esto, pues tu corazón no está todavía listo. Puedo decirte, no obstante, y recordártelo a menudo, que lo que Dios dispone para Sí Mismo lo dispone para ti y lo que Él dispone para ti es tuyo.»
UCDM - (T-11.III.3)
«Criatura de la luz, no sabes que la luz está en ti. Sin embargo, la encontrarás a través de sus testigos, pues al haberles dado luz, ellos te la devolverán. Cada hermano que contemples en la luz hará que seas más consciente de tu propia luz. El amor siempre conduce al amor. Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con santo agradecimiento. Y eso es lo que te ofrecen a ti que les brindaste dicha. Son tus guías a la dicha, pues habiéndola recibido de ti desean conservarla. Los has establecido como guías a la paz, pues has hecho que ésta se manifieste en ellos. Y al verla, su belleza te llama a retornar a tu hogar.»
UCDM - (T-12.VI.10)
«Criatura de Dios, fuiste creado para crear lo bueno, lo hermoso y lo santo. No te olvides de eso. El Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. El mejor uso que puedes hacer del cuerpo es utilizarlo para que te ayude a ampliar tu percepción, de forma que puedas alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo.»
UCDM - (T-1.VII.2)
«Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti. Todo lo que vive no hace sino ofrecerte regalos y depositarlos con gratitud y alegría ante tus pies. El aroma de las flores es su regalo para ti. Las olas se inclinan ante ti, los árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y sus hojas tapizan el suelo para que camines sobre algo mullido, mientras que el sonido del viento amaina hasta convertirse en un susurro en torno a tu santa cabeza.»
UCDM - (PI.156.4:1-3)