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ORDENAR LOS PENSAMIENTOS

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "ORDENAR LOS PENSAMIENTOS"



Del Libro de David Hoffmeister "Sosiega la Mente - De Regreso a Dios" (Unwind Your Mind - Back to God) - LIBRO II - Capítulo III
Traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

David: Ver el mundo, incluso percibir cualquier cosa, significa que un problema de autoridad está sucediendo. En última instancia, esa es la base sobre la que juzga la mente. La mente ordena las ilusiones y establece jerarquías de ilusiones porque quiere ser la autora de sí misma. Hay una creencia muy profundamente arraigada en que se puede hacer una selección entre la realidad. Eso es lo que parecen ser todos los juicios de este mundo. Elijo ir aquí o allí. Prefiero esto y elijo evitar eso. La suposición que hay por debajo de todo eso es que puedo elegir la realidad: la realidad no es algo a aceptar, sino más bien algo dentro de lo cual yo puedo seleccionar. Hay partes de ella que quiero, y partes de ella que puedo, de hecho, rechazar. Eso es negar su integridad. Hacer juicios hace que la división parezca real. Eso es lo que la mantiene. Cuando nos alejamos de la ordenación de los pensamientos, podemos pensar mejor en nosotros mismos como mentes. Empezamos a ver la falacia de todas esas cosas que creíamos ser como personas. Hice esto, no hice aquello. Espero hacer esto en el futuro. Lo saca del contexto personal y lo conduce al darse cuenta de que soy una mente, y tengo todos esos conceptos e ideas que sólo son imágenes. Los pensamientos son sólo imágenes que yo he fabricado. Los pensamientos no son por sí mismos el problema, es el ordenar y organizar esas imágenes lo que me impide ver que todas son igual de ilusorias. No es que una taza, en sí y por sí misma, sea ni buena ni mala. El problema está en la organización de las imágenes, como por ejemplo creer que un automóvil es más valioso que una taza, o que este cuerpo es más valioso que aquel cuerpo.

Participante: Es la decisión.

David: La decisión de hacer juicios presupone que es cosa mía hacer elecciones y selecciones entre la realidad. Si sigo haciendo juicios, tengo que estar creyendo que es cosa mía elegir entre la realidad.

Participante: ¿Y valorar algo? Yo creía que la idea era reconocer que no tiene ningún valor nada que no sea eterno.

David: Sí, pero eso no se puede hacer sin permitir que el Espíritu Santo reorganice la mente, y para hacer eso tienes que abandonar tus propios pensamientos e imágenes. Mientras hables de que no hay nada valioso en el mundo y todavía te aferres a hacer juicios y a ordenar las imágenes, estás otorgándole valor por medio de eso.

Participante: ¿Estás diciendo que lo que nos interesa es darle a todo el mismo valor?

David: Sí. La única manera de poder abandonar la ordenación es darle un único significado a todas las imágenes. No sólo intentas decir que "Nada de lo que veo significa nada", porque tiene que haber un propósito –el propósito del Espíritu Santo– para que la percepción se unifique. El Espíritu Santo le otorga el mismo significado a una lámpara, un cuerpo, un automóvil o un remolque. Todo tiene un propósito único. A los ojos del Espíritu Santo, por así decirlo, la idea de que esas cosas tengan algún significado en sí mismas y por sí mismas es absurda. No existen micrófonos tal como los percibe la mente errada, porque eso siempre tiene que ver con alguien que habla por el micrófono, implica voces y cuerpos. Puedes ver que hay un montón de conceptos. Es igual con un sofá. Un sofá es donde se sientan los cuerpos. Los cuerpos son también imágenes. Son imágenes exactamente igual que el sofá.

Participante: Sentadas en otra imagen.

David: Incluso el "sentadas en" es otra imagen porque ahí hay una relación. El Espíritu Santo sabe que no hay relación alguna entre las imágenes, y que el único significado que puede tener cualquiera de las imágenes, es el significado que Él les da. En ese sentido el milagro ve que todas ellas son falsas. Por eso el verdadero perdón es sencillamente ver que lo falso es falso, ver que no hay causa alguna en las imágenes. Son sólo un montón de imágenes. Esto nos eleva a la esfera metafísica de saber que: Yo soy una mente que tiene todos esos pensamientos desordenados. Quiero aprender a percibir de manera correcta. Quiero aprender a permitir que el Espíritu Santo reorganice mi mente. Esto es lo mismo que decir que se le dará el mismo significado a todo.

Sólo lo que Dios crea es irreversible e inmuta­ble. Lo que tú has fabricado siempre se puede cambiar porque cuando no piensas como Dios, en realidad no estás pensando en absoluto. Las ideas ilusorias no son pensamientos reales, si bien puedes creer en ellas. Pero eso es un error. La función del pen­samiento procede de Dios y reside en Dios. Puesto que formas parte de Su Pensamiento, no puedes pensar separado de Él.

El pensamiento irracional es pensamiento desordenado. Dios Mismo pone orden en tu pensamiento porque tu pensamiento fue creado por Él. Los sentimientos de culpabilidad son siempre señal de que desconoces esto. Muestran asimismo que crees que puedes pensar separado de Dios, y que deseas hacerlo. Todo pen­samiento desordenado va acompañado de culpabilidad desde su concepción, y mantiene su continuidad gracias a ella. La culpabi­lidad es ineludible para aquellos que creen que son ellos los que ordenan sus propios pensamientos, y que, por lo tanto, tienen que obedecer sus dictados. T-5.V.6,7.

La culpabilidad viene en cuanto se cree que los pensamientos son reales, en cuanto la mente se identifica con el cuerpo: Golpeé a Fulano. Le grité y me siento culpable por haber hecho eso. Ha tomado los pensamientos corporales de la persona A y la persona B y cree que tuvo lugar un ataque real. Si sencillamente viese que todos esos pensamientos son pensamientos ilusorios –que no forman parte de mi mente recta, la parte de la mente que piensa con Dios– ¿dónde estaría la culpabilidad? Literalmente no podría haber culpabilidad. Lo que trae la culpabilidad es la asociación de la mente con esos pensamientos. En cuanto nos identificamos con esos pensamientos, también miramos hacia atrás, a una historia personal repleta de cosas que ojalá hubiésemos hecho y cosas que ojalá no hubiésemos hecho. El momento de la liberación es sencillamente ver –como mente– que esos pensamientos no son reales. Nunca han sido reales y nunca lo serán, ni lo son mis pensamientos de miedo sobre si en el futuro voy a tener lo que necesite. Todos los pensamientos del futuro están en el tiempo pasado de igual manera, exactamente. Creer en el tiempo lineal es tomar pensamientos del pasado, proyectarlos en otra dirección y decir que eso es el futuro. Se les proyecta y se les da otro nombre –futuro–, cuando en realidad todos pertenecen al pasado. Es el futuro-pasado. El miedo entra cuando estoy identificado con uno de esos pensamientos, que es un cuerpo, y creo en todos los padecimientos del mundo, como la economía o el clima. El miedo viene cuando creo que esos pensamientos son reales en lugar de ver sólo su irrealidad. Cuando uno empieza a ver algunas de estas cosas, está llegando realmente a la liberación: llegando a ver que "Mi mente alberga sólo lo que pienso con Dios" Ej-r.IV.in.2, y "Soy tal como Dios me creó". Ej-110.

Participante: ¿Es sólo la identificación de la mente con los pensamientos irreales lo que les hace parecer reales?

David: Correcto. Y cree que sabe y puede ordenarlos. Volvemos a la cuestión del ordenar. Antes de poder creer en ellos, lo que les hace parecer reales es la ordenación. Por eso tenemos que abandonar el hacer juicios, o poner orden.

Participante: … ¿reconocer que no son reales, que no son yo?

David: Sí. Por eso es importante tomar nota incluso de las cosas insignificantes, incluso de las preferencias pequeñas y de poca importancia. Hasta que no se capta la metafísica, no se puede ver la diferencia. Lo que estamos haciendo es ir al punto básico de que todo lo que sea ordenar los pensamientos es mantener la división. La mente tiene que estar identificada con la forma y los pensamientos, y creer que son reales antes de poder sentirse culpable. Existe una elección previa de identificarse con la mente errónea, que se representa en varios escenarios. Pero en realidad todo es simbólico, el mundo no es nada más que símbolos.

Participante: ¿Entonces la confusión de niveles es intentar poner las cosas de la mente errada en la mente recta?

David: Tenemos que profundizar de verdad en esto para aclararnos con la confusión de niveles. No es llevar la mente errada a la mente recta, porque la mente recta es el milagro, la Expiación. Cuando se le otorga alguna causalidad al mundo de las formas, y mientras haya ordenación de los pensamientos, la mente no puede estar en la mente recta. Mientras haya jerarquías, incluso una mínima preferencia, uno no puede estar en la mente recta. No se puede estar en la mente recta y tener una pequeña preferencia por algo.

Participante: ¿Qué relación hay entre tener preferencias y no ser capaz de ver que la forma no es causativa?

David: Tener preferencias tiene que ver con la jerarquía de las ilusiones. Es imposible pensar en preferencias sin jerarquía. Eso es lo que significa tener preferencias, tener algunas prioridades más altas y otras prioridades más bajas. La jerarquía no es posible sin la división. La mente no quiere ver que esa división está dentro de la mente, así que proyecta imágenes fuera, sobre la pantalla, y cunden el caos y el pánico por haber proyectado las imágenes. Entonces intenta ordenar las imágenes para aportar cierta clase de seguridad y de control a una situación de un tipo muy salvaje y caótico.

La división dentro de la mente es aterradora, y por tanto, la mente intenta proyectar la división fuera para proporcionarse a sí misma cierto alivio, o una ilusión de alivio. Cuando continuamos con este pasaje queda claro que para que se sane la división, esta ordenación de los pensamientos tiene que acabar.

La culpabi­lidad es ineludible para aquellos que creen que son ellos los que ordenan sus propios pensamientos, y que, por lo tanto, tienen que obedecer sus dictados. Eso les hace sentirse responsables de sus errores sin darse cuenta de que, al aceptar esta responsabilidad, están reaccionando de manera irresponsable. Si la única respon­sabilidad del obrador de milagros es aceptar la Expiación para sí mismo, y te aseguro yo que así es, la responsabilidad por lo que debe ser expiado no puede entonces recaer sobre ti. T-5.V.7.

Ésta es una de las principales áreas de la confusión de niveles en las que es fácil caer. La gente cree que porque inventaron el mundo que ven y porque reciben tal como han pedido, tienen que ser responsables del cáncer que sufren y de los niños hambrientos. Él dice aquí mismo que la responsabilidad por lo que debe ser expiado no puede recaer sobre ti. El propio concepto del yo no puede ser cosa tuya. No se puede resolver el dilema excepto aceptando la solución de deshacer. De todo lo que somos responsables en cualquier momento es de aceptar la Expiación, de elegir el milagro. En el sentido definitivo, esa tiene que ser la salida. Si yo soy responsable de los niños hambrientos, o de esto o de aquello, entonces tiene que permanecer la culpabilidad. Los niños que pasan hambre son sólo un ejemplo, puesto que las ideas no abandonan su fuente, y los pensamientos y las imágenes son una y la misma cosa. Un ejemplo más sutil fue cuando volcaste esa cosa en el maletín y dijiste "¿Qué es lo que he hecho?" Sólo un remordimiento, incluso un leve remordimiento, indica que somos responsables de lo que hemos hecho, que somos responsables de algo en la forma.

Tú seriasresponsable de los efectos de tu manera equi­vocada de pensar si ésta no se pudiera deshacer. El propósito de la Expiación es conservar del pasado únicamente aquello que ha sido purificado: Si aceptas el remedio para el pensamiento de­sordenado, remedio cuya eficacia es indudable, ¿cómo iban a seguir estando presente sus síntomas? T-5.V.7.

"El propósito de la Expiación es conservar del pasado únicamente aquello que ha sido purificado". ¿Qué puede significar eso? Conservar del pasado únicamente aquello que ha sido purificado es, sencillamente, ser el soñador del sueño y ver que todas las imágenes son falsas y que ninguna ordenación de esas imágenes es factible. Sólo estás observando un montón de imágenes sobre una pantalla. Naturalmente, si sólo estás soñando y sabes que todo es falso, y que todo ha pasado ya, y que tú vives en el presente, permaneces sin defenderte, estás viendo el pasado desde el presente. Entonces conservas del pasado sólo lo que ha sido purificado. Todavía permanecemos en la esfera de lo perceptual, pero estamos hablando de conservar del pasado lo que ha sido purificado. Es, sencillamente, estar en la mente recta -no atrapados en la historia de los personajes de la pantalla ni en la ordenación de los pensamientos-, sin estar atrapados en la ilusión de ninguna de las maneras.

Participante: Sencillamente verlo tal cual es, ¿es eso ver lo que ha sido purificado?

David: Exactamente. Es sencillo.

Tal vez te hayas dado cuenta de que tus pensamientos no com­piten entre sí, y de que, aunque estén en conflicto entre sí, pue­den ocurrir simultáneamente y con gran profusión. Puedes ciertamente estar tan acostumbrado a eso que ya apenas te sor­prenda. No obstante, estás acostumbrado también a clasificar algunos de tus pensamientos como más importantes o mejores que otros, como más sabios, productivos o valiosos. Esto es cierto con respecto a los pensamientos que se les ocurren a los que creen vivir separados. Pues algunos pensamientos son refle­jos del Cielo, mientras que otros los suscita el ego, el cual tan sólo aparenta pensar. T-14.X.4.

Ahí está la ordenación de la que hemos estado hablando: la mente proyecta imágenes y luego intenta poner orden en el caos ordenando esas imágenes. Intenta juzgar y ordenar para aportar seguridad, para darle una sensación de integridad a una situación caótica. ¿Qué es la situación caótica? Es la creencia en dos sistemas de pensamiento que son completamente irreconciliables.

Participante: "Tus pensamientos no com­piten entre sí" ¿De qué trata eso?

David: Eso es cuando piensas una cosa y luego piensas otra. Ocurre tan a menudo que uno está totalmente acostumbrado a ese ir de acá para allá. Haz esto. No, haz eso. El parloteo continúa sin parar y la mente no se detiene a decir espera un poco, ¡no puede ser las dos cosas a la vez! Una mente clara vería que hay algo que necesita discernirse en esto, son pensamientos que compiten entre sí pero parecen estar coexistiendo.

El resultado de todo esto es un patrón zigzagueante y variable que nunca descansa y jamás se detiene. Se mueve incesante­mente por todo el espejo de tu mente, y los reflejos del Cielo aparecen fugazmente para luego desvanecerse, a medida que la oscuridad los envuelve. Allí donde había luz, la oscuridad la elimina en un instante, dando lugar a que patrones que alternan entre la luz y la oscuridad atraviesen tu mente sin tregua. La poca cordura que aún te queda permanece ahí gracias a un sen­tido de orden que tú mismo estableces. Mas el hecho mismo de que puedas hacer eso y seas capaz de imponer orden donde reina el caos, demuestra que tú no eres un ego y que en ti tiene que haber algo más que un ego. Pues el ego es caos, y si eso fuese lo único que hay en ti, te sería imposible imponer ningún tipo de orden. No obstante, aunque el orden que le impones a tu mente limita al ego, también te limita a ti. Ordenar es juzgar y clasificar por medio de juicios. Por lo tanto, es una función que le corresponde al Espíritu Santo, no a ti. T-14.X.5.

Esto pone juntas algunas de las ideas de las que hemos estado hablando. La mente cree que sabe y puede ordenar sus propios pensamientos. Aún está por la jerarquía. Esto es lo que mantiene a la realidad y a la felicidad –nuestra verdadera función– ocultas para la mente.

Te parecerá difícil aprender que no tienes ninguna base para poner orden en tus pensamientos. El Espíritu Santo te enseña esta lección ofreciéndote los ejemplos deslumbrantes de los milagros, a fin de mostrarte que tu modo de ordenar es desacertado, pero que se te ofrece uno mejor. El milagro responde siempre de la misma manera ante cualquier petición de ayuda. No la juzga. Simplemente reconoce lo que es y responde consecuentemente. No se detiene a considerar qué petición es más importante, más urgente o más apremiante. Tal vez te preguntes por qué se te pide que hagas algo que no requiere que emitas ningún juicio, cuando todavía eres prisionero de los juicios. La respuesta es muy simple: el poder de Dios, no el tuyo, es el que engendra los milagros. El milagro en sí no hace sino dar testimonio de que el poder de Dios se encuentra dentro de ti. Ésa es la razón de que el milagro bendiga por igual a todos los que de alguna manera son partícipes en él, y ésa es también la razón de que todos sean partícipes en él. El poder de Dios es ilimitado. Y al ser siempre máximo, ofrece todo a cualquiera que se lo pida. No hay grados de dificultad en esto. A una petición de ayuda se le presta ayuda. T-14.X.6.

Ese es el mismísimo primer principio del Curso: "No hay grados de dificultad en los milagros". T-1.I.1. Pero mientras yo tenga una jerarquía de ilusiones -mientras sea yo quien ordene mis propios pensamientos-, no puedo elegir el milagro. No pueden coexistir. Por eso en la sanación, cada vez que hay preocupación por los síntomas del paciente, hay ordenación de los pensamientos. Yo sé qué aspecto tiene un paciente sano y qué aspecto tiene un paciente enfermo, y yo digo que éste tiene aspecto de estar enfermo. Pero la enfermedad es la ordenación de los pensamientos. Esto lo saca de la esfera de la conducta. Incluso una buena parte del Manual para el Maestro está escrita en un nivel más metafórico, para la mente que todavía cree que es un cuerpo y que hay otros cuerpos. A unos se les llama sanadores y a otros pacientes, a unos se les llama maestros y a otros discípulos. Pero lo estamos retrotrayendo a la mente. ¿Ves cómo todo eso se disuelve cuando te elevas a este nivel? Se vuelve cada vez más sencillo, da mucho poder darse cuenta de que no es complicado. ¡No hay nada que resolver en el mundo de la forma!

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