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NUESTROS HIJOS: UNA CUESTIÓN DE ACEPTACIÓN
Anna Horno

 

Libera Tu Ser - Reflexiones personales: "NUESTROS HIJOS: UNA CUESTIÓN DE ACEPTACIÓN"

 

 

En estos últimos años soy consciente de estar experimentando un lento y profundo proceso de transformación interna. En esta transformación se me invita a revisar y cuestionar cada creencia, cada idea, cada postura ante situaciones externas…

Cuando este proceso comenzó, no sabía dónde me conduciría, ni tampoco cuál era su propósito. Hoy comprendo que el propósito no era otro que el de aprender a aceptar, y el destino, mi paz interior.

Al aferrarnos a nuestras ideas y a cómo deben ser las cosas según esas ideas, automáticamente convertimos nuestra experiencia en una lucha. No advertimos que la vida no está aquí para complacernos (desde el punto de vista de nuestros deseos egóicos), sino para que aprendamos nuestras lecciones. De modo que nuestra experiencia casi nunca se ajusta a lo que queremos, pero siempre se ajusta a lo que necesitamos.

Desde que mi hija era pequeña, hoy es ya una pre-adolescente, he tenido “problemas” en mi relación con ella. Siendo pequeña, esos problemas se limitaban a pequeñas cosas como la desobediencia o su alimentación. Pero Raquel ha ido creciendo, y con ello, también nuestras “aparentes diferencias”, diferencias que, inconscientemente, yo he estado utilizando para distanciarme espiritualmente de ella; en cuanto percibimos en la forma algo como diferente a nosotros, estamos recreando la falsa idea de la “separación”, y olvidando lo que en verdad es: igualdad y unidad oculta, que precisa que aprendamos a tender un puente entre la otra persona y nosotros.

En todos estos años de "lucha", yo he llevado mis ideas por bandera, esas ideas han sido las que han mantenido viva la llama del conflicto, mediante la no aceptación, mediante la constante falta de respeto hacia mi hija.

... "Los padres siempre hacemos lo que es mejor para nuestros hijos", pero aquí es muy importante hacer una pequeña matización: los padres siempre hacemos lo que creemos (desde la rigidez de nuestras ideas) que es mejor para nuestros hijos. Y en este matiz, se encuentra el final de la disputa, la solución al conflicto.

Aceptar que tal vez yo me esté equivocando, es el principio del fin de la “lucha”.

En todos estos años he venido observando que detrás de todas mis reacciones ante actitudes o acciones concretas de Raquel, se ocultaba un miedo profundo. Jamás me paré a preguntarme qué era exactamente ese miedo o el porqué del mismo. No lo analizaba, sino que me dejaba cegar por él. Hoy sé que donde hay miedo, no hay amor, aunque a mí me guste engañarme pensando que lo que hago lo hago en nombre del amor. El miedo siempre será miedo, aunque venga disfrazado de buenas intenciones.

Hace unos días me detuve a observar mi miedo, a analizar los pensamientos que lo sustentan, porque detrás de cada emoción, existe siempre un pensamiento que es la causa, el origen.

A menudo los padres, en un exceso de celo, confundimos y nos extralimitamos en nuestras funciones. Quisiéramos que nuestros hijos tuvieran la vida fácil que en ocasiones nosotros no tuvimos; quisiéramos no tener que ver nunca a nuestros hijos sufrir; quisiéramos para ellos una vida perfecta, por supuesto, desde nuestro ideal de perfección. Queremos que nuestros hijos encuentren su lugar en el mundo, que sean felices, y no nos importa sacrificar un poco de esa felicidad ahora, si es en beneficio de su felicidad futura. Queremos que nuestros hijos se mantengan siempre a salvo de todo mal o sufrimiento, y para ello luchamos contra todo y contra todos, situándolos inconscientemente a ellos en “primera línea de fuego” de ese estado de guerra. ¿Por qué?, porque necesitamos defender un puñado de ideas, nuestras ideas, y lo hacemos incluso a costa de lo que más queremos, nuestros hijos.

De modo que en medio de la tormenta, jamás nos detenemos a preguntarnos: ¿les estoy dejando espacio para aprender?, ¿les estoy permitiendo experimentar la vida?, ¿estoy proporcionándoles el medio adecuado para que hagan lo que vinieron a hacer, o por el contrario no estoy siendo más que un obstáculo añadido en su crecimiento como ser humano que busca ampliar sus horizontes, y como ser espiritual que busca el camino de vuelta a Casa?

En mi caso particular, la respuesta a todas estas preguntas es obvia: NO, NO LO ESTOY PERMITIENDO. Mi miedo no lo está permitiendo.

Así que, ¿por qué no analizar mi miedo para intentar invertir la situación? Sólo hay un modo de deshacernos de nuestros miedos, y es enfrentándonos a ellos, del mismo modo que sólo existe un camino para acabar con la oscuridad, que es llevándola a la luz.

Hace unos días me pregunté ¿cuáles son exactamente esos miedos?:

- Tengo miedo de que mi hija no sea feliz.
- Tengo miedo de que mi hija no llegue a ser la persona que a mí me gustaría que fuese.
- Tengo miedo de que mi hija sufra algún accidente que la imposibilite físicamente o que incluso acabe con su vida.
- Tengo miedo de que mi hija no esté preparada para sobrevivir en un entorno complicado.
- Tengo miedo de que mi hija no sepa sacar provecho de su vida.
- Tengo miedo de que mi hija no llegue a ser económicamente independiente y autosuficiente.
- Tengo miedo de que las relaciones personales puedan lastimarla.

Muy bien, he reconocido mis miedos. Y reconozco que sólo son ideas, que en el “mejor de los casos” se quedarán en ideas, y en el “peor”, se harán “realidad”. Y tanto si sucede lo primero como lo segundo, ¿puedo hacer algo para cambiarlo? La respuesta es NO. Entonces, ¿por qué me empeño en luchar contra ello?

De los padres no se espera que evitemos lecciones a nuestros hijos, lo que realmente se espera de nosotros es que estemos ahí para cuando, después de una lección que en ocasiones resultará dolorosa o agotadora para ellos, puedan acudir a nosotros en busca de amor, comprensión, consuelo y compasión.

De modo que el otro día acepté, solté lastre, y por primera vez en estos 14 años de relación con mi hija, pude relajarme, pude comprender y aceptar que mi hija vino a este mundo con un propósito claro, con un camino trazado que recorrerá con mi aprobación o sin ella. Así que me pregunté: ¿dónde quieres estar tú, a su lado o contra ella?

De la aceptación dependen nuestra tristeza o alegría, nuestra paz o la ausencia de ella, el caminar con paso liviano por la vida o transitarla con una carga tan excesiva que no nos permite dar el paso siguiente.

Nuestros hijos no son nuestra responsabilidad desde el punto de vista de "su salvación", sino un espacio desde el que crecer a través de ellos. Nuestra única responsabilidad es para con nuestra propia vida. Nuestro único compromiso debe ser para con nuestro propio camino. Nuestro control, debe limitarse a la observación de nuestros pensamientos y reacciones ante las siempre cambiantes circunstancias externas. La perfección no hay que buscarla ni trabajar para alcanzarla, puesto que la perfección está aquí, está ahora ya con nosotros, tal como las cosas son en este momento.

Mi hija es mi principal maestra en esta vida, le doy las gracias por todas las bendiciones que vienen a mí en forma de lecciones que ella me muestra valiente, generosa y pacientemente.

Namasté.

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«En el mundo interconectado y globalizado de hoy, es común y corriente que gentes de opiniones, creencias y razas diferentes vivan juntas. Es una cuestión de suma importancia entonces, que encontremos maneras de cooperar con los demás, unidos en el espíritu de la mutua aceptación y el respeto.»
S.S. Dalai Lama
«No estoy aquí para enseñar en un sentido convencional, estoy aquí para romper tu corazón, para destrozarlo y dejarlo en pequeños pedazos, para reducirlo hasta que se convierta en fertilizante, para que de ahí surjan tiernos capullos de claridad y nuevos árboles de compasión y tal vez incluso pequeños brotes de sorpresa, regados con tus lágrimas y sudor y nutridos con tu cálida presencia, y estarás tan ocupado cuidando a tus adorados recién nacidos que ni siquiera te quedará tiempo para recordar que alguna vez olvidaste cómo abrir tu corazón.»
Jeff Foster
«Eres espacio... Los pensamientos, imágenes, sensaciones, sonidos, sentimientos, son tus contenidos. Tus contenidos se mueven, cambian, se reacomodan constantemente, sin embargo, el espacio que eres siempre permanece en perfecta quietud. Nunca eres limitado, definido o contenido, integrado ni amenazado por tus contenidos, a los cuales abrazas amorosamente, como una madre abraza a su bebé recién nacido. Saber lo que realmente eres -ese abrazo incondicional a todo el contenido de este momento- es la verdadera alegría.»
Jeff Foster
«Mi dedicación consiste en ser útil a los 7 billones de seres humanos de este planeta, conjuntamente con las criaturas con las que lo compartimos. Si puedes, ayuda y sé útil a los demás, si no puedes, al menos no los lastimes, entonces, cuando todo termine, no sentirás arrepentimiento.»
S.S. Dalai Lama
«Este es un cuerpo temporal, pero lo Intemporal vive en él. El juego de la vida es ir más allá del yo superficial y encontrar la sabiduría no dual y la unidad-amor, el cual es Realidad Intemporal. Es aquí dentro la cueva de tu propio corazón. Cuida al cuerpo, pero no lo adores. Adora a aquél que habita dentro de tu corazón.»
Mooji
«Si quieres ir hasta el final, arrójalo todo. Y justo ahí hay un gozo, una libertad, una luz. Despluma todo a la nada. Arroja tus apegos, tus deseos, tus necesidades e inmediatamente estarás en un estado de frescura total, integridad total. Todo ser humano debería hacer esto de vez en cuando. El buscador serio desarrolla esta despiadada actitud para liberar su mente del colesterol de la identidad egoica. Sé tan vacío y verás que el vacío es totalidad. Y mientras más lo hagas, más disfrutarás el sin esfuerzo de todo. Ignora la voz del intérprete, del periodista del contador o del matemático por un momento y no lo querrás de vuelta. Si quieres llegar hasta el final, arrójalo todo.»
Mooji
«Cuando dejas completamente de esperar una historia mejor, o mejores emociones, o mejores circunstancias, entonces la mente está abierta a indagar hacia aquello que está presente, ahora y siempre, y en paz de manera natural.»
Gangaji
«Cuando podemos reconocer que el alma madura de forma natural y algunas veces con dolor, podemos estar más dispuestos a abrirnos a lo que sea que estemos sintiendo. Podemos parar nuestro proceso de autoprotección y, en vez de eso, autoindagar. Si no nos resistimos a lo que sea que estamos experimentando, entonces la dulzura subyacente de la vida se encuentra incluso en los momentos más amargos.»
Gangaji
«Sufriste en exceso por tu ignorancia. Cargaste tus trapos para un lado y otro. Ahora quédate aquí. En verdad, somos una sola alma, tu y yo. He aquí el sentido profundo de mi relación contigo, porque no existe, entre tú y yo, ni yo, ni tú...»
Rumi
«La observación de sí acarrea ciertos cambios en los procesos internos del hombre… Al observarse arroja, por así decirlo, un rayo de luz sobre sus procesos internos, que hasta entonces trabajaban en completa oscuridad. Y bajo la influencia de esta luz, los mismos procesos comienzan a cambiar.»
George Gurdjieff