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MUCHAS FORMAS, UNA CORRECCIÓN

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "MUCHAS FORMAS, UNA CORRECCIÓN"



Del Libro de David Hoffmeister "Unwind Your Mind - Back to God" - Capítulo I
Traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

David: Comenzamos con la sección titulada La igualdad de los milagros, usándola como trampolín para profundizar en la comprensión de forma y contenido. La primera frase es una idea común con la que probablemente ya te has familiarizado trabajando con el Curso:

El único juicio involucrado en esto es que el Espíritu Santo divide la petición en dos categorías: una en la que se extiende amor y otra en la que se pide amor. T-14.X.7

El Espíritu Santo clasifica el total de los variados mensajes que la mente parece recibir del mundo exterior en dos categorías. Una es la extensión del amor y la otra es  la petición de amor. En la primera sientes la cálida resonancia de estar recibiendo amor. Cuando alguien tiene miedo o cree en la carencia de amor, eso no es sino una petición de amor. Cuando el amor se extiende, te sientes amoroso. Cuando hay una petición de amor, respondes con amor.

El ego tiene una tercera categoría: el ataque. Si no percibes amor ni petición de amor, lo que percibes es ataque; crees haber atacado a alguien o crees que alguien te ataca. Las defensas aparecen a causa de esta percepción errónea. La clave es que todo lo que tienes que hacer es sintonizar con el Espíritu Santo. Él sólo tiene dos categorías: amor y petición de amor. En cualquiera de los casos extiende; responde con amor. Continuando con este párrafo, pensamos: si es tan sencillo, ¿por q no sé percibirlo todo sólo como amor o petición de amor? ¿Por qué percibo ataques?

Tú no puedes hacer esa división por tu cuenta sin riesgos, pues estás demasiado confun­dido como para poder reconocer el amor, o para creer que cual­quier otra cosa no es sino una petición de amor. Estás demasiado aferrado a la forma, y no al contenido. Lo que consideras el con­tenido no es el contenido en absoluto. Es simplemente la forma, y nada más que la forma. Pues no respondes a lo que un her­mano realmente te ofrece, sino sólo a la percepción particular que tienes de su ofrecimiento tal como el ego lo juzga. T-14.X.7

Aquí se encuentra la idea de forma y contenido. Cuando lees algo así, piensas: Bueno, ya veo que mi problema es ese. Estoy confundido; me aferro demasiado a la forma. Mi respuesta inmediata siempre era: “Vale, enséñame más sobre esta distinción entre forma y contenido para que pueda empezar a sintonizar de verdad con el contenido”. Otra manera de acercarse a esto es la lección 161 del Libro de ejercicios. Ayuda a darle cierto contexto al tema de forma y contenido:

La condición natural de la mente es una de abstracción total. Mas una parte de ella se ha vuelto antinatural. No ve todo como si fuese uno solo, sino que ve únicamente fragmentos del todo, pues sólo de esa manera puede forjar el mundo parcial que tú ves. El propósito de la vista es mostrarte aquello que deseas ver. Todo lo que oyes le trae a la mente únicamente los sonidos que ésta desea oír. Así fue cómo surgió lo concreto. Ej-161.2

Lo concreto es análogo a la forma en este sentido: las formas siempre son concretas. Cada objeto del cosmos que podemos nombrar es concreto. Parece que "libro" es diferente de "pierna" de manera concreta, "dedo" es diferente de "nariz" de manera concreta, y así sucesivamente. Todo el mundo de lo concreto es un mundo de sueños, pero luego él da media vuelta y dice:

Y ahora son las cosas concre­tas las que tenemos que usar en nuestras prácticas. Se las entre­gamos al Espíritu Santo, de manera que Él las pueda utilizar para un propósito diferente del que nosotros les conferimos. Él sólo se puede valer, para instruirnos, de lo que nosotros hicimos, pero desde una perspectiva diferente, a fin de que podamos ver otro propósito en todo. Ej-161.3

Y aquí hay un atisbo del final, en el párrafo siguiente:

Un hermano es todos los hermanos. Y en cada mente se encuentran todas las mentes, pues todas las mentes son una. Ésta es la verdad. No obstante, ¿aclaran estos pensamientos el signifi­cado de la creación? ¿Te brindan estas palabras perfecta claridad? ¿Qué parecen ser sino sonidos huecos; bellos tal vez, correctos en el sentimiento que expresan aunque fundamentalmente incom­prendidos e incomprensibles? La mente que se enseñó a sí misma a pensar de manera concreta ya no puede aprehender la abstrac­ción en el sentido del abarcamiento total que ésta representa. Necesitamos poder ver un poco para poder aprender mucho. Ej-161.4

Estos pasajes dejan el problema bien enfocado: en mi situación actual pienso de manera concreta y compartimentada, pero en su estado natural mi mente es abstracta.

Eso me dice que para llegar a la paz es necesaria una transformación de mi consciencia, una transformación de la mismísima manera en que pienso. Eso me proporciona un contexto; al menos ya no estoy a oscuras sobre de qué se trata. En el pasado pensaba: si pudiera encontrar la relación adecuada, conseguir cierto reconocimiento por parte del mundo, la fama, o la meta que sea, eso me traería la felicidad. Es estupendo llegar al punto de darme cuenta de que lo que tengo que hacer es cambiar mi forma de pensar. No se trata sólo de tener pensamientos felices o  positivos. Tengo que aprender a devolverle el pensamiento al Espíritu Santo para que mi percepción se vuelva unificada.

El siguiente párrafo me fue de gran ayuda. Recuerdo haber estudiado todo tipo de teorías psicológicas, filosóficas y espirituales. Las teorías pueden resultar fascinantes, pero uno puede quedarse cautivo de la fascinación con el estudio de teorías sobre la mente. Eso le encanta al ego. El Curso nos dice que vayamos hacia la experiencia. ¡Mereces tranquilidad de espíritu! No te quedes en una vía muerta.

El ego es incapaz de entender lo que es el contenido, y no se interesa en él en absoluto. Para el ego, si la forma es aceptable el contenido lo es también. De otro modo, atacará la forma. Si crees que entiendes algo de la "dinámica" del ego, déjame asegurarte que no entiendes nada. Pues por tu cuenta no podrías entenderla. El estudio del ego no es el estudio de la mente. De hecho, al ego le encanta estudiarse a sí mismo, y aprueba sin reservas los esfuerzos que, para "analizarlo", llevan a cabo los que lo estudian, quienes de este modo demuestran su importancia. Lo único que estudian, no obstante, son formas desprovistas de todo contenido significativo. Su maestro no tiene sentido, aunque les oculta este hecho con gran celo tras palabras que parecen ser muy elocuentes, pero que cuando se enlazan revelan su falta de coherencia. T-14.X.8

Se puede ver que, si el ego disfruta estudiándose a sí mismo, esa es otra trampa a la hay que estar atentos. Puede haber muchas palabras. Oí decir a nuestro amigo: "No quiero estar cautivo de las palabras". Al ego no le inquieta que haya gente por ahí soltando chorritos del Curso al pie de la letra, mientras sigan agarrados a un concepto del yo que esté de acuerdo con la separación. Hay un sentimiento de demasiadas palabras, de intentar esconderse tras una máscara de palabras y de intelectualismo. Tenemos que encontrar la experiencia por medio del silencio. ¡Acalla la mente! Ahí es donde está la experiencia.

Ahora que tenemos una pequeña introducción a forma y contenido, podemos mirarlos mucho más de cerca con la sección titulada Muchas clases de error, una sola corrección, la segunda del Capítulo 26. Las lecciones del Libro de Ejercicios que siguen el tema de esta sección son la 79 y la 80. La lección 79, “Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto” explica que mientras sigas definiendo tus problemas en términos de forma –en términos de lo concreto–, nunca llegarás a tener la mente en paz porque no es ahí donde están los problemas. Tienes un problema de percepción que se ha de resolver. Esta sección lo concentra todo en una sola corrección.

Es fácil entender las razones por las que no le pides al Espíritu Santo que resuelva todos tus problemas por ti. Para Él no es más difícil resolver unos que otros. Todos los problemas son iguales para Él, puesto que cada uno se resuelve de la misma manera y con el mismo enfoque. Los aspectos que necesitan solución no cambian, sea cual sea la forma que el problema parezca adoptar. Un problema puede manifestarse de muchas maneras, y lo hará mientras el problema persista. De nada sirve intentar resolverlo de una manera especial. Se presentará una y otra vez hasta que haya sido resuelto definitivamente y ya no vuelva a surgir en ninguna forma. Sólo entonces te habrás liberado de él. T-26.II.1

¡Hay mucho motivo de regocijo en que sólo haya un problema! Parece que hay capas y capas de oscuridad y complejidad. Lidiar con problemas, sean de relaciones, financieros, o de salud… es como intentar tapar agujerillos diminutos en un dique. Cada nuevo día parece traer consigo otra oleada nueva. Puedes sentir que los puedes manejar; los has estado manejando todos los días, año tras año pero, ¿es que no quieres que se acaben esas oleadas de problemas? ¿No sería más reposado no tener que lidiar con esas oleadas, permanecer en un lugar de tranquilidad?

¡Sí! ¡Sí! ¡Los quiero todos resueltos de un plumazo, en un instante!

El Espíritu Santo te ofrece la liberación de todos los problemas que crees tener. Para Él, todos ellos son el mismo problema por­que cada uno, independientemente de la forma en que parezca manifestarse, exige que alguien pierda y sacrifique algo para que tú puedas ganar. Mas sólo cuando la situación se resuelve de tal manera que nadie pierde desaparece el problema, pues no era más que un error de percepción que ahora ha sido corregido. Para Él no es más difícil llevar un error ante la verdad que otro. Pues sólo hay un error: la idea de que es posible perder y de que alguien puede ganar como resultado de ello. Si eso fuese cierto, entonces Dios sería injusto, el pecado posible, el ataque estaría justificado y la venganza sería merecida. T-26.II.2

Fíjate bien en esta frase: “Pues sólo hay un error: la idea de que es posible perder y de que alguien puede ganar como resultado de ello”. Si sólo hay un error, necesitamos aclararnos sobre ese único error. De ahí procede la liberación. ¿Qué pensamientos vienen a la mente? ¿Qué pérdidas parecen reales y tangibles en este mundo?

Si el banco te desahucia de tu casa, parece que alguien pierde una casa y alguien la gana. Si hay cinco candidatos a un premio, alguien gana el reconocimiento, el respeto y puede que hasta el dinero. Y luego viene la categoría de los perdedores. Digamos que varias empresas se presentan a un concurso por un gran proyecto; una empresa acaba ganando el concurso y las otras lo pierden. Incluso en las discusiones entre personas parece que hay una batalla de ingenios, a ver quién aporta más pruebas que apoyen su postura. Puede alargarse mucho como si fuera una batalla para decidir quién tiene la razón. El que parece acabar demostrando lo suyo (Ya te lo dije), parece tener la razón y el otro parece estar equivocado. A menudo se basa en que dos personas desean resultados diferentes. Cualquiera que sea el resultado, puede parecer que se queda contento el que se sale con la suya.

El mundo entero, tal como está establecido, se basa en las pérdidas y las ganancias. Y esto, a su vez, en los cuerpos. Los cuerpos parecen perder y ganar. Todo el sistema de la libre empresa se basa en la competición, en las pérdidas y las ganancias. El mundo entero, tal como está construido, se basa en eso, y por eso tengo que liberar mi mente de la identificación corporal y volver a esa condición o estado que se llama mente. Esa es la única condición en la que no hay pérdidas ni ganancias.

Hemos tocado muchos asuntos manifiestamente físicos. Pasemos ahora a la esfera de lo mental. Has oído hablar de los alfileres que se clavan en los muñecos de vudú, para traer cosas malas a otra persona. Parece que se le hace daño a alguien, esta vez de una manera más psíquica. Y has oído a gente que dice que alguien les ha estropeado la mente o ha jugado con ella, figuras como Charlie Manson, Jim Jones o David Koresh. Vienen a la mente algunos de estos personajes, como si les hubieran lavado el cerebro a otros. Piensa sólo en la creencia que tiene que haber debajo de eso. Hay obviamente una creencia en que se puede dañar a las mentes, sea con el vudú o con el lavado de cerebro. Existe la idea de que ciertas mentes son vulnerables y otras son dominantes. Parece que las mentes vulnerables pueden ser atacadas.

Parece como que el líder o el gurú es el que gana el control. Cuerpos más fuertes parecen dominar a cuerpos más débiles; las grandes corporaciones parecen aniquilar a los pequeños negocios, en el sentido físico. En el sentido mental, mientras se crea que las pérdidas y las ganancias son posibles, la tranquilidad de espíritu no lo será. La Filiación está repartida en dos facciones: víctimas y victimarios. Nosotros nos acercamos poco a poco al milagro, que ve las pérdidas y ganancias como imposibles. Una idea clave es la creencia en mentes privadas. Las mentes privadas parecen ser dominantes o dominadas.

Para este único error, en cualquiera de sus formas, sólo hay una corrección. Es imposible perder, y creer lo contrario es un error. T-26.II.3

Piensa en la idea de pérdida. ¿Pueden las pérdidas venir de Dios? Si todo son ideas, lo cual vamos empezando a entender, la idea de pérdida es una idea del ego. Es una de las piedras angulares del sistema de pensamiento basado en el miedo.

Es imposible perder, y creer lo contrario es un error. Tú no tienes problemas, aunque pienses que los tienes. No podrías pensar que los tienes si los vieses desaparecer uno por uno, independientemente de la magnitud, de la complejidad, del lugar, del tiempo, o de cualquier otro atributo que percibas que haga que cada uno de ellos parezca diferente del resto. No pienses que las limitaciones que impones sobre todo lo que ves pueden limitar a Dios en modo alguno. T-26.II.3

La equidad es un tema estupendo para tratar, porque en este mundo a menudo se identifica la justicia con la equidad. Pero entonces la pregunta es: ¿Qué es lo equitativo? Algunos dicen que equidad es igualdad –la misma paga por el mismo trabajo. Eso suena bastante bien, pero entonces leemos la parábola del propietario que sale por la mañana y contrata alguna gente para trabajar en su tierra. Les dice que les pagará un denario por el trabajo de un día. Luego sale alrededor de las dos de la tarde y contrata unos cuantos más y les dice: "os pagaré un denario". Alrededor de las cuatro y de nuevo a las seis de la tarde vuelve a contratar más obreros y les dice: "os pagaré lo que sea justo". Al final del día le paga un denario a cada obrero. Naturalmente los obreros que vinieron al principio de la jornada no están muy contentos.

Participante: Acalorados.

David: ¡Acalorados! ¿Me estás diciendo que los que han trabajado sólo unos pocas horas se llevan la misma paga que yo? Recuerdo que la primera vez que repasé esta parábola con una amiga, ella dijo, “¡Eso no es equitativo! ¡Hay que darle más dinero a los que comenzaron antes, se lo merecen!” Jesús utiliza esto como una enseñanza. Está diciendo que así es el Reino de los Cielos: consigues lo mismo con independencia de cuánto tiempo hayas trabajado para conseguirlo.

La frase habitual del que se disgusta es: "¡No es equitativo!" Pero no importa cuánto te esfuerces por alcanzar la igualdad en el mundo, –puedes intentar que haya leyes de igualdad de oportunidades, etc. – nunca la vas a alcanzar. Llegas a un punto en el que sientes que la idea de igualdad no funciona en la forma. No es que unos sean mejores y otros sean peores; toda la Filiación es igual. Pero no puede haber igualdad en la forma. Mientras busques igualdad en la forma no la encontrarás, pero la puedes encontrar en el milagro; el milagro es la percepción del Espíritu Santo y Él ve a todos como el mismo. En el milagro, el vudú es imposible. Las sectas son imposibles. Que una mente domine a otra es imposible. El Espíritu Santo ve todo eso como una idea absurda.

El Espíritu Santo nos enseña a ver que no hay culpabilidad. ¡Qué alivio para el que ante los ojos del mundo parece ser el autor de una matanza! El mundo dice: Fríanlo, o, Enciérrenlo por el resto de su vida. Y luego está el que parece vivir una vida ideal, el filántropo que dona montones de dinero. A los ojos del mundo no hay comparación entre estos dos.

Participante: No son iguales.

David: No son iguales de ninguna de las formas posibles. Pero Jesús dice: Tu percepción es confusa. Eso me ayuda a reconocer que no sé evaluar; que no sé pesar con la balanza de la justicia. No tengo que enfadarme con unos y tener pena de otros. Lo que necesito es ver el mundo de manera diferente. Necesito ver lo equivocado que he estado sobre TODAS LAS COSAS. Esto es muy diferente de las espiritualidades que definen lo que es bueno y sagrado y dictan lo que se necesita hacer para ir al Cielo. Hay citas de la Biblia sobre reunir a los malvados y pegarles fuego. La gente se las toma de manera literal.

Comprender la parábola del trigo y la cizaña es ver el trigo como los pensamientos de la mente recta y la cizaña como los pensamientos de la mente errónea. Al final se recogen todos y unos se ven como ilusorios y se disuelven. Uno se queda con el fruto. El fruto es la parte comestible; uno se queda con la parte buena. Para mí, esas parábolas son para enseñar que lo que necesita arreglo es lo que se piensa.

Participante: ¿Entonces hay bien incluso en esa mala persona? ¿Es eso lo que estás diciendo? ¿Se va a arreglar? ¿Todavía va a ser la mente Única?

David: Esto se aleja incluso de las personas. Recuerda, esto trata de: Esta lección es para mí, es mi mente y ahora mismo hay una mezcla de trigo y cizaña. Parece que el pensamiento del ego ha crecido ahí dentro y que mi mente está infestada. Todavía tiene el trigo, aún tiene el sistema de pensamiento del Espíritu Santo, pero está todo mezclado. El Espíritu Santo te guía en la selección. Entonces empiezas a ver que el pensamiento recto es contenido o propósito. No tengo que prestarle atención a todas las formas que mi hermano parece hacer. Sólo necesito ponerme en contacto con el pensamiento recto.

Esto a menudo vuelve al cuerpo. Duele cuando uno juzga a los demás. Y cuando juzgas a este cuerpo duele justo lo mismo; la vergüenza, el reproche y la culpabilidad se vuelcan sobre este cuerpo. Espíritu Santo, no sé quién soy. Quiero que me ayudes a resolver eso en mi mente para que pueda llegar a experimentar lo que soy en realidad–que es mente o Espíritu, no cuerpo.

El milagro de la justicia puede corregir todos los errores. T-26.II.4

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