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LAS DEFENSAS CONTRA LA VERDAD

 

Libera Tu Ser - Un Curso de Milagros - Reflexiones: "LAS DEFENSAS CONTRA LA VERDAD"


 

Por Anna Horno

 

En este extraño y retorcido juego de ataque-defensa del ego, todo vale. Es tan «útil» proyectar tu culpabilidad hacia afuera (sobre otros cuerpos o sobre las circunstancias del mundo), como hacia adentro (tu propio cuerpo). Habitualmente es una combinación de ambos.

La enfermedad, como cualquier otro símbolo de carencia (falta de recursos, falta de relaciones personales satisfactorias, falta de alegría, etc.), está reflejando el principio de escasez propio del ego. Toda idea de carencia procede de la creencia de que la separación realmente tuvo lugar, y que fruto de la ruptura con nuestra Fuente, somos indignos e inmerecedores, porque somos culpables. En manos del ego, toda forma de limitación cumple cuatro propósitos muy concretos.

En primer lugar, toda aparente carencia, es percibida por el ego como un «problema». Así, te mantiene tan ocupado tratando de arreglar el mundo y tus circunstancias particulares, que no te das cuenta de lo que realmente está sucediendo. No hay mundo, ahí fuera no hay nada que necesite ser transformado, ni mejorado, ni solucionado...

En segundo lugar, está claro ya que tu culpa inconsciente necesita ser proyectada, y lo haces atacándote incluso a ti mismo, o mejor dicho, a ese cuerpo que crees ser tú. En un nivel muy profundo, piensas que tu sufrimiento aquí, conseguirá disminuir el castigo que tu Padre te tiene reservado por ese «pecado» que crees haber cometido.

En tercer lugar y derivado de lo anterior, sin darte cuenta, mediante la limitación del tipo que sea, estás apoyando la idea del sacrificio. El ego te ha enseñado que el sacrificio es el camino hacia la salvación, fíjate que incluso parece que Jesús se sacrificó por nosotros. Pero el sacrificio no procede del Amor, sino del miedo. El sacrificio lleva implícita la idea de que eres culpable y debes pagar por tu pecado.

Por último, al probar que tú, siendo un cuerpo, eres capaz de sufrir hasta finalmente morir, crees que con ello impones tu voluntad de una existencia finita, por encima de tu inmortalidad, que es la Voluntad de tu Creador. Así, manteniéndote separado de Su Voluntad, perpetúas la ilusión de que te encuentras a salvo de Él y de Su «cruel castigo».

Por esta razón nunca eres la víctima, sino el responsable del mundo que ves. Nadie te está haciendo nada, tú te lo estás haciendo a ti mismo.

Creer que el cuerpo puede sufrir, es el primer error en este mundo demente de víctimas y villanos, por la sencilla razón de que el cuerpo es incapaz de sentir. Podrás creer que estás experimentando un dolor en un brazo, en la cabeza o en cualquier otra parte del cuerpo, pero en realidad, el dolor lo experimentas con la mente. El cuerpo es tan neutro como cualquier otra cosa de las que crees experimentar aquí, de ahí su incapacidad para tomar decisiones. Es la mente la que decide, y es la mente la que le dice al cuerpo qué ver, qué oír, qué sentir e incluso qué pensar de cuanto acontece en el mundo. Te identificas tan íntimamente con tu cuerpo, que crees que entorno a él gira todo suceso, crees que el mismo es automotivado e independiente, cuando en realidad no es más que un títere en manos de esa parte de la mente que cree en la separación: el ego. Y el cuerpo, se convierte así en el santuario y principal testigo de esa idea.

Nada de lo que ves lo ves con los ojos del cuerpo, nunca nada de lo que experimentas lo experimentas con tus sentidos físicos. Siempre  sucede en la mente, todo sucede en la mente. Por eso cuando duermes, cuando tus ojos están cerrados, continúan llegando imágenes a tu conciencia; por eso, aun en el silencio exterior, puedes escuchar sonidos en tu interior. El oído traduce, no oye. El ojo reproduce, no ve. Y tanto lo traducido como lo reproducido, reflejan el contenido de tu propia mente. Los sentidos físicos son sólo la pantalla sobre los que la mente proyecta la ilusión de un mundo, son los receptores de una idea.

El cuerpo no siente, sino que da fe. El cuerpo es el portavoz del ego en el mundo, es el fiel sirviente del ego, que acepta sin cuestionar las órdenes de su amo. Todo lo que procede del cuerpo es un falso testimonio, una defensa contra la Verdad.

Por esta razón nunca eres víctima, sino responsable del mundo que ves; por esta razón toda aparente forma de carencia, es un mecanismo de defensa con el que mantener alejada de tu conciencia tu verdadera identidad… en tus manos está elegir de nuevo, esta vez de la mano de Jesús.

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