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LA ORACIÓN DE LA SERENIDAD
NINGÚN CONTROL SOBRE EL MUNDO

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "LA ORACIÓN DE LA SERENIDAD<br>
NINGÚN CONTROL SOBRE EL MUNDO"



Del Libro de David Hoffmeister "Unwind Your Mind - Back to God" - Capítulo IV
Traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

David: Vayamos al mismísimo núcleo del tema, para que tengamos claro que este viaje no tiene por qué ser largo necesariamente. Quiero ir derecho al núcleo para que haya claridad.

Un curso de milagros es un libro de casi 1.400 páginas. La sabiduría de su núcleo está contenida en la Oración de la serenidad:

«Concédeme, Oh Dios, la serenidad de aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor de cambiar las que puedo, y la sabiduría para distinguirlas

De manera muy condensada, el Curso trata de recibir sabiduría para distinguir entre las primeras dos frases: las cosas que puedo cambiar y las cosas que no. Para aceptar las cosas que no podemos cambiar y cambiar las que podemos cambiar, necesitamos sabiduría para distinguirlas. Ahí entran el discernimiento y la discriminación.

Necesitamos entrar en ello en profundidad, para ver esas dos frases tal como son. En cuanto ves esos dos pasos tal como son en verdad, todo el esfuerzo se acaba, el viaje ya no es lineal.

Tu voluntad sigue siendo incapaz de oponerse a lo que la Suya dispone, y ésa es la razón de que no tengas ningún con­trol sobre el mundo que fabricaste. T-12.III.9.

Examina detalladamente esa frase un momento. Observa lo que surge en torno a ella. ¿Qué sentimientos te despierta? ¿Qué significa para ti no tener ningún con­trol sobre el mundo que hiciste?

Participante: Mi primera reacción es: ¡Oh, no! Es una mala noticia no tener ningún con­trol sobre el mundo que hice. Luego, al mirarla con más detenimiento, hay más sensación de alivio: si no tengo control sobre el mundo que hice, no tengo que seguir intentando controlarlo. Alivia pensar que no hay necesidad de intentar controlar lo incontrolable. Puedo quitarle las manos de encima sin más, porque es inútil seguir intentándolo si no sirve de nada. Es perder el tiempo, un juego. ¿Por qué voy a poner la atención y la mente ahí?

David: ¿Te das cuenta que esa frase lo abarca todo? No tienes ningún control sobre el mundo que fabricaste. Antes tuvimos una conversación sobre alguien que te parece que habla demasiado. Eso cabe bajo el paraguas "no tienes ningún control” ¿Ves cómo se ajusta a eso, igual que a cualquier problema concebible con las cosas concretas y cualquier deseo de que las cosas sean diferentes de cómo son?

Participante: Sí. Eso viene a la mente… todos esos desear que las cosas sean diferentes de como son, y la idea de que si lo fueran, todo sería tantísimo mejor.

David: Una vez nos pasamos una sesión entera hablando del desasosiego que sentías. Le seguimos la pista muy cuidadosamente hasta la creencia de que tienes alternativas en el mundo de la forma. ¿Ves cómo esto abarca aquello? Todo el concepto de tener que elegir entre cosas, circunstancias, acontecimientos y objetos; todo el esfuerzo y la lucha y hasta el desasosiego de preguntarte qué haces después, o de sentir que deberías estar haciendo algo distinto; ¿ves que todo queda englobado en no tienes ningún control sobre el mundo que hiciste?

Participante: Sí, eso parece claro, pero yo tengo la idea de que el control le corresponde a mi mente, de que mantener mi mente centrada en mi propósito me dará control sobre el mundo. Todavía conservo la idea de que el mundo y la gente podrían cambiar como un reflejo del cambio en mi mente. Ése sería el control que tengo. El control vendría por medio de mi mente y se reflejaría fuera en el mundo.

David: La gente dice cosas como: "Conforme yo me aclare, la evolución del mundo mejorará y se volverá un sitio más pacífico". Ése es un ejemplo sutil de creer todavía que, de alguna manera, tengo control sobre el mundo. Se trata de llegar al meollo de la Oración de la serenidad, donde ves qué cosas puedes cambiar.

Participante: Sólo mi mente.

David: El Curso dice: "Ciertamente tienes control sobre tu mente". T-12.III.9. Eso lo deja bastante claro. Aunque no tengas ningún control sobre el mundo que fabricaste, sobre tu mente sí que tienes control. Ahí está el control. Esa frase no dice nada sobre el mundo. ¡Nada!

Participante: Pero el mundo está en mi mente. ¿Cuál es la diferencia?

David: Cuando hablamos de no tener "ningún control sobre el mundo que fabricaste" (T-12.III.9), estamos hablando del mundo proyectado o del "guión". Puedes incluso llamarlo el mundo que se proyectó a partir de los pensamientos de la mente errada. Sobre eso no hay ningún control. Pero hay control del propósito que le doy al mundo. Estamos distinguiendo claramente forma de contenido. La idea de que tienes control de tu mente trae al centro los dos propósitos de la mente: el propósito del ego y el del Espíritu Santo. Ahí tienes control, porque esa es la decisión. De hecho, el propósito es la única decisión que tienes. Todavía es una metáfora, porque en el Cielo no hay ninguna decisión en absoluto. Pero no puedes alcanzar ese estado hasta que veas dónde se encuentra la alternativa, dónde tienes el verdadero control.

Lo que puedo cambiar es mi mente: puedo decidir entre esos dos propósitos. La frase: "aceptar las cosas que no puedo cambiar" se refiere al guión o al mundo proyectado. Como lo dice el Curso, "No trates [...] de cambiar el mundo, sino elige más bien cambiar de mentalidad acerca de él." T-21.in.1. Eso encaja bien con: No trates de cambiar el mundo. ¿Por qué? ¡Porque no tienes ningún control sobre el mundo que fabricaste! Es inútil y estéril intentar hacer cambios donde no hay posibilidad de cambio.

Participante: ¿Entonces la idea de que el mundo es un reflejo de ninguna manera implica que haya control sobre el guión? ¿Sólo mi manera de mirarlo reflejará el propósito que le doy? Si llevo el propósito del ego a lo que veo, eso es lo que se me reflejará desde el guión. Y ese mismo guión me reflejará el propósito del Espíritu Santo, si eso es lo que tengo en mente.

David: Sí. En ese sentido el mundo es simbólico: representa el propósito al que me aferro. Lo único sobre lo que tengo control es sobre la elección del propósito que le doy al mundo. El "mundo real" es ver y adoptar el propósito del Espíritu Santo como única alternativa. Eso le otorga al mundo un significado completamente distinto del que le da el propósito del ego, que es sólo reforzar la separación y la culpabilidad. Pero el mundo real no tiene ningún propósito real, en el sentido de que cuando se alcanza, se ve que no lo tiene. Si tuviera un propósito real tendría realidad, pero el mundo real es una ilusión también. No necesitamos precipitarnos demasiado rápido con esto. Queremos sólo seguirlo hacia dentro con la Oración de la serenidad, para ver qué es lo único que se puede controlar.

Participante: Para mí, importa recordar que el reflejo que se me devuelve no tiene ninguna existencia objetiva. Todo depende de cómo lo miro. No hay nada en él aparte de cómo lo miro yo. Estoy pensando en lo que alguien me dijo hace poco: "Si empiezo a mirar las cosas de manera diferente, ¿cambiarán las cosas en la forma?" Pero no se trata de que nada cambie en la forma. Se trata sólo de mi percepción, o de la interpretación que le atribuyo a esa forma.

Participante: Sí. No es un cambio en la forma. En realidad es un cambio en cómo veo el guión. ¡El guión está escrito! Un cambio en mi mente no cambia nada en el guión. Cambia sólo mi percepción del guión.

David: Empezamos con algo sencillo: "No tienes ningún control sobre el mundo que fabricaste". Ahora sacas a relucir que "el guión está escrito". Eso parece ir bien con "no tienes ningún control sobre el mundo que fabricaste". Si está escrito, si es tiempo pasado, está acabado. ¿Cómo se cambia un cuadro que está acabado? ¿Cómo cambias algo si ya está acabado? Y esto añade el sentido del tiempo. La razón metafísica de que no tengas ningún control sobre el mundo es que todo es pasado. Lección 7: "Sólo veo el pasado". Mi mente está absorbida con pensamientos del pasado. Esos pensamientos del pasado me están mostrando un mundo del pasado y por tanto, si creo que puedo cambiar la pantalla, por así decirlo, o cambiar el guión, entonces ¿qué es lo que creo? ¡Creo que puedo cambiar el pasado!

Participante: O creo que no es realmente pasado, que es el presente en lugar del pasado.

David: Sí. Cuando miramos con los ojos del cuerpo vemos por medio de la mente errada. La mente errada sólo ve el pasado. Cuando se nos ilumina sobre esto, llegamos a ver que cualquier intento de cambiar cosas en el mundo es un intento de cambiar el pasado. Esa es toda la base de las relaciones especiales. La mente cree que ha sido despojada. Sigue buscando fuera de sí misma porque sigue intentando ponerle remiendos a la pantalla. Otro cuerpo, otra relación, otro empleo, otra casa, otro clima, más dinero, más ídolos, cualquiera que sea la forma que tomen. Pero bajo todo ello se encuentra el pensamiento: He sido despojado en el pasado y creo que puedo remendar la pantalla o cambiar el contenido de la consciencia y reorganizarlo de una forma que me permita conseguir lo que me han quitado. Pero no funciona. Intentar compensar el despojo en el mismísimo sitio donde se cree que ocurrió, no puede funcionar. El único lugar de completitud es mi mente. El Espíritu Santo es la respuesta a lo que parezco sentir como carencias. De repente, con estos principios metafísicos básicos, todas las secciones sobre relaciones especiales empiezan a encajar.

Participante: ¿Se trata de reconocer que no hay despojo en el mundo? El único vacío, vacuidad o incumplimiento está en la mente que cree en la carencia.

David: Y lo llames principio de escasez, carencia, o despojo, es el propósito del ego. Hay sólo dos propósitos en la mente. Por tanto, la única manera de ver la solución del problema es cambiar el propósito en la mente. No tiene nada que ver con el mundo.

Otra cita que encaja con esto es: "Solamente un propósito firme puede otorgarle a cualquier acontecimiento un significado estable." T-30.VII.3. ¡Claro! Lo que hace que todo parezca acontecimientos separados y disociados es el propósito del ego. El propósito firme es el hilo que enlaza todos los acontecimientos. En realidad el guión es continuo, en lugar de acontecimientos discretos. Después hice esto y ocurrió aquello, y luego fui allá. Así se habla cuando la mente cree en el tiempo y en los acontecimientos secuenciales. Pero una vez que comprendemos que existe un propósito que los enlaza, tiene lugar la fusión de todos los acontecimientos.

Participante: Me alegra que estemos mirando al propósito y expresándolo en el contexto de que el guión está escrito, porque saca todo completamente fuera del "hacer". El guión está escrito. No tengonada que hacer con el guión.

David: Sí. Las mentes no hacen. Las mentes no actúan. El propósito no está en el ámbito de las acciones.

Participante: ¿Entonces cada vez que creo estar haciendo, no estoy mirando desde el propósito?

Participante: Hay todo este elegir: ¿Hago esto o aquello? ¿Qué se supone que hago ahora? Entonces me he olvidado totalmente de que ya está hecho, de que el guión ya está escrito. "¿Qué se supone que tengo que hacer?" es la pregunta equivocada.

David: Me gustaría aclarar esto un poco más, porque otra vez estamos hablando de peldaños. En el Libro de Ejercicios dice que hagamos preguntas muy concretas: "¿Qué quieres que haga? ¿Adónde quieres que vaya?". W-71.9. Alguien podría leer eso y pensar: ¿Y si soy guiado a hacer algo, a llamar a alguien? Eso parece "hacer". ¿Y si soy guiado a mudarme a algún sitio, o a esto o a lo otro?

Participante: Creo que cuando hay guía y está clara, esa pregunta no surge. Está muy claro.

David: Sí, pero necesitamos profundizar en el punto del que estoy hablando. Aceptar la Expiación es aceptar el propósito en la mente, y es un propósito abstracto. Es llegar al punto de ver la imposibilidad de hacer. Recuerda la sección No tengo que hacer nada, donde habla de sumergirte en la mente. El instante no santo es el tiempo de los cuerpos, pero no hay ni un sólo instante en el que el cuerpo exista en absoluto. Esas son el tipo de frases que apuntan a lo que estamos hablando: las mentes no hacen. Tiene que haber confusión de niveles si me percibo haciendo algo: ocho horas sentado en cierta postura, saliendo y viajando por el país, hablando, o cualquiera de las cosas de las que hemos hablado como metáforas que forman parte del plan del Espíritu Santo. Necesitamos sumergirnos en la mente más abajo que cualquier concepto, ir hacia la aceptación de la Expiación. Ése es el propósito. Eso debería quedar claro en esta conversación. No tiene en absoluto nada que ver con el mundo. Por eso hablamos de pasar al misticismo. Debería ser otro paso para empezar a ver que no hay donde ir sino al misticismo, en el sentido de que la solución está en la mente. Lo que circunda nuestra conversación es la experiencia de estar envueltos en el silencio para oír esa voz y aceptar ese propósito.

Participante: Esto resuena de verdad en mí. Estoy intentando ver la consistencia entre lo que estás diciendo ahora, y algunas de las cosas que vamos a hacer de las que hemos hablado antes. Cuando hablamos de esas otras cosas, a veces hay algo que no parece del todo correcto. Cuando hablamos de "hacer cosas", de ir aquí o allá a hacer esto o lo otro. De alguna manera tengo que ver que esas cosas son todavía trampolines. Pero a veces pienso: ¿Por qué ponemos tanta energía y tanta atención en cosas que sólo son trampolines? ¿Por qué no vamos sencillamente al paso definitivo, al paso final, en lugar de dar tantos pasos de trampolín?

David: Está bien que saques esto a relucir porque, como dije, se trata de conseguir claridad. Conforme vamos hacia esta cosa definitiva, se siente la invitación a entrar en el silencio. Las cosas de las que hablamos -hacer reuniones y todo eso-, son todas periféricas. Todo eso es para la mente que se resiste a lo definitivo. A lo mejor lo puedo expresar en el contexto de sumergirse en la mente. Soltarlo todo completamente e irse al silencio, abrir la mente a la experiencia de la revelación, es lo definitivo. La pregunta que veo venir es: "¿Dónde encaja aquí lo perceptual, el ir a sitios a hacer cosas?" La mejor respuesta se encuentra al principio del Curso, donde Jesús habla de milagros y revelación. Dice que cuando la mente teme demasiado a la revelación, tiene demasiado miedo a la luz, los milagros son necesarios para prepararla. Los milagros reducen el miedo, parecen colapsar el tiempo. En cierto sentido, esta conversación es un milagro. Los actos que realizas desde tu propósito, colapsan el tiempo, preparan a la mente.

Participante: Sí, he tenido esa experiencia. La confianza se ha hecho más profunda gracias a los milagros. Y al profundizar la confianza, la atracción hacia la luz o hacia experimentar la revelación aumenta. Todo es simultáneo. Ocurre a la vez. Esto responde a mi pregunta de por qué parece necesario hacer todas esas cosas. No es realmente necesario, pero ayuda a disminuir el miedo.

David: Otra manera de expresarlo es describir los milagros como medios y la revelación como el fin. Para alcanzar el fin hay que querer los medios. Todo lo que hacemos -cuando hablamos de empezar por lo concreto y llevarlo de vuelta a cómo percibo esto en la mente-siempre es volver al milagro. Tienes que querer y desear los medios para alcanzar el fin. El fin es aterrador para la mente enferma. No es que la mente enferma tenga tantas dificultades con los milagros, es que le aterroriza el fin. Por eso no quiere los medios. Prefiere centrarse en cosas concretas y en el cuerpo, y utilizarlos como vía para su expiación con "e" minúscula, que es la muerte en realidad. El ego tiene un propósito para el mundo, y los medios para lograrlo son centrarse en lo concreto y utilizarlo para conseguir lo que quiere. Debajo de todo eso está su objetivo de reforzar la separación, perpetuar el sueño y protegerse a sí mismo. Lo que le da la media vuelta es: los milagros son el medio para alcanzar la revelación. Reducen el miedo. Colapsan el tiempo y suprimen la culpabilidad. La revelación está ofrecida. Está dada por Dios, pero el asunto es ser conscientes de ella, y abrirse a recibir lo que ya está dado. Si la mente tiene demasiado miedo, no va a abrirse. Las características de los maestros de Dios comienzan por la confianza, y la última característica del maestro de Dios es la mentalidad abierta. Tiene sentido, porque lo que falta cuando el maestro de Dios avanzado ha abandonado el ego y todos los miedos, es la apertura a recibir lo que siempre ha estado ahí pero estaba negado.

Mientras hay identificación con el cuerpo, por sutil que sea, todavía existe personificación. Ni siquiera hace falta que la mente crea que es un cuerpo, si la mente cree que está en un cuerpo o que funciona por medio de un cuerpo, todavía existe personificación. Aún hay división sujeto/objeto. Aún hay algo de personalidad. Y con ello hay temor a la revelación, la revelación parece amenazar esa construcción del mundo. Mientras hay creencia en la personalidad, hay ordenación de los pensamientos. Una persona se ve diferente de un lápiz, un árbol o una alfombra. Aún hay una sensación de que la mente funciona en y por medio de un cuerpo. El cuerpo parece muy significativo, más que el lápiz. Todavía parece haber ordenación de los pensamientos. No parece que el cuerpo sea una imagen más en la pantalla, parece importante. En el Manual para el Maestro, en una sección titulada ¿Cómo se logra la curación?, Jesús dice:

No hay ninguna forma de enfermedad que no se curase de inmediato. ¿Qué es lo único que se necesita para que este cambio de per­cepción tenga lugar? Simplemente esto: el reconocimiento de que la enfermedad es algo propio de la mente, y de que no tiene nada que ver con el cuerpo. ¿Qué te "cuesta" este reconocimiento? Te cuesta el mundo que ves, pues ya nunca más te parecerá que es el mundo el que gobierna a la mente. Con este reconocimiento se le atribuye la responsabilidad a quien verdaderamente la tiene: no al mundo, sino a aquel que contempla el mundo y lo ve como no es. Pues ve únicamente lo que elige ver. Ni más ni menos. El mundo no le hace nada. Pero él pensaba que le hacía algo. M-5.II.3.

Tienes que ver que es la mente la que toma las decisiones. Es una percepción común en el mundo creer en las personas; creer que yo soy una persona y que hay otras personas separadas con mentes privadas y separadas, y que cada una de esas personas tiene su propio mecanismo de toma de decisiones. No puede ser así. Esa es la creencia de que los diferentes personajes de un sueño pueden tomar decisiones. No es el caso en absoluto. Es la mente. La mente correcta es una decisión y la mente errada es otra decisión. El Cielo y el infierno son decisiones. Ver los dos propósitos de la mente como decisiones, como opuesto a ver personas tomando decisiones, saca el asunto fuera de la pantalla. Para aceptar la Expiación tienes que ver que la mente es el único nivel creativo. El único lugar donde se pueden tomar decisiones.

Al final de esta sección dice que para aceptar esto, la insignificancia del cuerpo, tiene que ser una idea aceptable. Esto cierra el círculo de lo que estamos hablando, ver que el cuerpo no es diferente a un lápiz. Al final vemos que no hay ningún objeto separado. Nada en el mundo existe en y por sí mismo. Todo es una sola trama. Una ilusión es todas las ilusiones. Las ilusiones son una: el ego, el tronco del árbol y todas las distintas ramas son lo mismo.

Participante: Incluso hablar de algo en y por sí mismo implica que hay algo aparte de la mente. De lo contrario no habría ninguna cualidad de ser en y por sí mismo.

David: Las lecciones 183 y 184 del Libro de ejercicios van realmente a eso. "Invoco el Nombre de Dios y el mío propio." Ej-183. En el cuarto párrafo se lee:

Repite el Nombre de Dios y todo nombre nimio deja de tener significado. Ante el Nombre de Dios, toda tentación se vuelve algo indeseable y sin nombre. Repite Su Nombre, y verás cuán fácilmente te olvidas de los nombres de todos los dioses que hon­rabas. Pues habrán perdido el nombre de dios que les otorgabas. Se volverán anónimos y dejarán de ser importantes para ti, si bien, antes de que dejases que el Nombre de Dios reemplazase a sus nimios nombres, te postrabas reverente ante ellos llamándo­los dioses.Repite el Nombre de Dios e invoca a tu Ser, Cuyo Nombre es el Suyo. Repite Su Nombre, y todas las cosas insignificantes y sin nombre de la tierra se ven en su correcta perspectiva. Aquellos que invocan el Nombre de Dios no pueden confundir lo que no tiene nombre con el Nombre, el pecado con la gracia, ni los cuer­pos con el santo Hijo de Dios. Ej-183.

La lección termina con este párrafo:

Todo lo insignificante se acalla. Los pequeños sonidos ahora son inaudibles. Todas las cosas vanas de la tierra han desaparecido. El universo consiste únicamente en el Hijo de Dios, que invoca a su Padre. Y la Voz de su Padre responde en el santo Nombre de su Padre. La paz eterna se encuentra en esta eterna y serena relación, en la que la comunicación transciende con creces todas las palabras, y, sin embargo, supera en profundidad y altura todo aquello que las palabras jamás pudiesen comunicar. Quere­mos experimentar hoy esta paz en el Nombre de nuestro Padre. Y en Su Nombre se nos concederá. Ej-183.

Estamos hablando en este sentido, de este silencio. Todo lo que pueda parecer que se hace, y todo lo que hay en la esfera de lo perceptual, sirve sólo para llegar a este punto. No se trata de recorrer el país para salvar el mundo, ni de evangelizar con el Curso. No se trata de contactar con personas, ni de mantener correspondencia con ellas, ni de ayudar a que otro se aclare: no hay ningún otro. Se trata de tener un deseo ardiente de tener sólo el Nombre de Dios en la mente. Punto. Esto prepara para aceptar la Expiación. No puedes aceptar la Expiación hasta que no disciernes -la sabiduría de distinguirlas-, hasta que sabes discernir las cosas que no puedes cambiar de las cosas que puedes cambiar. Eso es discernir entre forma y contenido.

Participante: Es el fin de la confusión de niveles, de creer que hay causas en el mundo.

David: Sí, de todas las distintas maneras que lo estamos diciendo, es el fin de la confusión de niveles. Todo es decir lo mismo, desde ángulos distintos. Es así de sencillo.

Está bien tener las metáforas claras. En orientaciones, charlas y presentaciones que he realizado, he utilizado la metáfora común de la mente recta, la mente errada y la aparente vacilación entre ambas. Parece como si la mente pudiera elegir entre una y otra, o que hay algo que toma decisiones. La claridad es llegar a ver que la mente correcta es una decisión y la mente errada es una decisión, y son mutuamente excluyentes.

Participante: Si son mutuamente excluyentes, no puede haber lugar a la vacilación. Si una es real, la otra no lo es. No hay nada a donde ir excepto hacia lo real.

David: Pies fuera del peldaño, estás en lo alto de la escalera.

Participante: Estamos de vuelta a la idea de que la verdad es todo lo que hay.

David: La voluntad de Dios es todo lo que hay. Esa es la forma avanzada de practicar, por así decirlo. Primero miras todos los aparentes obstáculos y ves que todos los obstáculos son uno. Luego abrazas todo lo que hay. La verdad es la verdad y sólo la verdad es verdadera. No hay nada causativo en el mundo, no hay nada que se pueda controlar ni cambiar en el mundo; absolutamente nada. Tienes que haber explorado y examinado en profundidad para verlo. Eso le abre el paso a: "la verdad es verdad, y [...] nada más lo es". Ej-152.3. Pero no puedes dar el salto sin llevar a cabo un examen exhaustivo, sin llegar primero a darte cuenta de que no hay nada que quieras mantener protegido de la luz, ningún residuo de personalidad...

Participante: Sin ese examen, ¿podría la frase "la verdad es verdad, y nada más lo es" ser algo más que una idea? ¿Podría alguna vez volverse una experiencia sin el examen de todas las creencias que obstaculizan el camino?

David: Correcto. Por lo tanto el Curso funciona de abajo a arriba, no de arriba a abajo. Tienes que llevar las ilusiones ante la verdad. No puedes llevar la verdad ante las ilusiones. Superficialmente puede parecer que llevar la verdad ante las ilusiones es un atajo. Pero se puede ver que no funciona. Produce una ilusión de iluminación, no la experiencia.

Pregúntate si en tu mente hay imágenes que parecen ser causativas o que crees que aún puedes controlar. Eso sería negar que "la verdad es verdad". Empezar de abajo hacia arriba es aferrarse a la intención de soltar las cosas, dárselas al Espíritu Santo y que orqueste él. Empieza donde la mente supone que está y con lo que supone que es verdad, y luego ve eliminando capas, disuelve la pregunta. Eso es llevar las ilusiones ante la verdad realmente. Esto conduce a  la mente a una tranquilidad en las que todas las preguntas se disuelven, un absoluto en el que las preguntas se han disuelto en la experiencia, en el silencio.

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