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LA DESAPARICIÓN DEL UNIVERSO
GARY R. RENARD

 

Libera Tu Ser - LA DESAPARICIÓN DEL UNIVERSO

 

Del capítulo 7: La Ley del perdón

 

El camino que había elegido no era comida rápida espiritual, y el Libro de Ejercicios del Curso no era ningún pastel. Después de un año y cuatro meses de atención y dedicación casi constantes, conseguí completar las 365 lecciones del Libro de Ejercicios. Aunque la teoría del Curso de explica en el Texto, está muy bien elaborada en el Libro de Ejercicios. Ambos son necesarios para comprender y aplicar el Curso, y ninguno está completo sin el otro. Sin embargo, el Libro de Ejercicios tiene un tono más práctico. Sus ejercicios, que se aplican a las relaciones personales del estudiante y a cualquier situación en la que pueda encontrarse en un momento dado, están diseñadas para producir la experiencia de que lo que el Curso enseña es cierto.

Arten y Pursah ya habían insistido en que la verdadera respuesta al mundo del ego no es una respuesta intelectual, sino una experiencia de Dios que haga perder sentido a la experiencia de separación. En lugar de mis disgustos habituales, estaba empezando a vivir de vez en cuando experiencias de paz que eran muy bien acogidas. Esto, por sí mismo, ya era suficiente para sentirme agradecido por la dirección que estaba tomando mi vida.

Por ejemplo, en lugar de sentirme habitualmente molesto porque Karen no fuera muy «espiritual» y pareciera que mi camino sagrado no le importara mucho, decidí seguir el consejo de Arten y dejarla que aprendiera lo que tuviera que aprender en aquel momento. A medida que la perdonaba, me sentía más en paz con el hecho de que era casi seguro que yo no respondía a todas sus expectativas ocultas, y permitía que ambos fuéramos tal como éramos.

Para mi sorpresa, Karen pronto se convirtió en una estudiante del Curso «a tiempo parcial», y de vez en cuando asistía a los encuentros de nuestro grupo de estudio. Incluso llegó a terminar el Libro de Ejercicios, lo cual no es ningún logro insignificante. Aunque no estaba metida en el Curso tanto como yo, creía lo que le contaba, e hizo grandes progresos en la transformación de su estado de conflicto en un estado de paz.

Uno de los cambios de pensamiento necesarios en el camino hacia la experiencia última fue la aceptación de la idea de que la mente lo proyecta todo, observa su propia proyección desde otro punto de vista distinto y aparentemente separado, e interpreta esa percepción como un hecho externo. El cuerpo, siendo en sí mismo la idea de separación, sólo existe en la mente como un medio para experimentar la separación. Toda mi vida había supuesto que mis ojos veían el mundo, que mi cuerpo lo sentía y que mi cerebro lo interpretaba. El Libro de Ejercicios estaba ayudándome a entender que era absurdo pensar que los ojos del cuerpo pudieran ver realmente, o que el cerebro pudiera pensar o interpretar nada. La mente le decía al cuerpo qué ver y sentir, y cómo interpretar lo que estaba viendo y sintiendo. El cuerpo sólo era un truco, un dispositivo dentro de la mente del ego diseñado para convencerme de que la vida mundana era real. El Libro de Ejercicios no sólo enseñaba lo contrario que la ciencia newtoniana, sino que me permitió adquirir experiencia para aceptar la interpretación que hace el Espíritu Santo de todas las cosas, facilitando así el principio del fin de mi ego.

Me enfadó mucho la primera frase del Epílogo del Libro de Ejercicios, pero no así la segunda. «Este curso es un comienzo, no un final. Tu Amigo te acompaña». Sabía a estas alturas que mi amigo, el Espíritu Santo, era en realidad mi propio Yo Superior. Sin embargo, fue un gran alivio para mí hacer uso de las artísticas metáforas del Curso y pensar que estaba siendo ayudado por otro. De hecho, esto era muy necesario. Seguía teniendo el mundo ante mí, y el Curso siempre era práctico: «Este curso se mantiene dentro del marco del ego cuando es necesario.»

En lo tocante a la observación del mundo, el Curso explicaba todo lo que hay en él sin excepción. Yo podía contemplar toda mi vida, y también el presente, y comprender la causa de todas las conductas humanas. Por ejemplo, en la escuela, los abusones que amedrentan a los demás parecen decir: «Nosotros somos gente interesante, tú no. Tú eres el culpable y el equivocado, nosotros no». Los «buenos» estudiantes que podían ver la injusticia de esto, así como la naturaleza ridícula de tantas cosas en el mundo, simplemente estaban representando su papel en el ciclo de víctimas y verdugos, viendo la culpa en los causantes de la injusticia en lugar de verla en sí mismos.

¿Y qué decían la mayoría de los miembros de diversas sectas religiosas cuando hacía proselitismo? Posiblemente decían algo parecido a esto: «Vosotros sois los culpables, nosotros no. ¡Nosotros tenemos a Dios! Vosotros no. Nosotros vamos a ir al cielo y vosotros al fuego». ¿Qué estaban diciendo los locos terroristas del mundo cuando se cobraban las vidas de hombres, mujeres y niños inocentes? Tal vez decían: «Vosotros sois responsables de nuestros problemas. Vosotros tenéis la culpa, nosotros no». Los seres humanos tienden a culparse unos a otros por su suerte en la vida, pero lo que todos hacemos es culparnos unos a otros por nuestra aparente separación de Dios, que produce la pérdida de paz que sentimos como un rasgo permanente de nuestra existencia.

Las variantes son interminables. Tanto en las relaciones cercanas como en las distantes, siempre se puede encontrar la causa del problema en otra persona o cosa, excepto esas almas torturadas que proyectan toda la culpa dentro, culpándose conscientemente de sus propias circunstancias desfavorables. Sin embargo, ¿es esto distinto de culpar a otro cuerpo?

A menudo me animaban los cambios experimentados en mi forma de pensar y sentir. Otras veces el Curso parecía empeorar las cosas. Como el sistema de pensamiento de mi ego, largo tiempo negado, estaba saliendo a la superficie, la culpa que lo mantenía negado también salía a la superficie, produciendo a veces una mayor expresión de miedo de lo que había sido habitual.

Como ejemplo, durante los años anteriores había notado un constante incremento de propaganda política derechista en televisión, especialmente desde que la Comisión Federal de Comunicaciones había revocado su “doctrina de la justicia” y la “regla del mismo tiempo”. Ahora los poderes fácticos podían publicar toda la información unilateral y conservadora que quisieran a través de sus canales sin tener que conceder una cantidad de tiempo justa e igual al punto de vista alternativo. Una práctica que había funcionado relativamente bien durante los últimos treinta años ahora había sido abolida, y aunque debería haberlo esperado, a veces me sentía más molesto que nunca por las tonterías que veía y oía en la pantalla de mi televisión. En ocasiones levantaba la voz para plantear preguntas como: ¿Está la gente tan fuera de sí que se cree esta porquería? Por desgracia, a menudo la respuesta era sí.

A pesar de mis lapsus ocasionales, podía practicar los principios del Curso buena parte del tiempo. Mi obstinación natural estaba empezando a servir de algo, no porque produjera un flujo constante de experiencias felices, sino porque me permitía una nueva manera de mirar las experiencias desgraciadas, recortando así drásticamente la duración de sus efectos…

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