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LA CURACIÓN Y LA EXPIACIÓN SON LO MISMO

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "LA CURACIÓN Y LA EXPIACIÓN SON LO MISMO"



Del Libro de David Hoffmeister "Sosiega la Mente - De Regreso a Dios" (Unwind Your Mind - Back to God) - LIBRO II - Capítulo I
Traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

David: No hay, con toda certeza, absolutamente nada en el tiempo, en la materia o en el espacio que sea de manera alguna causativo. De todo lo que parece salir de la boca, lo único que necesitas observar es el contenido. Por ejemplo, hace un momento cuando estabas hablando de la perra, expresabas la idea de que si la encierras se va a sentir marginada y luego cuando la sueltes estará entusiasmada: causa y efecto. Prácticamente cualquier cosa en la que puedas pensar está basada en la causación dentro del mundo.

Aceptar la Expiación y atenerse al hecho de que mi mente es causativa y de que no hay absolutamente nada en todo el cosmos de la pantalla que tenga poder de causación alguno del tipo que sea, es lo que lo sana a uno. De eso es de lo que trata esta sección del Manual para el maestro:

La curación y la Expiación no están relacionadas: son lo mismo. No hay grados de dificultad en los milagros porque no hay gra­dos de Expiación. Éste es el único concepto total que es posible en este mundo porque es la fuente de una percepción completamente unificada. La idea de una Expiación parcial no tiene sentido, del mismo modo como es imposible que haya ciertas áreas en el Cielo reservadas para el infierno. Acepta la Expiación y te curarás. La Expiación es la Palabra de Dios. Acepta Su Palabra, y ya no que­dará nada que pueda dar lugar a la enfermedad. Acepta Su Pala­bra y todo milagro se habrá realizado. Perdonar es curar. El maestro de Dios ha decidido que aceptar la Expiación para sí mismo es su única función. ¿Qué puede haber, entonces, que él no pueda curar? ¿Qué milagro se le podría negar? M-22.1.

El siguiente párrafo toca el concepto del yo y la transferencia del aprendizaje. ¿Qué es lo que voy a excluir de la Expiación?

El progreso del maestro de Dios puede ser lento o rápido, dependiendo de si reconoce la naturaleza inclusiva de la Expia­ción, o de si, por un algún tiempo, excluye de ella ciertas áreas problemáticas. En algunos casos se alcanza una súbita y total conciencia de cuán perfectamente aplicable es la lección de la Expiación a todas las situaciones, mas esos casos son relativa­mente raros. El maestro de Dios puede haber aceptado la función que Dios le ha encomendado mucho antes de haber comprendido todo lo que esa aceptación le aportaría. M-22.2.

Participante: Si yo hubiera sabido lo que me esperaba…

David: [riendo] La Madre Teresa dijo algo así: Si cuando era joven hubiera sabido lo que iba a venir, nunca me habría metido en esto. Estaba siendo ligeramente jocosa.

Sólo el final es seguro. En cualquier momento a lo largo de su camino puede alcanzar el entendimiento necesario de lo que significa la total inclusión. Si el camino le parece largo, que no se desanime. Ya ha decidido qué rumbo quiere tomar. Eso fue lo único que se le pidió. Y habiendo cumplido con lo requerido, ¿le negaría Dios lo demás? M-22.2.

Pienso en esa frase: "Si el camino le parece largo, que no se desanime". Se tiene una sensación de lo rápido que uno quiere subir por la aparente escalera. Realmente uno no puede subir al siguiente peldaño hasta que puede empujar bien desde el anterior. El deseo y la disposición son lo único que determina si va a ser una escalera larga o…

Participante: Yo siento eso como tranquilizante, estar contento donde estás. No preocuparte de si parece o no que hace falta mucho tiempo.

David: No meterse en juicios basados en incrementos del mundo, ni comparaciones.

Participante: Sencillamente estar contento y permanecer en el sendero.

David: "Para que el maestro de Dios progrese, necesita comprender que perdonar es curar". M-22.3. El perdón es invertir los pensamientos de la mente, darle media vuelta a todos los que estaban al revés. "La idea de que el cuerpo puede enfermar es uno de los conceptos fundamentales del sistema de pensamiento del ego". M-22.3. Esa es la suposición subyacente. Siempre que salen cosas a relucir, como el asunto de tu dedo del pie o los síntomas de gripe, la suposición que subyace bajo el problema que se presenta, es que uno tiene el cuerpo enfermo. "Lo puedo sentir" o "he pasado por esto". La idea de que el cuerpo puede estar enfermo es el concepto central del sistema de pensamiento del ego. Como vemos en este párrafo, es muy importante para el ego aferrarse a la idea de que el cuerpo puede enfermar. Esa es una de las pruebas más convincentes de la separación: ¡el as que se guarda en la manga!

Participante: Y cuanto más piensas en ello, más poder le otorgas.

David: Centrándose en el dolor: "[...] le otorga autonomía al cuerpo, lo separa de la mente y mantiene intacta la idea del ataque". M-22.3.

Participante: Como si el cuerpo tuviese poder sobre la mente para mantenerme distraído de la verdad.

David: Y por debajo de eso está la idea: Yo no puedo cambiar de ideas. Eso es lo que oigo cuando la gente dice…

Participante: "Me duele".

David: Sí. También oigo: Lo he intentado. Le he pedido al Espíritu Santo ver las cosas de manera diferente. No quiero que me duela. Pero no puedo hacerlo. Puede más que yo. Hay un sentimiento de frustración e impotencia. La mente lo ha elegido y luego se ha olvidado exactamente de lo que eligió para que parezca que el cuerpo tiene el poder. Al profundizar en esto uno empieza a ver el deseo de la mente de aferrarse al concepto de sí misma tal como se percibe a sí misma. Quiere aferrarse con uñas y dientes a la separación, al pequeño yo. Está interesada en aferrarse a eso. Está tan aterrorizada de soltar eso y sencillamente irse a la luz, que parece que la enfermedad fuese un gran invento muy valioso. Está claro que proporciona una prueba.

Participante: Capta la atención.

David: Atrae la atención fuera de la mente y la pone en el cuerpo y en la pantalla.

Participante: En lugar de observar qué es en lo que estoy pensando ahora, sólo pienso en el dolor en el dedo del pie o en el codo.

David: Y cuando profundizamos más en la metafísica, el siguiente pensamiento es como el comentario de nuestro amigo: "Quiero comprender esto. Me he enfermado a mí mismo". Ahora la mente ha tomado la responsabilidad de los pensamientos de ataque y de lo que percibe como enfermedad. Y ahí es donde entra la culpabilidad. La culpabilidad viene de alinearse con la mente errónea, de elevar las ideas corporales al nivel mental. Dicho de otra manera, decir que soy responsable de los comportamientos, de las cosas que el cuerpo parece hacer y ha hecho, y así sucesivamente. Si eso es verdad entonces los pecados sólo están en los cuerpos, pero la mente se ha asociado a sí misma con el cuerpo y de ahí es de donde viene la culpabilidad.

Participante: ¿Es eso la confusión de niveles?

David: Sí, se trata de la confusión de niveles. Los pensamientos corporales son del ego y no de la mente recta. Pero en realidad "elevar las ideas corporales al nivel mental" consiste en decir que los pensamientos corporales son causativos. Es sencillamente decir que el cuerpo, o cualquier otra cosa material, es causativo o creativo. Y se puede ver que es ahí donde tiene lugar la confusión de niveles: en la creencia en que es un hecho que los cuerpos actúan. En este mundo parece que hay personas autónomas que actúan con autonomía. En el estado del engaño, parece que cada uno de nosotros tiene una mente diferente: uno puede decidir entre venir o quedarse, todos podemos decidir hacer esto o aquello. Realmente parece así. Existe una creencia muy generalizada y aceptada de que todos somos personas. Y forma parte de ser persona el tener una mente propia. La mente engañada se ha asignado a sí misma las propiedades del cuerpo. Aquí la metáfora es que nosotros tenemos estos cuerpos separados sentados en el sofá y que cada una de estas mentes también está separada.

En realidad sólo hay una mente y todos los personajes de la pantalla, todos ellos, forman parte de la representación de un guión que ya se ha representado por entero, hasta bajar el telón. Dicho de otra manera, lo que quiero decir cuando digo que la mente escribió el guión, es que contrató a los personajes, les repartió los papeles y se ha inventado cada palabra que se les oye decir. Esta mente durmiente única ha inventado y proyectado fuera de ella todos esos cuerpos, y todas esas mentes, y ha repartido todos esos papeles: ha hecho la cosa completa.

No hay absolutamente nada por lo que disgustarse cuando alguien dice o hace algo. Cuando parece que otro personaje del sueño, o el perro, hace algo y tú te disgustas, eso forma parte del guión. Y sin embargo, se cree que está separado de mi mente. Si yo soy una persona y eso es un perro, no una niña, sino justamente un perro, y estoy disgustado por el comportamiento del perro o lo que sea, sencillamente he negado que eso no es más que una idea o una imagen de mi propia mente. Lo que quiero decir es, si sólo es otra imagen, ¿qué más da? Se puede ver cómo se le atribuye significado: Yo soy una persona, ésta es mi casa, tenemos invitados, esto no es más que un perro, el perro no debería trastornar nuestra vida social, el perro no debería estar haciendo esto. Puede verse como todo esto se atribuye como significado y entonces, ¡caramba!, antes de que te des cuenta ya estás disgustado por algo que ha hecho el perro. Pero, también puedes mirarlo desde la perspectiva de que los cuerpos no son autónomos, no actúan separados de tu mente, son ideas que han tomado una forma concreta y están siendo representadas.

Participante: Entonces no soy responsable del reparto de papeles, ni de lo que dicen y hacen los personajes, pero sí soy responsable de cómo percibo todo eso.

David: Sí.

Participante: Soy responsable de mi reacción. En realidad eso es todo lo que hay. Todo se reduce a cómo se siente uno, todo. Es como cuando voy paseando y pienso que voy a ver a alguien con quien hablar, sé que allí habrá alguien, y claro, ¡ella está allí!

David: Lo único que hace falta es mantenerlo siempre en tiempo pretérito porque el milagro lo ve como algo que ya ha ocurrido, puse alguien allí para tener con quien hablar. "Pondré" le da un sentido lineal al asunto.

Estamos volviendo al asunto de la causabilidad. Por ejemplo, realmente parece que a veces cuando pienso que me apetece agua, aparece una piscina. Se habla mucho de conceptos como la abundancia, de utilizar la mente para atraer cosas, ¡pero el guión ya está escrito! Nuestra única alternativa al guión es mirarlo a través del milagro  –por encima del campo de batalla–, y ver que ninguna de las imágenes es verdadera y que yo no soy nada de eso. De ahí es de donde viene la paz. Sólo parece que se da a luz símbolos, como si la gente estuviera utilizando sus mentes para conseguir coches y cosas. Entonces lo asocian a que la mente es poderosa y creativa pero, una vez más, eso está vinculado a la forma. No tienen la claridad de ideas sobre los niveles que aporta el Curso. La mente recta ve como falso todo eso. La mente recta no está llena de imágenes, está por encima de las imágenes y las ve a todas como igualmente falsas. La enseñanza sobre el tema de la causabilidad y de que todos esos efectos son irreales, está muy clara. Si son efectos irreales, es porque su causa es irreal. El Espíritu Santo mira a las causas y sabe que la "causa" de esos efectos es irreal. Ha juzgado su causa y la ha pasado por alto. No mira las proyecciones en la pantalla. Ha juzgado su causa, sabe que es irreal y por tanto, sabe que todo lo que hay en la mente errónea es falso. El abandono de cualquier defensa, la indefensión, cobra entonces muchísimo sentido. Nunca puede haber motivos para tener ningún tipo de interés, inquietud ni preocupación por lo que parece ocurrir en una pantalla.

¿Puedes imaginarte lo que sería no tener inquietudes, preocu­paciones ni ansiedades de ninguna clase, sino simplemente gozar de perfecta calma y sosiego todo el tiempo? Ése es, no obstante, el propósito del tiempo: aprender justamente eso y nada más.T-15.I.1.

Y ya está. Esa es la lección. Y tampoco es algo por lo que haya que esforzarse.

Participante: Sí, esta cita me dice mucho: "[...] no reac­cionarías en absoluto ante las figuras de un sueño si supieses que eres tú el que lo está soñando". T-27.VIII.10.

David: Sí.

Ser conscientes de que están soñando es la verdadera función de los maestros de Dios, quienes observan a los personajes del sueño ir y venir, variar y cambiar, sufrir y morir. Mas no se dejan engañar por lo que ven. Reconocen que considerar a una de las figuras del sueño como enferma y separada, no es más real que considerarla saludable y hermosa. La unidad es lo único que no forma parte de los sueños. Y esta unidad, que indudablemente les pertenece, es lo que los maestros de Dios reconocen como lo que se encuentra tras el sueño, más allá de toda apariencia. M-12.6.

Me puedo aferrar a esa idea. Aunque pueda parecer que algunos están enfermos o muriéndose, la mente ve que eso es imposible. Es imposible que el cuerpo esté enfermo, es imposible morir de verdad. La muerte queda redefinida: es cuando estás disgustado de la manera que sea. Eso es la muerte. Eso es útil porque lo trae de vuelta a lo psicológico, al ámbito de lo mental, y se aleja del ámbito de lo físico, en el que parece que ocurre algo cuando un cuerpo deja de respirar. Habrás oído usar la expresión de que alguien "falleció" o "hizo su transición". ¿Transición a qué?

Participante: Ayer vino mi hijo llorando y gimiendo. ¡Fue una oportunidad excelente para no quedarme clavada! Quise ser amorosa con él, pero no sabía cómo comunicarme con él sin dejarme atrapar por su dolor. Lo único que hice fue mantenerme en la intención de ser amorosa y de no quedar atrapada por el dolor, pero sentí que no sabía comunicarle esto. No sabía cómo expresarme de manera amorosa y ofrecerle consuelo. ¿Se trataba de sostenerlo y abrazarlo? Me dijo que le había caído un leño encima de la mano.

David: Sí, me la enseñó a mí también. Me senté con él y sencillamente me mantuve en mi intención. En pocos segundos dejó de hablar de la mano y se puso a hablar de otras cosas. Cuando la mente dejó de compartirlo, la atención se desplazó de la mano a estar sentados allí. Entonces estuvimos hablando de otras cosas durante 5 o 10 minutos. Una de ellas era "¿Cuándo va a volver mi mamá?" y le dije "Ha ido a hacer unos recados". Eso también forma parte del condicionamiento, querer buscar a alguien que sea familiar y compasivo. Pero una vez más, la atención se desplaza cuando no se comparte. Como en el ejemplo que pones siempre de cuando fuiste con él a una clase de la Ciencia Cristiana y él llevaba aquella costra tan grande en la cara, como el hombre elefante. Aquello era la Ciencia Cristiana, y ni los chiquillos ni el maestro le prestaron mucha atención a la costra. Nadie la mencionó siquiera.

Participante: Y se le curó muy rápido. Pero durante una semana o así, a cualquier otro sitio que fuésemos la gente decía cosas como "Ay Dios mío ¿qué te ha pasado? ¿Estás bien?" La gente lo convertía en un asunto muy importante. Había mucho contraste entre eso e ir a donde nunca se mencionó. Hay mucha diferencia.

David: Es el poner en práctica las cosas.

Participante: Él no sintió necesidad de decirles que aquel no era su aspecto habitual. No se lo explicó a nadie.

David: Hay otra historia de una señora mayor que había tenido experiencias así toda su vida con la Ciencia Cristiana. Una vez recogió a su nieta del colegio después de que la enfermera del colegio la mandase a casa. Su hija no hacía más que dejarse llevar por el pánico porque la enfermera había dicho que podía ser esto o lo otro, pero la abuela no le prestaba al asunto ninguna atención en absoluto, su mente no se prestaba a compartir esa percepción. Sencillamente dejó que se disolviera de manera natural porque, de manera literal, lo que la mente está pidiendo es: enséñame que esto no es así.

Participante: Una cosa con la que no sé qué hacer es cuando los chiquillos se encuentran mal y quieren quedarse en casa. Yo digo "Vale, te quedas en casa". Pero luego el colegio exige que mandes una nota explicando por qué se quedaron en casa. Siento que no puedo escribir que estaban "enfermos". ¿Qué digo en la nota?

David: La enfermedad, en cierto modo, es la mente pidiendo ayuda.

Participante: Entonces pongo en la nota que hoy mi hija tenía una mente enferma pidiendo ayuda. [risas del grupo]

David: Eso lo sabes en tu mente. Uno tiene que saber el significado y dejar que las palabras sean utilizadas. Jesús era muy listo para dar con las palabras que tenía que decir y que pudiera verse lo que significaban desde su perspectiva, pero alguien podría atribuirles un significado completamente diferente. Lo importante es que uno esté en su mente recta. Entonces la conducta va a fluir de manera automática, habrá sostener y abrazar a través de mí, pero no por mí.

Uno tiene que anclarse al sitio donde uno sabe que todo va bien y entonces dejar que vengan las palabras que quieran venir. Esas palabras pueden ser como una ruptura del hielo o como un darle paso a otra cosa. Pero todo el objeto de estar anclado es que sencillamente sea imposible percibir la enfermedad, es imposible que el Hijo de Dios esté enfermo. Te ves a ti mismo tal como ves a tu hermano. Si tu hermano es un cuerpo enfermo no vas a poder evitar verte a ti mismo de esa misma manera, como si fueses un cuerpo. No hay manera de quitar del cuerpo la mente ni el espíritu. "Tal como lo consideres a él, así te considerarás a ti mismo. [...] Tal como pienses de él, así pensarás de ti mismo. Nunca te olvides de esto, pues en tus semejantes o bien te encuentras a ti mismo o bien te pierdes a ti mismo". T-8.III.4.

Participante: Incluso el cojeo de nuestro amigo: sigo viéndolo cojear pero sencillamente me digo a mí mismo "Bueno, no voy a hablar de eso", tampoco es de eso de lo que se trata.

David: Es una interpretación. Bill Thetford era psicólogo y una vez Jesús quiso que fuese a un congreso sobre rehabilitación. Parte de la resistencia de Bill era que no soportaba ver cuerpos lisiados porque le recordaban lo que él veía como su propia fragilidad. Y literalmente eso es lo que pasa cuando empezamos a interpretar conductas, sea cojear, toser o aquellas manchas en la piel de los enfermos de SIDA que viste.

En cuanto empezamos a hacer cualquier interpretación, hemos hecho real el error. Y entonces te preguntas: ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo encajo las piezas de este rompecabezas? Esto es un problema de percepción. Cuanto más te anclas al sistema de pensamiento del Espíritu Santo, más tiene que amanecer en la mente la irrealidad de las enfermedades. Lo que estás haciendo en la mente cuando vas a tus hermanos es recordarle constantemente su integridad, su estado de total salud. Por así decirlo, la mente del sanador le suplica a la mente del paciente que acepte que hay otra manera de ver esto: que el Hijo de Dios está sano y completo. Y eso es en el nivel mental. De lo que se trata es de anclarse en ver sano y completo a tu hermano y te será dado lo que sea más útil en el nivel de la conducta. Jesús utiliza el cuerpo para obrar milagros. Le damos entrada a los pensamientos de duda cuando decidimos que deberíamos haber hecho esto o lo otro. ¿Sigues creyendo que eres capaz de hacer cosas? Entonces es que no te das cuenta de que sólo se trata de alinearse con la mente recta o con la mente errada, y que la conducta se deduce de manera automática. ¿Todavía crees que podrías haber hecho esto o que deberías haber hecho esa otra cosa? Entonces es que todavía estás jugando a ser Dios. Estás todavía en la arrogancia de intentar gobernar los milagros, y eso significa que todavía crees en la autonomía del cuerpo, en que puedes controlar tu conducta, en que existe una persona individual y separada, el “yo” y el “yo puedo”.

Participante: En el ejemplo que pusiste con el hijo de ella, ¿es como decir que en lugar de mirar atrás y preguntarte le fui de utilidad o le transmití amor sencillamente,setrata de considerar cómo te sentiste y si estabas o no en la mente recta? Y si hay dudas entonces me imagino que no lo estabas. Quiero decir, si hay alguna duda sobre haberlo hecho bien o si había que hacer más, entonces me imagino que no puede ser que esa duda esté en la mente recta.

David: En este momento. Lo traemos de vuelta a este momento. Ahí es donde entra la intención y la pasión de aclararse las ideas. La única manera de librarnos de las dudas para siempre es tener absolutamente claro lo que es causa y lo que es efecto, claridad absoluta sobre esos pensamientos, observando muy de cerca nuestra mente: este pensamiento lo voy a soltar, este otro también lo voy a soltar… Cuando se hace eso con verdadera consistencia, la mente se queda anclada en la certeza de que el amor es todo lo que hay. El trampolín es verlo todo como amor o petición de amor, pero uno se da cuenta de que incluso eso tiene que desmoronarse.

Participante: Entonces en el caso del hijo de ella pensando que el leño que le cayó era la causa de su dolor, ¿lo que necesito es ver que el leño no era la causa de su disgusto, sino que era algo en su mente o algo en mi mente? ¿Puedes explicar esto?

David: Bueno, usar la analogía de "su mente" y "mi mente" significa que la mente cree que es culpable. Como maestro de Dios mi mente ha de estar segura –con certeza absoluta– de que la mente está libre de culpa.

Participante: Entonces él estaba buscando pruebas de que era culpable. Y si yo refuerzo eso, lo que estoy reforzando de hecho es que él es culpable.

David: En tu propia mente, si vamos a ese nivel de la metáfora.

Participante: Entonces si lo veo dolorido, ¿es eso una prueba para mi mente de que el dolor es posible y real?

David: Sí. Antes de poder ver el dolor tienes que creer en él. El dolor es un concepto, no se lo puede ver en el mundo salvo que se crea en él.

Participante: Entonces ¿hay una manera de ver este panorama, con los gemidos y el corte en la piel, sin percibir dolor alguno? Y ¿si soñaste que eso ocurrió, habría algo por lo que trastornarse? ¿Podría el hijo de ella sufrir daño?

David: Ahí es donde entra el "ay". Como por ejemplo: Ay, qué pena, yo también he pasado por eso. ¿Qué "yo"? ¿Ha pasado Cristo por eso? ¿Cristo ha sufrido dolor? ¿Puede Cristo identificarse con el dolor? No. Hay una creencia: tú crees que sabes que esas cosas ocurren realmente y, por lo tanto, te sientes mal al pensar que alguien está pasando por ellas. Eso es otorgarle realidad. Es como decir que tú sabes que es real. Sucede que ahora mismo no soy yo el que lo experimenta, pero tú sí y lo siento por ti. Esa manera de pensar hay que abandonarla. Eso no sana.

Participante: Eso es el sanador que no ha sanado.

David: Con total seguridad eso es el sanador que no ha sanado. Se puede actuar con ligereza. No en el sentido de ponerse a hacer chistes o burlarse de esto o de lo otro, pero puede haber una sensación de ligereza y de alegría. El día entero puede ser eso, una sensación de ligereza y de alegría. Con independencia de que el sol esté brillando y la gente venga a expresar su agradecimiento o de que haya niños gimiendo, inundaciones, huracanes o...

Participante: …un perro dando la tabarra o...

David: …o tu casa esté ardiendo. Ese fue un buen ejemplo, ver de una manera muy desapegada cómo ardía aquella gran mansión, sabiendo que aquello tenía sentido, viendo que en ello había un propósito. Para muchos aquello fue un ejemplo extremo. El ego dice: Ay Dios, ¿y si fuera mi casa? Pero cuando eres el soñador del sueño, no puede haber pérdidas ni dolor. Y ni siquiera se trata de volver atrás y pensar: Bueno, metí la pata con lo de mi hijo. Eso también es el pasado. Hay que mantenerse en regresar a la intención en el presente: ¿cuál es mi propósito en este momento?

Participante: ¿Entonces cómo se utiliza una situación así?

David: Se está utilizando. Hablando de ella de la manera en que se está hablando, se le está dando un propósito nuevo. Todo el propósito es darle un propósito nuevo. ¿Y cuándo se le puede dar ese propósito? Ahora mismo es el único momento en que se le puede dar propósito. Las palabras no son más que símbolos.

Participante: Yo encuentro muy útil tomar un ejemplo así y llevarlo hasta el final.

David: Sí, y puedes ver que ahora estás absuelta. A eso es a lo que llegas al final. Ahora es el único momento en el que puedes estar absuelta o sentirte culpable. Es una decisión en el momento presente. Se aleja de la sensación lineal de Bueno...

Participante: … Podría haberlo hecho mejor.

David: Ahí viene otra vez esa persona lineal. Cada vez que vuelves atrás y te sientes personalmente responsable de lo que hiciste y de lo que dejaste de hacer, estás elevando los pensamientos corporales al nivel de la mente. Te estás viendo a ti mismo como una persona lineal –una persona en el tiempo lineal– y eso produce culpabilidad. Es la negación de tu Ser, de tu Ser espiritual. Por otra parte el milagro –con independencia de lo que se dijo o se hizo– eleva la mente, de manera literal. La mente observa el sueño, y eso incluye a todas las percepciones de todo lo que en cualquier momento parece que el cuerpo hace, dice o piensa, incluso pensar en ti mismo haciendo juicios del tipo: Todavía no lo he conseguido, no voy a conseguir esto nunca. Una vez que estás por encima de eso es un Ahhh, la liberación instantánea. Y si continuamos con esto, veremos que de eso es de todo lo que se trata.

La idea de que el cuerpo puede enfermar es uno de los conceptos fundamentales del sistema de pensamiento del ego. Dicho pensamiento le otorga autonomía al cuerpo [ahí está la idea de personalidad], lo separa de la mente y mantiene intacta la idea del ataque. Si el cuerpo pudiese enfermar, la Expiación sería imposible. Un cuerpo que pudiese ordenarle a la mente hacer lo que a él le place podría sencillamente ocupar el lugar de Dios y probar que la sal­vación es imposible. M-22.3.

Eso es invertir causa y efecto. Si fuera posible que el cuerpo le dé órdenes a la mente para que haga cualquier cosa, entonces Dios está muerto, como dijo Nietzsche, Dios está fuera de la imagen. Entonces la creencia es que no hay ningún Dios y yo estoy indefenso. Ahora soy la víctima de este sueño. Me dice lo que tengo que hacer. Tengo que obedecer sus leyes. Soy un personajillo de un sueño que está indefenso y atascado. Sólo puedo hacer ciertas cosas para retrasar lo inevitable. Cuando este mundo me caiga encima y la respiración se vaya del cuerpo...

Participante: ¿Qué va a ser de mí? ¿Iré al infierno o al Cielo? ¡Qué temible!

Participante: Con todo, puedes estar en la mente recta o en la mente errada. [risas del grupo]

David: Creo que nuestro amigo está siendo jocoso, así es como lo mira el ego. Ese estar espeluznado es el ego. Basándote en la manera en que te percibes a ti mismo, tienes todo el derecho del mundo a estar asustado.

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