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JESÚS

 

Libera Tu Ser - Kenneth Wapnick "Jesús"


 

Publicado por la Foundation For a Course in Miracles, escrito por Kenneth Wapnick y traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

En Las preguntas más frecuentes sobre Un curso de milagros, Kenneth y Gloria Wapnick dicen que Jesús fue una expresión de que el Hijo dejase entrar a la luz. Pero ¿puede decirse que Jesús creyó en las ilusiones? Antes de volverse perfecto en su Ser Crístico, ¿estaba lleno de ilusiones igual que nosotros? ¿Necesitaba ayuda del Espíritu Santo para corregir sus pensamientos?

RESPUESTA: Muchos estarían de acuerdo contigo en que Jesús creyó en las ilusiones, y hay pasajes del Curso que parecen apoyar esa idea. Es un punto de vista que ciertamente se puede adoptar. El nuestro es que, cuando ocurrió la idea de la separación (la “diminuta y alocada idea”), Jesús aceptó la corrección tan rápido como fue ofrecida y, por consiguiente, siempre ha estado fuera del sueño, dispuesto a ayudarnos a hacer su misma elección de no tomarnos en serio esa idea insignificante y descabellada. Para desarrollar esto de forma adecuada hace falta más espacio del que tenemos disponible aquí, así que te recomendamos ver el volumen uno, capítulo 6 de The Message of A Course in Miracles y el capítulo 17 de Absence from Felicity.

El concepto de tiempo tiene la máxima importancia para resolver este asunto. El Curso enseña que todo lo que tiene que ver con el tiempo, y por lo tanto con la historia, es ilusorio; es una cortina de humo. De manera que el cuándo aceptó Jesús la Expiación es irrelevante, y no tiene nada que ver con lo que Kenneth y Gloria dicen en su libro. Como Jesús le dijo una vez a Helen Schucman, la escriba del Curso: “Ni siquiera mi historia personal tiene ningún valor para ti, excepto porque te enseña que te puedo ayudar ahora” (Absence from Felicity, p. 287). De esto es de lo que trata el Curso, de que veamos en Jesús ahora mismo el reflejo de nuestro verdadero Ser, y admitamos con humildad y gratitud que nos hemos equivocado en todo y que él tiene razón. Entonces tendremos una perspectiva mejor para comprender y aplicar sus enseñanzas. Si miramos sus enseñanzas con la lente de nuestra experiencia humana como individuos que tienen una historia real en el tiempo y el espacio, no nos vamos a enterar de lo que nos dice. Jesús nos ayuda a ver nuestra experiencia humana desde su perspectiva, desde fuera del tiempo y del espacio, para que podamos, primero, reconocer que nuestro yo nació de nuestra decisión de identificarnos con el sistema de pensamiento del ego que, negando la verdad, considera reales al tiempo y al espacio, y segundo, para que tengamos otra oportunidad de cambiar de ideas sobre esa decisión, y aceptar en lugar de ella su amor como la única realidad que compartimos con todos. Así, centrando nuestra práctica sólo en el perdón, las preguntas como la que planteas (¡que es una buena pregunta!) perderán la importancia que les damos.

II. Tengo dificultades con tu respuesta a la pregunta 265 en la que aconsejas “…no confundir la voz que Helen oía, e identificaba como de Jesús, con el Jesús del cristianismo tradicional”. Pero si esta voz habla en primera persona diciendo: “yo fui perseguido de acuerdo con el pensar del mundo” (T.6.I.5:3), “fui traicionado, abandonado, golpeado, atormentado y, finalmente, asesinado.” (T.6.I.9:2), y muchas otras referencias similares, entonces seguro que se refiere a sí misma como la voz del Jesús del cristianismo tradicional. Aunque la lección 240 diga que: “Ni una sola cosa de este mundo es verdad” ¿De qué otra manera se puede interpretar estas referencias?

RESPUESTA: Abundando en la respuesta anterior… el Jesús del cristianismo tradicional representa la manera en que el mundo lo veía, puesto que el mundo es un ataque contra Dios y una defensa contra la verdad (E.pII.3.2:1). La dinámica en espiral que surge de la (por supuesto ilusoria) decisión del Hijo de aniquilar la Unicidad abstracta y pura del Amor para poder tener existencia autónoma, sólo podía acabar en un mundo de seres separados que construyen teología y cristologías para validar este nuevo sistema de pensamiento de la separación, y el sacrificio, odio y asesinato que engendra. Un curso de milagros, como sabemos, vino como corrección de este desafortunado viaje fuera de la unidad y la Unicidad del Cielo.

Helen veía a Jesús con la lente de la biblia, porque se sentía atraída por ella. Le encantaba leerla, a la vez que nunca aceptó su teología ni la doctrina de la Iglesia. Y así la forma del Curso tiene mucho que ver con su afinidad por la biblia, igual que con su afinidad por el teatro de Shakespeare, la filosofía de Platón y la psicología de Freud. Se puede decir, en este sentido, que Jesús usa el lenguaje teológico del mundo para conectar con nosotros y poder conducirnos gradualmente más allá de él, a una perspectiva distinta, que muy probablemente rechazaríamos si antes no estuviéramos preparados con este nivel básico de comunicación, junto con tener cierta disposición a algo cualitativamente distinto de los enfoques tradicionales.

Cuando el sistema de pensamiento del Curso emerge en su globalidad, queda claro que Jesús no es realmente una persona como nosotros, sino una representación o reflejo en nuestras mentes del Amor del Cielo fuera del sueño, experimentado por los que no sabemos que estamos soñando de la única manera en que podemos concebir el amor y oír su mensaje: como un personaje del sueño que se ajusta a las imágenes de la biblia que lo han definido en nuestras mentes durante más de dos mil años. Si la verdad y el amor están totalmente fuera del sueño, es esencial que nos esforcemos por subir a ese nivel, y eso significa permitir que el Curso nos hable desde su fuente, en lugar de leerlo y oírlo desde nuestra perspectiva de dentro del sueño. “¿Crees acaso que puedes llevar la verdad ante las fantasías y aprender lo que significa la verdad desde la perspectiva de lo ilusorio? La verdad no tiene significado dentro de lo ilusorio. El marco de referencia para entender su significado tiene que ser ella misma. Cuando tratas de llevar la verdad ante las ilusiones, estás tratando de hacer que las ilusiones sean reales y de conservarlas justificando tu creencia en ellas. Llevar las fantasías ante la verdad, no obstante, es permitir que la verdad te muestre que las ilusiones son irreales, lo cual te permite entonces liberarte de ellas.” (T.17.I.5:1-5). Sencillamente, no podemos leer el Curso como si fuera un tratado teológico u otro relato comparativo de la vida y el mensaje de Jesús. Si no suspendemos la creencia en la validez de nuestra experiencia como humanos, siempre acabaremos enredados en una comprensión distorsionada del Curso y de su mensaje profundo. Este mensaje es tan tremendamente amenazador que, como defensa contra el terror que produce, la gente sólo le permite decir al Curso lo que le resulta cómodo oír.

En definitiva, las referencias a la biblia en primera persona se han de entender como una exigencia nuestra, para evitar una ruptura mental aterradora que podría detener de manera abrupta nuestra transición a un estado mental que no tiene nada en común con lo que actualmente experimentamos como nuestra realidad. “No temas que se te vaya a elevar y a arrojar abruptamente a la realidad.” (T.18.VI.8.1) Relacionarse con Jesús como si fuera una persona no es equivocado ni inútil, de hecho él nos anima a hacerlo, y para la mayoría de nosotros no hay ninguna otra manera de que podamos experimentar un amor que no es de este mundo. Y así el Curso no sólo se refiere a Jesús, sino también a Dios y al Espíritu Santo con expresiones bíblicas familiares: el Plan de Dios, Sus Manos, Sus Brazos y Su Corazón. Pero el Curso nos dice bien claro que este lenguaje es metafórico:

 

Este curso opera dentro del marco de referencia del ego, pues ahí es donde se necesita. No se ocupa de lo que está más allá de todo error, ya que está planeado únicamente para fijar el rumbo en dirección a ello. Por lo tanto, se vale de palabras, las cuales son simbólicas y no pueden expresar lo que se encuentra más allá de todo símbolo. […] El curso es simple. Tiene una sola función y una sola meta. Sólo en eso es totalmente consistente, pues sólo eso puede ser consistente.(C.in.3:1-3; 8-10)

Puesto que crees estar separado, el Cielo se presenta ante ti como algo separado también. No es que lo esté realmente, sino que se presenta así a fin de que el vínculo que se te ha dado para que te unas a la verdad pueda llegar hasta ti a través de lo que entiendes. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Uno, de la misma manera en que todos tus hermanos están unidos en la verdad cual uno. Cristo y Su Padre jamás han estado separados, Cristo mora en tu entendimiento, en aquella parte de ti que comparte la Voluntad de Su Padre. El Espíritu Santo es el vínculo entre la otra parte –el demente y absurdo deseo de estar separado, de ser diferente y especial– y el Cristo, para hacer que la unicidad le resulte clara a lo que es realmente uno. En este mundo esto no se entiende, pero se puede enseñar.

El Espíritu Santo apoya el propósito de Cristo en tu mente, de forma que tu deseo de ser especial pueda ser corregido allí donde se encuentra el error. Debido a que Su propósito sigue siendo el mismo que el del Padre y el del Hijo, Él conoce la Voluntad de Dios, así como lo que tú realmente quieres. Pero esto sólo lo puede comprender la mente que se percibe a sí misma como una, y que, consciente de que es una, lo experimenta así. La función del Espíritu Santo es enseñarte cómo experimentar esta unicidad, qué tienes que hacer para experimentarla y adónde debes dirigirte para lograrlo.

De acuerdo con esto, se considera al tiempo y al espacio como si fueran distintos, pues mientras pienses que una parte de ti está separada, el concepto de una unicidad unida cual una sola no tendrá sentido. Es obvio que una mente así de dividida jamás podría ser el maestro de la Unicidad que une a todas las cosas dentro de Sí. Y, por lo tanto, lo que está dentro de esta mente, y en efecto une a todas las cosas, no puede sino ser su Maestro. Él necesita, no obstante, utilizar el idioma que dicha mente entiende, debido a la condición en que esta mente cree encontrarse. Y tiene que valerse de todo lo que ella ha aprendido para transformar las ilusiones en verdad y eliminar todas tus falsas ideas acerca de lo que eres, a fin de conducirte allende, a la verdad que se encuentra más allá de ellas. Todo lo cual puede resumirse muy simplemente de la siguiente manera: Lo que es lo mismo no puede ser diferente, y lo que es uno no puede tener partes separadas.” (T.25.I.5-7)

Por repetirlo una vez más, éste es el único punto de partida de nuestro viaje de vuelta a Dios, cuyo Ser nada sabe de diferencias ni límites de ningún tipo. Conforme sigamos este sendero, que para los estudiantes de Un curso de milagros es el sendero del perdón, nuestra experiencia de nosotros mismos y de Jesús cambiará gradualmente. Conforme disminuya el miedo, permitiremos entrar en nuestra mente cada vez más a la realidad del amor, y reconoceremos que está más allá de las imágenes y relatos del cristianismo tradicional sobre Jesús y sobre Dios.

Para acabar, este asunto también se trata en la pregunta 52 de Las preguntas más frecuentes sobre Un curso de milagros y en Un curso de milagros y el cristianismo: un diálogo.

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