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¿ESTUVO JESÚS CASADO?

 

Publicado en revista Más allá de la Ciencia - Nº 295

 

 

¿Estuvo Jesús casado?: analizamos el Evangelio de la esposa de Jesús y su polémico hallazgo.

El reciente hallazgo de un papiro gnóstico que contiene un discurso de Jesús en el que éste pronunciaba las palabras “mi esposa”, ha desatado la polémica en todo el mundo. Esta es la historia de un descubrimiento que podría cambiar las bases del cristianismo y, sobre todo, el papel de la mujer en el mismo.

Esta vez no ha sido necesario formar parte de un grupo de expertos para ser abrumados por una noticia que, en muy pocas horas, ha dado la vuelta al mundo, apareciendo en periódicos y en telediarios, y que ha terminado por alimentar una historia de varios capítulos que, entre actualizaciones y golpes de efecto, parece aún lejos de haber llegado a su fin.

Estamos hablando del descubrimiento de un fragmento de papiro de casi 2.000 años de antigüedad que contiene algunas frases que se habrían extraído de lo que más tarde pasó a llamarse El Evangelio de la esposa de Jesús. Pero vamos por orden.

Roma, septiembre de 2012. En la Conferencia Internacional de Estudios Coptos, la doctora Karen King, profesora de la Escuela de Teología de la Universidad de Harvard, una de las más antiguas y prestigiosas de Estados Unidos en lo que a estudios religiosos se refiere, anuncia al mundo el descubrimiento de un fragmento de papiro con frases todavía parcialmente legibles y en el cual se encuentran las siguientes palabras: “Jesús les dijo: […] mi esposa…”; y también “… ella será capaz de ser mi discípulo” y otras donde aparece el nombre de “María”, como posible referencia a María Magdalena.

King, sin embargo, puntualizó inmediatamente que, pese a que el papiro puede ser el único texto conocido en el que Jesús se refiere directamente a “su mujer”, no se puede considerar una prueba clara de que estuviera casado, sino de que algunos de los primeros cristianos así lo creían. No obstante, tampoco debe descartarse como una opción. Y en lo que respecta el Evangelio de la esposa de Jesús, explicó que “el uso de la palabra Evangelio en esta circunstancia sólo se refiere al tipo de trabajo al que probablemente pertenecía el fragmento (es decir, el género), y de ninguna manera se quiere afirmar que constituya un estado canónico o una exactitud histórica.”

La historia del papiro

Todo había comenzado unos meses antes de la conferencia, cuando la doctora King recibió un correo electrónico en su dirección de la universidad. En el mismo, una persona que quiso guardar deliberadamente su anonimato y que poseía un pequeño fragmento de papiro escrito en copto, solicitaba a la profesora que lo examinara para verificar su contenido. El objeto fue entregado personalmente en diciembre de 2011.

El fragmento, un poco más pequeño que una tarjeta de crédito, de color ámbar y escrito de forma compacta por ambos lados con tinta de color negro bastante deteriorada, contiene 33 palabras divididas en 14 líneas incompletas que dan lugar a más de una interpretación posible. King, intrigada por el peculiar hallazgo, aunque muy cautelosa, acudió inmediatamente a algunos expertos en copto y papirología: Roger Bagnall, director del Instituto para el Estudio del Mundo Antiguo de la Universidad de Princeton, y Anne Marie Luijendijk, también de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos.

Estos, después de un cuidadoso análisis, estuvieron de acuerdo en la probable autenticidad del objeto. Sobre esta base se inició la traducción del fragmento, y en ese momento comenzaron a aparecer las sorpresas…

Escrito en copto sahídico, la condición física y el estado de conservación del material del que está hecho el fragmento serían compatibles con una procedencia egipcia. No se conoce con exactitud su origen, pero hay algunas noticias sobre su historia más reciente. Como cuenta la misma profesora King, el propietario (un coleccionista privado que quiere guardar el anonimato) posee una carta escrita a máquina firmada por el profesor Peter Munro, de la Universidad Libre de Berlín (Alemania), con fecha 15 de julio de 1982 y remitida a un tal señor Laukamp.

En la carta se afirma que el profesor Fecht data uno de los papiros del seños Laukamp alrededor de los siglos II-IV, identificándolo como un fragmento del Evangelio de Juan, y sugiere preservar el objeto entre dos hojas de vidrio para protegerlo de mayores daños. Este fragmento del Evangelio de Juan ahora forma parte de la colección del mismo propietario del fragmento del Evangelio de la esposa de Jesús, quien los compró junto a otros papiros griegos y coptos.

Una orquestada campaña de descrédito

Una noticia tan sensacional podría ser muy peligrosa para el status quo religioso y, por lo tanto, es natural que haya sido objeto de dudas y críticas, debidas no tanto a las circunstancias del descubrimiento del fragmento –como se ha dicho-, como al enorme peso que unos pocos trazos de tinta podrían tener en relación a uno de los dogmas más absolutos de la historia de la humanidad: el celibato de Cristo, en el cual se basa la misoginia de la iglesia católica romana.

De hecho, la contraofensiva no se hizo esperar, y sólo unos días después del anuncio de King, L’Osservatore Romano, el periódico del Vaticano, publicaba la opinión de un erudito en documentos coptos, Alberto Camplani, que, aunque utilizando un tono no tan decidido y categórico como reflejó la prensa, ponía en duda la autenticidad del fragmento. Poco después, el 5 de octubre pasado, los argumentos del diario católico fueron retomados por el programa Voyager de la televisión italiana, donde se sentenció la falsedad del papiro sin atender a las opiniones de los expertos que todavía lo están estudiando en universidades de todo el mundo, completando así una auténtica campaña de desprestigio orquestada por los altos cargos de la iglesia católica.

Indicios de autenticidad

En cuanto al aspecto físico y la datación del fragmento, este pequeño pedazo de papiro mide unos 4 cm de alto por 8 cm de ancho. Está escrito en caracteres coptos trazados con tinta de color negro, de los cuales se están haciendo análisis químicos. Ninguno de los márgenes se encuentra intacto. En la parte anterior (el concepto de delante y detrás se refiere sólo a la textura de las hojas de papiro y no a su contenido) figuran 8 líneas incompletas y 6 en la parte posterior.

Lo que sugieren los análisis de texto y caligráficos es una cierta falta de estilo y elegancia, tanto en el trazado como en la forma, que deriva del probable uso de un lápiz inadecuado, excesivamente duro para aguantar la tinta, y que ha dejado trazos bastante amplios y líneas poco precisas, como ha declarado el profesor Roger Bagnall. Paradójicamente, este se podría considerar un detalle a favor de la autenticidad del papiro, ya que una posible falsificación habría sido redactada con más cuidado. Según varios investigadores, la presencia de texto también en la parte “posterior” del fragmento consolida la hipótesis de su autenticidad, ya que es extremadamente difícil de falsificar, dadas las condiciones del papiro.

La opinión del experto

Esto es lo que opina el profesor James D. Tabor, catedrático del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), del polémico fragmento del Evangelio de la Esposa de Jesús:

“Si hace unos años me hubiesen preguntado si había alguna evidencia de que Jesús estuviese casado, hubiera dicho rotundamente que no. Pero hoy tengo otra opinión. Un concepto se ha repetido incesantemente tanto por los estudiosos como por la misma Karen King: este fragmento y su contenido no son en sí una evidencia de que Jesús estuviera casado, sino más bien del hecho de que en el momento en que fue escrito (probablemente en el año 200), algunos cristianos se hacían esa pregunta.

Considero bastante convincente el profundo análisis realizado por Ariel Shisha-Halevy, un experto en lenguaje copto de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que incorpora la discusión sobre el llamado “objeto perdido” al que se refería quien habla en el texto. El profesor Shisha-Halevy está convencido de que la pieza es auténtica, basándose en el análisis lingüístico y gramatical. Sigo siendo escéptico sobre las acusaciones de falsificación que han hecho del fragmento, y, sin embargo, sigo creyendo en la buena capacidad de juicio de Robert Bagnall. No confío en las discusiones que han surgido acerca de la posibilidad de que el texto esté “copiado” del Evangelio de Tomás. También creo que la cara “posterior” del papiro, que en realidad no fue tenida en cuenta por la prensa, constituye en sí misma una prueba de su autenticidad. Sería muy difícil explicar de qué manera un falsificador podría reproducir este lado también. A pesar de todo, este “copiador loco”, armado de su pluma cortada que chorrea tinta, habría podido simplemente copiar unas pocas líneas más del Evangelio de Tomás y producir una pieza decente…”

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