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EL MIEDO
Anna Horno

 

Libera Tu Ser - Reflexiones personales: "EL MIEDO"

 

Creo que un buen modo de entender el miedo, es asociándolo a la culpa, entendiendo que su origen está en ella, y que en la medida en que nos deshacemos de la culpa, nos vamos deshaciendo gradualmente también del miedo, pues al no haber "pecado", deja de haber necesidad de castigo.

Cuando hablo de “pecado” o de “culpa”, no estoy hablando forzosamente de faltas de las que podríamos decir “reales”, sino que pudiera ser algo tan simple como los condicionamientos a los que hemos vivido expuestos, que determinan nuestras conductas y creencias… cuando nos saltamos una de esas “reglas”, automáticamente nos asalta la idea de culpa, pecado y castigo, de modo que el miedo a las represalias, es en la gran mayoría de nuestros actos el que los condiciona...

En realidad sólo existe un miedo, expresado bajo cientos de formas distintas, pero es sólo uno, y es EL MIEDO A DIOS, o lo que es lo mismo, EL MIEDO A LA MUERTE DEL CUERPO… 

Lo que estamos experimentando en ésta y cada una de nuestras vidas, no es más que un sueño, una ilusión, ALGO QUE NO ES REAL. Es parecido a cuando por la noche vas a la cama, duermes y tienes sueños, con la diferencia de que estos  sueños son reconocidos como tales cada mañana en cuanto despiertas; mientras que llegar a reconocer que toda nuestra vida, con todas esas experiencias, penurias y alegrías por las que pasamos, no son más que un sueño, requiere algo más de “conocimiento”, y, sobre todo, un entrenamiento mental del que estamos totalmente desprovistos en este momento.

Parece ser que nuestro Espíritu (lo único que en realidad somos), decidió echar “una cabezadita”, y soñó que se había separado del Padre, cometiendo con ello un gran pecado…  ¿recuerdas “la parábola del hijo pródigo”?. Hasta tal punto el sueño nos parece real, que hemos llegado a aceptar la idea de que Dios está muy enfadado con nosotros, y que al volver a casa (muerte física) nos infringirá un terrible castigo por habernos separado de El…

Todo lo que “te parece estar viviendo”, es sólo un sueño, pero como tú mismo observas, parece muy, muy real, ¿a que si?, exactamente igual a lo que sucede por la noche, mientras soñamos. Tal como en la parábola, aparentemente separados del Padre, hemos interrumpido el flujo o corriente de Amor, Bienestar y Abundancia, y parece que nos hemos quedado atrapados experimentando la dualidad, el mundo de los opuestos… y…  adivina… ¿cuál es el opuesto al Amor?... EL MIEDO. 

Antes de entrar en ese estúpido sueño, el miedo no existía, el Amor de Dios era todo cuanto había, y todas las creaciones gozaban de la misma perfección que su Creador.

Sin embargo, con ese sueño de separación, surgió el miedo como una manifestación de nuestros sentimientos de culpa inconscientes por ese “supuesto abandonar al Padre”, evidentemente, porque relacionamos esa culpa con el “castigo divino”, “la ira de Dios”, “el Juicio Final”, etc…

De modo que debemos encontrar un modo de aliviar o suprimir aparentemente esa culpa imaginaria dentro de nosotros, y para ello, nada mejor que proyectarla fuera, no reconocerla como algo propio, sino como algo ajeno a nosotros. Y así es como da comienzo la función, pero únicamente dentro del sueño, no lo olvides… el mundo del Espíritu permanece intacto, su realidad no ha cambiado a pesar del sueño, pues ¿qué podría hacer éste frente a la condición de Eternidad del Espíritu?

Inventamos los actores e inventamos los papeles que deberán interpretar para nosotros, el propósito no es otro que el de mantener la culpa fuera… ahora podemos decir que los malos son los políticos, las religiones, los violadores, los ladrones, el vecino que me insultó, el jefe que me trata mal, mi situación económica, este cuerpo enfermo…  cualquier cosa menos aceptar que lo que percibo, no es más que la proyección, desde mi mente, de mi culpa interna inconsciente, y que los otros, todo lo demás, no son más que imágenes fabricadas por mi mente con el objeto de utilizarlas como “cabezas de turco” sobre quienes depositar mi culpa y poder declarar culpables. 

Todo es un truco de la mente… ahí fuera no hay nada, no hay nadie, tal como sucede en una pantalla de cine… el proyector proyecta la película sobre la pantalla, pero la pantalla no es la película, ni la película se convierte en la realidad. Para que entiendas el paralelismo: el proyector equivaldría a nuestra mente (la parte que es ego, o, lo que es lo mismo, esa parte que parece que otorgó realidad a la separación); la película, sería el teatro que hemos fabricado para poder arrojar la culpa al mundo de ahí fuera, y, por último, la pantalla, que equivale a nuestro Espíritu, lo que somos y que jamás hemos dejado de ser, aunque lo hayamos olvidado. La pantalla refleja imágenes, cosas, situaciones, objetos, pero no es ninguno de ellos;  cuando la proyección finaliza, ella se queda exactamente igual que estaba antes de iniciar la película. Del mismo modo, el Espíritu experimenta la enfermedad, o la escasez económica, o la falta de Amor,  o la pérdida de Paz, o la pérdida de nuestros seres queridos… pero es como un experimentar mediante la observación, desde el no-miedo, desde la no-identificación con lo observado, en reconocimiento de QUIEN ES, sabiendo que está a salvo, que siempre estará a salvo pues su naturaleza es ETERNA, y nada irreal, o sea, nada que forme parte del sueño puede amenazarle.

La cuestión es que ahora, debido a ese sueño en el que estamos inmersos, nuestra mente no es capaz de reconocer al Espíritu, se halla dividida y totalmente identificada con el mundo de las formas, y condicionada por la presencia del miedo allá donde va. En esta división de la mente, digamos que conviven las dos identidades. 

La primera identidad, habla en favor DEL EGO, es aquélla con la que habitualmente nos identificamos, la de las apariencias, el mundo de las formas que percibimos con nuestros ojos físicos, y la que nos ha dotado de un cuerpo con el que identificarnos, como modo de asegurarse la  continuidad de la falsa idea de la “separación”.  La visión del ego es engañosa, pues tal como te comentaba ayer, no observa la realidad, sino únicamente su propia fabricación, a imagen y semejanza de sí mismo, digamos que lo que está observando, es su realidad particular, fruto de sus creencias  (la Física Cuántica ya ha demostrado este hecho). 

Cuando nos limitamos a observar el mundo de las formas, que es el mundo fabricado por el ego, observamos sufrimiento, enfermedad, pobreza, guerra… evidentemente todo esto provoca miedo, y el miedo recicla y renueva la “separación y la culpa”, que es lo que el ego pretende para su supervivencia. 

Por otra parte, al identificarnos con el cuerpo, asumimos las cualidades de temporalidad y vulnerabilidad que son inherentes a éste, de modo que debemos protegernos, y para ello, nada mejor que actuar contra cualquier cosa que nos parezca sospechosa de representar una amenaza para la supervivencia, cayendo de este modo de cuatro patas en la trampa del ego de “buscar la solución a los problemas donde jamás la hallaremos, a saber, fuera de nosotros”.

La segunda identidad, nuestra verdadera identidad, habla en favor DEL ESPÍRITU, es la identidad de la cual conservamos, en la mayoría de los casos, un vago recuerdo, algo, no sabemos qué, que nos dice, nos hace pensar, intuir que existe algo más…

Es el mundo abstracto del pensamiento, de la creación en oposición  a la fabricación del ego, de toda creación cuya materia prima es el Amor, exactamente de la misma manera que Dios, pues aquí, somos co-creadores con El. Las cualidades del Espíritu son Amor, Bienestar, Abundancia, Felicidad, Alegría, Plenitud, Mente Abstracta, Creación… Los opuestos a éstas, pertenecen al ámbito del ego.

Cuando dejamos de identificarnos con el ego, cuando nos identificamos e identificamos cuanto nos rodea con el Espíritu, es cuando desaparece el miedo, pues el AMOR está ahora al mando, y el Amor sabe de la inocencia de su Hijo, sabe también separar lo real de lo ilusorio, y sabe, que NADA IRREAL PUEDE AMENAZAR A LAS CREACIONES DE DIOS. 

No debería existir más propósito en el cuerpo, que el de ser utilizado por el Espíritu como un recurso de aprendizaje, a fin de llevar a cabo las lecciones de perdón que nos conducirán de vuelva a Casa. 

El miedo y la culpa caminan de la mano, su único propósito es perpetuar la idea de la separación.

El único propósito de la separación, la supervivencia del ego. 

Cuando comprendamos intelectual y experiencialmente que TODOS SOMOS UNO, se desvanecerán las barreras, se disolverán el miedo y la culpa, renunciaremos total y definitivamente al ego, y el AMOR volverá a ocupar el lugar del que en realidad nunca se ha ausentado, aunque nuestro sueño parecise mostrar lo contrario… 

EN EL AMOR ESTAMOS EN NUESTRO VERDADERO HOGAR… EL PERDÓN NOS CONDUCE DE VUELTA A ÉL…

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