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EL PODER SANADOR DE LA BONDAD - VOL. II
KENNETH WAPNICK

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "EL PODER SANADOR DE LA BONDAD"

 

Volumen dos - Perdonar nuestras limitaciones
Del capítulo 5. El demostrar el perdón

 

[…] Escucho el mensaje de perdón del Espíritu Santo en vez del cuento de culpa del ego, y permito que Sus palabras de amor sean las mías, como lo hizo Helen cuando tomó Un curso de milagros, al dar un paso atrás y, alejándose de su ego, permitir que Jesús le mostrase el camino. Puesto que él era un símbolo del Amor de Dios para ella, se unió a ese amor al no unirse al ego. Su mente estaba serena, y le permitía “oír” su voz y “escuchar” su mensaje de amor a medida que las palabras fluían a través de ella. En este sentido, todo el mundo es canal, pues todos oímos una voz interior –no hay ninguna externa. La única pregunta es qué voz escucharemos. Por eso el interés central de Un curso de milagros es el volverse consciente de la inversión del ego en la separación y su necesidad de especialismo, el cual le llevamos a Jesús para la sanación.

Jesús le pedía a Helen repetidamente que intercambiase los regalos de miedo por los regalos de amor de Dios, al decirle, no con estas palabras: “No te puedo dar mi amor hasta que primero me des tu miedo. En efecto, tienes una sola mano, y si está llena de culpa, miedo y especialismo, no hay cabida para el amor. No te puedo quitar la culpa, y por eso tienes que mirarla conmigo para que yo te pueda enseñar lo que es, de dónde procede, por qué la elegiste y lo que has perdido con la decisión de tu mentalidad errada. Así estarás motivada a dármela, y cuando lo hagas, tu mano vacía se llenará con el Amor de Dios”.

Lo que acelera nuestro progreso en este desvío a casa es pedir ayuda siempre que nos demos cuenta de que estamos haciendo real alguna diferencia entre nosotros y otro. Cualquier pensamiento que tengamos que establezca una diferencia entre nosotros tiene que ser del ego –una bandera roja que no podemos pasar por alto si estamos prestando atención. Sin embargo, tratemos de no cavilar en ello, y sobre todo, tratemos de no justificarlo, racionalizarlo ni defenderlo. Simplemente digamos: “Obviamente debo estar en el sistema de pensamiento de separación del ego, porque no estoy haciendo un juicio respecto a alguien, que estaría dispuesto a hacer respecto a todo el mundo, incluido yo mismo”. Para subrayar el principio discutido anteriormente, cualquier pensamiento que se tenga, que no se quiera aplicar a todo el mundo en la Filiación, tiene que ser del ego. No hace falta analizar ni tratar de entender el juicio, si no reconoce lo que es y cómo cancela el pensamiento subyacente que ve a todo el mundo con las mismas necesidades, intereses y metas.

Como estudiantes de Un curso de milagros, se nos pide que primero aprendamos y practiquemos sus enseñanzas. Una vez que lo hagamos, el amor al cual hemos dado cabida obrará a través de nosotros. Siempre que sintamos que tenemos trabajo importante que hacer en el mundo –p.ej., una función especial que Jesús nos ha encomendado- deberíamos, con apacible certeza, darnos cuenta de que nuestro ego ha vuelto a las andadas. Nuestra única función es perdonar. Siempre que creamos que hay algo más que tengamos que hacer, alejémonos lo más rápidamente que podamos de nosotros mismos. Si alguien nos habla de lo que es nuestra función, alejémonos incluso más rápidamente, porque deben estar queriendo algo de nosotros. Nadie tiene ninguna obra importante que tenga que hacer, que difiera de la que tiene cualquier otro. No tendría sentido pensar de otro modo acerca de un mundo que no existe. Nuestra única obra importante es cambiar la mentalidad que cree que hay un mundo, y para colmo, que hay algo importante que se necesite hacer en él.

Esto no significa, sin embargo, que no hagamos cosas aquí –nuestros cuerpos no existirían por mucho tiempo si no funcionaran. La pregunta es, no obstante, ¿quién es el agente del funcionamiento –el ego o el Espíritu Santo? Sabemos que es el ego si creemos que lo que estamos haciendo es importante, o si lo que estamos haciendo es algo sin importancia porque no es lo que hacen otros. El ego bendice cualquiera de las dos opciones, pues se deleita en las comparaciones del especialismo. Cuando nos comparamos con otros, y resulta que nosotros somos importantes y ellos no, porque Jesús nos encomendó una misión especial; o bien resulta que somos la escoria de la tierra porque todos los otros tienen misiones y nosotros no tenemos nada importante que hacer –es la misma cosa, pues vemos diferencias donde no hay ninguna. Una ilusión vestida de azul no es diferente de una ilusión vestida de rojo; una ilusión vestida de importancia –la cual es realmente engreimiento- no es diferente de una ilusión vestida de falta de importancia. Cualquier cosa que haga real una percepción de diferencias tiene que ser del ego. Pensemos que la única forma de que uno tenga una función especial es que también todos los demás tengan una función especial: el perdón. Recordemos, cualquier cosa que nos diferencie de otro, tiene que ser del ego. No hay nada más que necesitemos saber –todas las limitaciones son inherentemente lo mismo en contenido y propósito.

Como Jesús nos pide que hagamos, le llevamos nuestras percepciones erróneas, al entender que las percibimos porque queremos hacer reales las diferencias, pues de esta manera mantenemos nuestras identidades separadas y especiales. Sólo necesitamos ser conscientes de cómo casi todo lo que hacemos, decimos, sentimos o pensamos es para separar, pues ello no abraza a todas las personas como una sola, donde vemos que todos satisfacen una necesidad común y comparten una meta común. Sin embargo, no debemos juzgarnos a nosotros mismos por nuestra limitada visión, sino que más bien debemos contemplar estas percepciones erróneas y darnos cuenta de por qué las elegimos. Este es el verdadero significado de pedir ayuda, lo cual no se puede lograr si no se entiende la metafísica subyacente del Curso de que el mundo de la separación es una ilusión. Una captación clara de este principio nos impide quedar atrapados en la relación especial en cualquiera de sus formas. El especialismo espiritual es la peor de éstas debido a su aire santurrón de santidad e importancia. Jamás nos damos cuenta de cuán causante de división y de ataque es el especialismo, y en este sentido es útil tener presente que Un curso de milagros en sí es una ilusión. Sin duda es una ilusión muy útil, pero el Curso sigue siendo lo que es –una colección de palabras y conceptos. Así como personas que se han matado a causa de la Biblia, hay personas muy cerca de matarse unos a otros por este curso –si no físicamente todavía, hasta donde yo sé, no cabe duda que psicológicamente sí. Esto jamás sucedería si su forma no se tomase tan en serio.

En conclusión, debemos tomar en serio el amoroso contenido de Un curso de milagros, pero no su forma, pues entonces nos daremos cuenta de que el amor es perfecta Unidad, lo cual incluye a todo el mundo. Es esencial ser conscientes de cuánto queremos aferrarnos a nuestras limitaciones o a las limitaciones de otros, y de nuestra resistencia a soltar el sistema de pensamiento del ego. Lo que nos ayuda a ascender la escalera del perdón es el perdonarnos a nosotros mismos por no querer ascender la escalera. Se nos dificulta nuestro ascenso, no por nuestras percibidas limitaciones, defectos o imperfecciones, sino por no contemplarlas a través de los dulces ojos de la bondad que no ve motivos de juicio. Así somos liberados de las barreras al libre fluir del amor a través de nuestros limitados yos, los medios con los cuales aprendemos a recordar la carencia de todo límite del Hijo de Dios.

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EXTRACTOS DE UN CURSO DE MILAGROS

«El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de gloria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. No hay tristeza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.»
UCDM - (T-26.IV.2)
«No tengas miedo, hijo mío, sino deja más bien que los milagros iluminen dulcemente tu mundo. Y allí donde la diminuta brecha parecía interponerse entre tú y tu hermano, únete a él. Y de este modo, será evidente que la enfermedad no tiene causa. El sueño de curación reside en el perdón, que dulcemente te muestra que nunca pecaste. El milagro no dejará ningún vestigio de culpabilidad que pueda traerte testigos de lo que nunca fue. Y preparará en tu almacén un lugar de bienvenida para tu Padre y tu Ser. La puerta está abierta para que todos aquellos que no quieran seguir hambrientos y deseen gozar del festín de abundancia que allí se les ha preparado puedan entrar. Y éstos se reunirán con tus Invitados, a quienes el milagro invitó a venir a ti.»
UCDM - (T-28.III.8)
«En ti reside el Cielo en su totalidad. A cada hoja seca que cae se le confiere vida en ti. Cada pájaro que jamás cantó cantará de nuevo en ti. Y cada flor que jamás floreció ha conservado su perfume y hermosura para ti. ¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea restituido a aquel para quien fue creado como su único hogar? No ha habido nada ni antes ni después. No ha habido ningún otro lugar, ningún otro estado ni ningún otro tiempo. Nada que esté más allá o más acá. Nada más. En ninguna forma. Esto se lo puedes brindar al mundo entero y a todos los pensamientos erróneos que se adentraron en él y permanecieron allí por un tiempo. ¿De qué mejor manera se podrían llevar tus propios errores ante la verdad, que estando dispuesto a llevar la luz del Cielo contigo, según te diriges más allá del mundo de las tinieblas hacia la luz?»
UCDM - (T-5.IV.5)
«La relación santa refleja la verdadera relación que el Hijo de Dios tiene con su Padre en la realidad. El Espíritu Santo mora dentro de ella con la certeza de que es eterna. Sus firmes cimientos están eternamente sostenidos por la verdad, y el amor brilla sobre ella con la dulce sonrisa y tierna bendición que le ofrece a lo que es suyo. Aquí el instante no santo se intercambia gustosamente por uno santo y de absoluta reciprocidad. He aquí tiernamente despejado el camino que conduce a las verdaderas relaciones, por el que tú y tu hermano camináis juntos dejando atrás el cuerpo felizmente para descansar en los Eternos Brazos de Dios. Los Brazos del Amor están abiertos para recibirte y brindarte paz eterna.»
UCDM - (T-20.VI.10)
«Escucha... tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una canción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las circunstancias en las que la oíste. No puedes acordarte de toda la canción, sino sólo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.»
UCDM - (T-21.I.6)
«Ésta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.»
UCDM - (T-21.I.9)
«¡Ay, criatura de Dios, si supieses lo que Dios dispone para ti, tu gozo sería absoluto! Y lo que Él dispone ha ocurrido, pues siempre fue verdad. Cuando venga la luz y hayas dicho: "La Voluntad de Dios es la mía", verás una belleza tal que sabrás que no procede de ti. Como resultado de tu gozo crearás belleza en Su Nombre, pues tu gozo es tan incontenible como el Suyo. El mundo desolado e insignificante se desvanecerá en la nada, y tu corazón estará tan rebosante de alegría que de un salto se elevará hasta el Cielo, ante la Presencia de Dios. No puedo describirte cómo será esto, pues tu corazón no está todavía listo. Puedo decirte, no obstante, y recordártelo a menudo, que lo que Dios dispone para Sí Mismo lo dispone para ti y lo que Él dispone para ti es tuyo.»
UCDM - (T-11.III.3)
«Criatura de la luz, no sabes que la luz está en ti. Sin embargo, la encontrarás a través de sus testigos, pues al haberles dado luz, ellos te la devolverán. Cada hermano que contemples en la luz hará que seas más consciente de tu propia luz. El amor siempre conduce al amor. Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con santo agradecimiento. Y eso es lo que te ofrecen a ti que les brindaste dicha. Son tus guías a la dicha, pues habiéndola recibido de ti desean conservarla. Los has establecido como guías a la paz, pues has hecho que ésta se manifieste en ellos. Y al verla, su belleza te llama a retornar a tu hogar.»
UCDM - (T-12.VI.10)
«Criatura de Dios, fuiste creado para crear lo bueno, lo hermoso y lo santo. No te olvides de eso. El Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. El mejor uso que puedes hacer del cuerpo es utilizarlo para que te ayude a ampliar tu percepción, de forma que puedas alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo.»
UCDM - (T-1.VII.2)
«Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti. Todo lo que vive no hace sino ofrecerte regalos y depositarlos con gratitud y alegría ante tus pies. El aroma de las flores es su regalo para ti. Las olas se inclinan ante ti, los árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y sus hojas tapizan el suelo para que camines sobre algo mullido, mientras que el sonido del viento amaina hasta convertirse en un susurro en torno a tu santa cabeza.»
UCDM - (PI.156.4:1-3)