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EL PODER SANADOR DE LA BONDAD - VOL. I
KENNETH WAPNICK

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "EL PODER SANADOR DE LA BONDAD"

 

Volumen uno - Liberarse del juicio
Del capítulo 2. El juicio y el creer en diferencias: la base de la carencia de bondad

¿CÓMO SE DEJA DE JUZGAR?

 

Una actividad favorita de muchos estudiantes de Un curso de milagros es juzgar a otros santurronamente en el nombre del Curso mismo. Así, razonan ellos, si alguien está enfermo, obviamente se debe a su culpa –hemos estado orando por ellos y siguen teniendo sus síntomas; ¡eso significa obviamente que son culpables! Sin embargo, cuando se piensa en ello, ¿cómo es posible que puedan conocer el significado de los síntomas en el camino mayor de la Expiación de esa persona? Ellos basan su respuesta enteramente en la forma –lo que sus ojos ven- y no tienen idea alguna de lo que está pasando en la mente de la persona. Por eso, repito, emiten un juicio so pretexto de ser buenos estudiantes.

Leeré algo ahora de “¿Cómo se deja de juzgar?” (M-10), lo cual afirma en los más claros términos que ese juicio es imposible. Este no es el único lugar en el Curso donde Jesús habla de la imposibilidad de juzgar, pero es quizás el más explícito. El punto de Jesús es que no podemos juzgar ni entender nada. Por lo tanto, siempre que creamos que somos estudiantes superiores del Curso justificados en nuestros juicios –siempre sobre la base de información externa- de dónde se encuentran los otros en su camino de la Expiación, pensemos en estos pasajes: (M-10.3:1) El objetivo de nuestro programa, a diferencia del objetivo del aprendizaje del mundo, es el reconocimiento de que juzgar, en el sentido usual, es imposible.

Jesús no está hablando sólo acerca de la condenación, el significado obvio; está utilizando también el sentido más amplio de juicio: entender cualquier cosa en lo más mínimo –juzgar dónde está la persona en su camino espiritual, por ejemplo.

(3:2-7) Esto no es una opinión sino un hecho. Para poder juzgar cualquier cosa correctamente, uno tendría que ser consciente de una gama inconcebiblemente vasta de cosas pasadas, presentes y por venir. Uno tendría que reconocer de antemano todos los efectos que sus juicios podrían tener sobre las personas y sobre todas las cosas que de alguna manera estén involucradas en ellos. Y tendría que estar seguro de que no hay distorsión alguna en su percepción, para que sus juicios fuesen completamente justos con todos sobre los que han de recaer ahora o sobre los que hayan de recaer en el futuro. ¿Quién puede hacer eso? ¿Quién, excepto en delirios de grandeza, pretendería ser capaz de esto?

Esto se explica por sí mismo, y por eso continuaré –se pone un poco peor.

(4:1) ¿Recuerdas cuántas veces pensaste que estabas al tanto de todos los “hechos” que necesitabas para juzgar algo y cuán equivocado estabas?

Cualquier que tenga siquiera el más leve grado de honestidad para consigo mismo se daría cuenta de cuán verdadero es esto.

Olvidemos todas las veces que era claro que estábamos equivocados -¿qué tal las otras veces?

(4:4-5) ¿Por qué habrías de querer usar una base tan arbitraria para tomar tus decisiones? Formar juicios no es muestra de sabiduría; la renuncia a todo juicio lo es.

Eso describe el objetivo del Curso. Todo su currículo se trata de renunciar al juicio, “el requisito previo para poder oír la Voz de Dios”.

Al principio del texto Jesús nos habla de las recompensas por no juzgar: “No tienes idea del tremendo alivio y de la profunda paz que resultan de estar con tus hermanos y contigo mismo sin emitir juicios de ninguna clase” (T-3.VI.3:1).

Hay que releer estos párrafos siempre que uno se sienta tentado a juzgar a otros –no sólo atacarlos y hallar faltas en ellos, sino también al presumir que sabemos dónde están espiritualmente, o lo que sus síntomas físicos significan.

La enfermedad se puede considerar que es juzgar, como dije anteriormente –el juicio original que dice que sé lo que más me conviene; Dios no lo sabe, yo sí sé, y estoy mucho mejor al valerme por mí mismo: autónomo, libre e independiente del Cielo. Eso es locura absoluta, y todos los juicios que jamás hemos emitido proceden de ese pensamiento demente, y todo lo que se ha derivado de ese primer juicio comparte esa demencia. Pensemos en el hecho de que el fenómeno de la percepción en sí es el juicio.

Para poder percibir algo, tenemos que percibirlo en relación con otra cosa –figura contra fondo, el fondo es el entorno o ambiente general y la figura es lo que se enfoca. Si no tenemos ese contraste no podemos percibir. Por eso elegimos de entre nuestro campo perceptible completo lo que estamos mirando y escuchando y, automáticamente descartamos lo que es irrelevante para nosotros. Por eso, por ejemplo, las personas en este salón que me están mirando y escuchando lo que estoy diciendo, están descartando otros estímulos visuales y auditivos. Por otra parte, si hay alguien en el salón que no está aquí como estudiante de Un curso de milagros sino como un decorador de interiores, por ejemplo, esa persona estaría percibiendo el color de las paredes, la forma del salón y la ambientación general. Lo que yo estoy diciendo y leyendo estaría en el trasfondo. Todos tenemos que percibir algo aquí, de lo contrario no podemos funcionar como cuerpos y, por lo tanto, siempre estamos separando lo que es importante de lo que no es importante –y eso es un juicio.

Podemos decir, entonces, que nuestro universo físico entero está basado en la separación y el juicio, al derivarse todo del juicio original que emitimos como un solo Hijo de que la individualidad era preferible a la Unidad del Cielo. Obviamente hicimos es juicio erróneo y la elección errónea y, en consecuencia, todo lo que se ha derivado de eso ha sido igualmente erróneo.

“Emite, entonces, un solo juicio más”. El único juicio que debemos emitir es que cometimos un error, y de que hay Alguien por dentro que puede ayudar. Lo que el Espíritu Santo me dirá acerca de mi amigo enfermo no tiene nada que ver con mi amigo enfermo. Me hablará acerca de , para que yo pueda darme cuenta de que si estoy preocupado y emitiendo juicios, es porque no le estoy prestando atención a mi enfermedad innata…

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