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EL CAMINO QUE SIGUE LA EMOCIÓN OCULTA

 

Libera Tu Ser - Artículos Ciencia/Belleza/Salud/Medioambiente: "EL CAMINO QUE SIGUE LA EMOCIÓN OCULTA"


Fuente: Extraído del libro “Tratado en BioNeuroEmoción: Bases Biológicas para el Cambio de Conciencia”, de Enric Corbera y Montserrat Batlló.

 

 

La emoción oculta o primaria, la no expresada, la reprimida, queda grabada en nuestro inconsciente y sigue un proceso biológico que vamos a tratar de explicar de una manera sencilla y comprensible.

Imaginemos una situación impactante: somos testigos presenciales de un accidente grave en la carretera, en el que se ve implicado el coche que va delante, en cuyo interior viajan unos seres queridos. Este estímulo provoca en nuestros cerebros una reacción de estrés y de máxima atención, y automáticamente todos nuestros sentidos se ponen en marcha. Esta información (visual, auditiva y cenestésica) es procesada por los sentidos en paquetes de ondas de información que son enviadas al hipocampo. Este fija el accidente en el espacio-tiempo, con la correspondiente emoción proyectada por la amígdala.

Toda esta reacción en cadena se envía hacia el córtex, y el córtex motor da una respuesta a lo que acontece en el exterior, es decir, al estímulo aversivo (la situación impactante). Si esta respuesta es reprimida y bloqueada por el mismo córtex debido a creencias, tabús, prejuicios o aprendizajes, la emoción queda oculta, reprimida.

Noción de umbral

Todos tenemos un nivel de tolerancia a los estímulos exteriores que nos impactan emocionalmente. La gestión de las situaciones emocionales, que llamamos conflictos emocionales, es muy diferente para cada persona, y está sometida a programas aprendidos, que muchas veces son ancestrales o se gestaron en el útero materno o a edades muy tempranas.

Lo que debe quedar claro es que para que un estímulo dispare todas las alarmas del inconsciente biológico, debe ser impactante, al menos lo suficiente como para que este impacto emocional súbito sobrepase el umbral de tolerancia psíquica del sujeto. Entonces éste pasa de un estado de normotonía, con los ciclos diurnos y nocturnos normales, a un estado de estrés. Para que esto suceda, el estímulo debe cumplir unos criterios:

1. Es imprevisto e inesperado. Sobreviene de golpe, en un momento preciso, lo que deja una huella neuronal. Se trata de una situación muy concreta, un instante en el que todo nuestro mundo se desmorona.
2. Es muy dramático. Se produce una fuerte obnubilación, cuesta pensar y tomar decisiones. El cerebro, especialmente el córtex, queda colapsado.
3. Se vive en aislamiento. No se puede comunicar, porque uno así lo cree o porque es totalmente imposible.
4. No hay solución. No hay salida, no sabemos qué hacer. Solamente nos queda sufrir la situación.

Hay otra manera de sobrepasar este umbral de tolerancia psíquica. Se trata de un proceso más lento al que llamamos impacto emocional acumulativo, en el que cada impacto por sí mismo no tiene la capacidad de superar esta barrera psíquica en la persona, pero las experiencias repetitivas se acumulan hasta que llega un momento en que el sistema psíquico de protección cede, revienta de alguna forma, y se entra en un estado de estrés crónico. En estas situaciones están presentes los mismos criterios que hemos mencionado antes.

Para poder entender bien la noción de umbral y los criterios que determinan el impacto emocional, hay que comprender lo que denominamos la tribiología. Se trata de una idea que en su momento enunció Aristóteles: “El cuerpo no está separado de la mente ni de las emociones de la persona”. El ser humano es un todo integrado. Sin embargo, muy a menudo sufre una falta de equilibrio entre la mente, las emociones y el cuerpo.

Dicha teoría afirma también que el cuerpo tiene un lenguaje que no se expresa con palabras (las palabras son propias de la mente). Si un cuerpo está sano, sin dolencias, nos está diciendo que nuestro equilibrio es el correcto. Por el contrario, la aparición de algún síntoma, por pequeño que sea, indica una ligera desarmonía entre las diferentes parcelas de nuestro ser. Esta manera de ver las cosas ha conducido a observar, estudiar y buscar la relación entre ese posible conflicto y la dolencia que nos afecta. Seguramente, y dependiendo de la fuente, encontraremos diferentes relaciones entre el órgano o tejido afectado y la causa.

Como podemos ver, este pensamiento holístico no es moderno. No hemos descubierto nada. Se trata más bien de poner las cosas en su justo lugar y realzar los méritos de quien realmente los tiene.

La Tribiología

La tribiología representa una maner de expresar este pensamiento aristotélico, según el cual la mente (psique), el cuerpo y el cerebro registran al unísono este impacto emocional antes explicado. Este gran maestro y pensador, nos inspira a aproximarnos a la noción de coherencia emocional y entender que todo desequilibrio se manifiesta en el cuerpo con un dolor físico o una enfermedad.

Cuando recibimos un impacto emocional súbito o acumulativo, todo nuestro sistema se resiente, tanto a nivel psíquico, como a nivel cerebral y orgánico.

A nivel psíquico nos sentimos alterados, estamos estresados, nos cuesta dormir, no tenemos hambre, nos asaltan pensamientos obsesivos o repetitivos.

A nivel orgánico sentimos dolores o molestias en ciertas partes del cuerpo, y muchas veces se nos manifiesta una enfermedad que está en relación directa con la forma en que procesamos el impacto emocional.

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