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CHARLAS SOBRE UN CURSO DE MILAGROS (VIII)

 

Un Curso de Milagros - Preguntas Frecuentes: "CHARLAS SOBRE UN CURSO DE MILAGROS (VIII)"


 

Por Anna Horno

Sobre la paciencia en la práctica de Un Curso de Milagros

 

No te atormentes por lo que todavía no has logrado, más bien regocíjate por haber llegado al punto en el que ahora te encuentras.

Un Curso de Milagros es una senda espiritual, y como tal, implica un trabajo interno que dura toda la vida. No basta con leer o comprender intelectualmente, se trata de llegar a la experiencia, y ésta, solamente se alcanza mediante la práctica sistemática del perdón, lo cual no siempre resulta sencillo.

Teóricamente es posible alcanzar el estado de iluminación en este instante, pero la experiencia nos dice que en raras ocasiones sucede de este modo, razón por la cual Jesús en su Curso nos propone 365 lecciones. Con ellas, vamos poco a poco invirtiendo nuestra mentalidad, intercambiando la forma en que habitualmente percibimos o interpretamos el mundo, de la mano del ego, por la forma en la que nuestro Santo Espíritu lo hace: reconociendo que no hay pecados, sino sólo errores, y recordando que toda apariencia de ataque, nuestro o de nuestros hermanos, es en realidad una petición de Amor. Siendo ésta la petición que tu hermano te hace, ¿cuál va a ser tu respuesta?

Procura no añadir culpa a tu ya pesada carga de culpa. En nuestra práctica de las enseñanzas del Curso, uno de los pilares es la PACIENCIA, paciencia para contigo en primer lugar, y por supuesto, paciencia para cuanto te rodea también. Confianza amiga, para quienes confían, la paciencia es una consecuencia natural.

Todos experimentamos circunstancias y situaciones que nos afligen. Todos tenemos “relaciones especiales de odio”.  No son relaciones que podamos perdonar o sanar de una día para otro, no porque no sea posible, sino por nuestra resistencia interna a soltar el resentimiento; por nuestro deseo de tener razón a cualquier precio. Y es que en el nivel del subconsciente, creemos que nuestra salvación depende de ello. Te diría que para empezar, entregues tu resistencia al Espíritu Santo, Él la transformará en verdadera voluntad, en tu propósito firme de alcanzar el Cielo junto con tu hermano.

¿Sabes por qué nos resulta tan difícil perdonar a ciertas personas o determinadas situaciones?, porque en el fondo amiga, a un nivel mucho más profundo que el intelectual, seguimos creyendo en la realidad del sueño. Seguimos identificándonos con el cuerpo y sus aparentes circunstancias. Seguimos apoyando la creencia de que este mundo es real y que lo que parece que sucedió, sucedió en realidad. Continuamos creyendo que placer y dolor, cielo e infierno, proceden del exterior, cuando en realidad, todo está sucediendo en nuestra mente.

El Curso nos insta a abandonar nuestro papel de víctimas, ¿cómo?, asumiendo nuestra responsabilidad. Ten muy presente que para que haya víctimas, tiene necesariamente que haber verdugos, y por tanto, culpables y pecadores. De esta forma el ego perpetúa la idea de la separación y el pecado.

Somos responsables (no culpables, puesto que no hay pecado sino sólo error), en primer lugar, de lo que parece que está sucediendo ahí fuera, en el mundo, recuerda que es tu proyección, tú lo fabricaste, lo proyectaste de ese modo con el único propósito (del ego, por supuesto), de mantener la culpa alejada de ti, separada de ti, pero intacta en tu mente, que es donde siempre estuvo y donde tiene que ser deshecha. Y no es que seas culpable, es sólo que crees serlo.

En segundo lugar, somos responsables de lo que decidimos percibir. Una vez más, nos despojamos de nuestro disfraz de víctimas, o verdugos según el caso, para asumir completa responsabilidad por lo que decidimos hacer con lo que parece, y fíjate que digo parece, que está sucediendo. Puedo, a partir de mi interpretación, percibir una amenaza, un ataque, o puedo percibir una petición de Amor. La responsabilidad es mía, porque mío es el poder de elección.

En esto consiste el perdón, en pasar por alto el error y mirar más allá de toda ilusión, donde descansa el Cristo, el Hijo Único de Dios, perfecto y por siempre libre de pecado. Y recuerda que el perdón es siempre para ti, no hay nadie más. Mediante el acto de perdonar, a través de esa aparente experiencia dolorosa que tu hermano te ofrece, es como recuerdas a tu mente la inocencia de ambos (la tuya y la de esa otra forma que tu mente ha proyectado, pero que sigue siendo tú).

Si no sientes paz, es porque debes haber elegido equivocadamente. La paz debe ser lo que verdaderamente anheles por encima de todo lo demás. No puedes desear la paz y al mismo tiempo pretender conservar tu particular sistema de pensamiento, porque es éste justamente el que te distancia de tu hermano y de la experiencia del Amor, que te permitiría recordar a tu Creador. Si estás verdaderamente comprometida con la paz, si estás decidida a residir en ella, no puedes tratar de defender tus ideas, ni de proteger ese puñado de conceptos aprendidos acerca de ti misma o acerca del mundo y de esos “otros” que parecen no ser tú. Tú no eres tus ideas, tú no eres tus creencias ni tus aparentes circunstancias, tú no eres ese cuerpo con el que te identificas, ni tus hermanos lo son tampoco, aun cuando ellos puedan creerlo, y cuya creencia tú refuerzas al interpretar falsamente.

Imagina que eres una cebolla, con sus cientos de capas. Cada vez que pones una situación, una persona o un pensamiento al servicio de tu mente recta, estás pelando una capa de esa cebolla. En esa capa van todos tus juicios, todas tus expectativas, todas tus interpretaciones e ideas acerca de cómo deberían ser las cosas. Renuncias a todo ello en favor de la verdad. Así te deshaces, te liberas de una capa de ego. Si sigues pelando capa tras capa todas las capas de la cebolla, llegará un momento en que la cebolla por completo habrá desaparecido. Lo mismo sucederá con tu ego, ya no habrá ni rastro de él. Es entonces cuando emerge resplandeciente el Hijo de Dios, sin juicios, sin condena,  sin definiciones de sí mismo ni del mundo, sin deseos de especialismo, simplemente siendo y extendiendo el perfecto Amor que siempre fue.

Te propongo un ejercicio muy hermoso, es de un taller de Gary Renard:

Cierra los ojos y respira profunda y lentamente durante un par de minutos. A continuación trae a tu conciencia la imagen de esa persona que tanto te cuesta perdonar. Piensa en toda ofensa de la que creas ser víctima, observa todos esos pensamientos, todo tu dolor, tu rabia o tu resentimiento: permítete sentirlo, sin resistirlo, sin negarlo, acéptalo tal como es. Aguarda así unos minutos. A continuación, teniendo en mente la imagen de tu hermano, repite tres veces lo siguiente: “Eres espíritu. Eres completo e inocente. Todo está perdonado y liberado”. Para finalizar el ejercicio, imagina que envuelves a esa persona en un manto de amorosa luz y se lo entregas al Espíritu Santo en paz.

Haz este ejercicio tantas veces como necesites para recuperar tu paz, pero hazlo de corazón, plenamente consciente y completamente comprometida con el propósito de alcanzar la paz. No sirven las medias tintas. O deseas servir al ego, o deseas servir a Dios, no hay término medio.

El instante santo…

Celebro tu experiencia, pues es EL INSTANTE SANTO, un instante fuera de las coordenadas de tiempo y espacio, en el que te haces (en tu mente) una con Dios al aceptar tu inocencia. No trates de intelectualizarlo, o distorsionarás la experiencia… simplemente siéntela en lo más profundo de tu corazón, y consérvala en tu memoria como un testimonio que da fe de LO QUE ERES.

Recuerda que el Espíritu Santo emplea todas nuestras ilusiones para Su Santo propósito, de ahí que una lectura, una imagen, un sonido, cualquier cosa de este mundo, pueda evocar en nuestra mente el reconocimiento de Dios, y ese reconocimiento nos llena de una alegría tan profunda e inmensa, que no podemos por menos que echarnos a llorar, ¿verdad?. Pero es un llanto de pura felicidad y agradecimiento. Esa es nuestra realidad, todo lo demás son historias.

Olvídate del cuerpo, todo sucede en la mente, el cuerpo es sólo el vehículo, nada más. Recuerda que la mente es CAUSA, el cuerpo es sólo efecto. La mente le dice al cuerpo lo que sentir. En el Instante Santo, estás en tu mente recta, y así lo experimentas a través cuerpo. Cuando ya no quede ni pizca de ego, el cuerpo desaparecerá y sólo quedará la experiencia de puro gozo, esa misma que gracias a Dios, has vislumbrado tú hoy… es la Revelación.

Tú sientes la experiencia a través del cuerpo, pero la experiencia no procede del cuerpo, sino de esa parte de tu mente que permanece intacta tal como nuestro Padre la creó. En ese instante, tú no has visto nada concreto, simplemente has sido y has sentido, puedes ubicar el sentimiento en la zona del corazón, pero no procede del corazón, sino de la mente.

Mente y cerebro

No hay que confundir cerebro con mente, puesto que no son lo mismo. El cerebro es ilusorio, ya que es parte del cuerpo, y está al servicio de la mente, que como te comentaba, es la que toma las decisiones. El cerebro no piensa, ni decide, ni tiene ningún poder ni capacidad creativa sobre la aparente realidad que experimentamos. El cerebro, junto con el resto del cuerpo, es tan sólo el receptor de las señales que proyecta la mente. La mente, puedes llamarla así, o Fuente, o Dios, o como más te guste, es el origen de todo pensamiento, que en realidad no posee una ubicación física ni está sujeta a las leyes del tiempo.

Lo que tú has experimentado (el instante santo), no está supeditado al cuerpo, pero puesto que crees ser un cuerpo, inevitablemente lo experimentas a través de éste, pero NO debido a éste. En realidad no necesitas al cuerpo para tener una experiencia de Dios, es más, precisamente porque crees ser un cuerpo, no puedes tener una experiencia constante o permanente de Dios.

Somos pensamiento puro, y un pensamiento errado (ego) es la causa de este mundo, de todo lo que puedes percibir a través de tus sentidos físicos, o de algún modo puedes medir o alterar, eso incluye la energía, que tan aficionados son a espiritualizar algunos movimientos de autoayuda.

En cuanto a la mente, en realidad NO HAY MÁS QUE UNA MENTE, pero al tener la experiencia de estar separados, hablamos de la mente de cada uno, pero NUNCA estamos hablando del cerebro. El Espíritu Santo no opera en tu cerebro, sino en las ideas erradas que tu mente sostiene, y que desde tu mente son lanzadas hacia tu cerebro en forma de pensamientos, actitudes, etc.

El cuerpo ES COMPLETAMENTE NEUTRO, eso incluye al cerebro. Tú crees ver a través de tus ojos, o crees oír a través de tus oídos. Pero una prueba irrefutable de que esto ES COMPLETAMENTE FALSO, es que cuando cierras los ojos o te tapas los oídos, continúas viendo imágenes y oyendo voces. ¿Por qué?, porque proceden de más allá del cuerpo… proceden de la mente, que es la que proyecta. El cuerpo es sólo el receptor.

Espero haberlo aclarado un poco, no obstante, no te distraigas, pues eso es lo que son estas preguntas: distracciones para el ego, que pretenden desviarte de lo verdaderamente importante: la práctica!!

Dudas sobre la correcta práctica de los ejercicios de Un Curso de Milagros

Ten cuidado con la práctica de las lecciones, no sea que termines convirtiéndola en una práctica al servicio del ego. Jesús no nos pide perfección, sólo nos pide sinceridad, honestidad, y una buena dosis de C O N F I A N Z A. De la mano de la confianza, viaja siempre la P A C I E N C I A, la cual te va a ser muy útil en esos momentos de “tentación” o “aparente debilidad”.

Si no siempre recuerdas hacer puntualmente la lección, NO PASA NADA. Cuando te das cuenta la retomas y ya está. Sin culpa, sin sensación de estar haciéndolo mal, que es lo que te invita a sentir el “enemigo invisible”. Si te sientes más segura con ello, todos los días entrega tu práctica al Espíritu Santo, pídele ayuda, déjalo en Sus Manos, y por el resto del día no vuelvas a cuestionarte si lo estás haciendo bien o mal, pues eso no es más que un juicio, justamente de esos de los que estamos tratando de deshacernos. Yo para ayudarme utilizaba una alarma, tal vez te pueda ser útil también a ti.

Las lecciones en sí, no son lo más importante, me explico: el propio Curso, al final del Libro de ejercicios nos recuerda: “esto es un comienzo, no un final”. Después de haber completado las 365 lecciones, estamos listos para despegar, nada más; somos como un bebé que finalmente ha aprendido a andar y ya no necesita la mano de su mamá. El propósito de los ejercicios es entrenar tu mente, crearte un hábito, adiestrarte en el arte de estar presente, siendo un observador, consciente de cuanto ocurre en tu mente, con honestidad, sin vanos intentos por justificar tu ira, o tu tristeza o cualquier emoción derivada del miedo, pues sólo así es posible aplicar el perdón. Eso sucede gradualmente, de una manera natural, pues el tiempo aquí juega un papel importante.

Yo repetí bastantes lecciones, me refiero a que las practiqué durante más de un día. De las primeras por esa misma sensación de estar haciéndolo mal. Llegó un momento en que me di cuenta de la ansiedad que aquello me estaba generando y dejé de hacerlo. Hacía una por día, sin caer en la trampa de los juicios. Sí continué repitiendo muchas de las lecciones, pero por una razón diferente. Por la sencilla razón de que me gustaban especialmente y disfrutaba enormemente con ellas. En algunas llegué a estar hasta cuatro días, por puro placer.

Todas las lecciones de la segunda parte son bellísimas, a mí me emocionan hasta las lágrimas con tan sólo leerlas. Por ello, limítate a disfrutarlas, no permitas que los juicios del ego empañen su belleza.

Crisis en mi profesión… se desvía del propósito del Curso

Jesús trascendió el mundo, su mente está completamente identificada con Cristo, ¿te imaginas que Él hubiese decidido que el Curso no tenía sentido o que estaba cayendo en una contradicción?, después de todo, para Él el mundo no existe. Aun así, en un acto de perfecto Amor, decidió tender un puente a sus hermanos dormidos.

Míralo de este modo, seguramente tú no eres hoy la misma persona de hace 20 años; has ido evolucionando, has ido quemando etapas, y con cada una de ellas, alcanzando una comprensión más amplia acerca de la Verdad de nuestras mentes. ¿Acaso crees que las personas que se cruzaron en tu camino y que te ayudaron en cada momento, estuvieron engañándote? No, para nada, ellas estaban en el lugar y tiempo adecuados para adaptarse a tu nivel de comprensión. Tus hermanos, tus pacientes, están experimentando idéntico proceso al tuyo. Cada etapa es un peldaño en la escalera que conduce al Cielo. ¿Por qué razón ibas a negarles esa oportunidad? ¿Sólo porque tu ego la juzga de incoherente? Tú no estás engañando a nadie querida, tú estás extendiendo tu Amor en esa forma específica, nada más. Estás ofreciendo tu Amor a tus hermanos en la forma que ellos creen necesitarlo. Estás recordando tu inocencia y perfección a través de cada hermano que se presenta ante ti. Esa es tu verdadera y única función, las terapias sólo son el medio que tú has escogido para alcanzar un fin. Tú no estás tratando de sanar a nadie en la forma, sólo estás experimentando la Verdad en ti a través de esas vivencias, y ello implica tu respeto hacia quienes por el momento han decidido negar la fortaleza en su mente.

Recuerda cómo trataba Jesús a Helen en su adicción a ir de compras, por ejemplo,,, ni un solo instante dejó de acompañarla por ese motivo. Continuó amándola, extendiendo Su Amor hacia ella en la forma que ella creía necesitarlo en cada momento, nada más. Y recuerda aquella bellísima frase en la que le dice: “Te amaré, te honraré, y respetaré absolutamente lo que has hecho, pero no lo apoyaré a menos que sea verdad”… estaba hablando de contenido en la mente, que no de forma en el mundo, ya lo sabes.

 

Si te fijas, todas las terapias alternativas dan un paso de gigante. Todas van hacia adentro, todas declaran nuestro poder interior, la estrecha relación entre mente/cuerpo. Cada hermano que acude a ti, está dando los primeros pasos en esa dirección, está haciendo una transición de percepción: ya no es afuera, sino adentro, y tú estás acompañándolos en esa transición. Opino que deberías sentirte muy feliz de poder servir a tus hermanos en esa forma específica.

Me dices que no te apetece iniciar en Reiki, y yo te pregunto: ¿quién te obliga a ello? ¿No te das cuenta que sólo el ego obliga y exige sacrificio? El Amor fluye, simplemente, sin prejuicios. Si te apetece hacerlo, hazlo, y si no te apetece, no lo hagas, sin culpa, pues no eres culpable de nada. Y en cualquier caso, el Reiki no tiene ningún poder ni capacidad de decidir lo que es y no es real, ese poder pertenece al ámbito de la mente, tu mente. Tú puedes estar aplicando Reiki a una persona, y al mismo tiempo recordando Quién en Verdad Es, no hay problema, no hay conflicto excepto a juicio del ego.

¿No te das cuenta que todo es perfecto y que está siempre obrando para el bien, tu bien? Entrega al Espíritu Santo tus miedos, tus juicios y tu resistencia, Él te ayudará a verlo correcta-mente, no lo dudes.

No permitas que tu ego ponga conflicto donde no lo hay. Haz lo que en cada momento te sientas inspirada a hacer; permanece con tu mente y tu corazón abiertos para que puedan guiar tus pasos. Y si algún día tienes que cambiar de profesión, lo sabrás con una certeza absoluta. Mientras tanto, practica el perdón en esta forma específica. Estás en un entorno perfecto para elegir poner a cargo a tu mente recta… allí donde pareciera que otros están negando su propio poder… esos “otros” son tú misma, sólo son aspectos de tu propia negación!!!

Niega a las ilusiones el poder que tú misma les has otorgado, apela a tu mente recta. Pide al Espíritu Santo o a Jesús que te ayuden. ¿Por qué temes hacerlo mal?, porque no te crees perfecta. ¿Tal vez necesites la aprobación de los demás y te asusta ser rechazada? Recuerda entonces que todo el Amor y la perfección que crees necesitar viajan ya contigo.

Un pensamiento atemorizante y limitante se acerca a tu conciencia, y tú tienes dos opciones: Identifícate con el ego, y ese pensamiento será real para ti. Identifícate con el Amor, y verás cómo ese pensamiento se desvanece en la nada de la que surgió. Tú eres Amor, NO PUEDES EQUIVOCARTE, PORQUE EN TI NO HAY FALLO.

Con la iniciación en el Reiki se te está planteando un nuevo reto, para lo cual el ego tiene siempre una respuesta inmediata,,, miedo y conflicto!!! Elige la paz, y desde ese espacio verás al miedo desaparecer, y te permitirás fluir sin resistencia.

Si te están pidiendo que lo hagas, en lugar de estar dando vueltas entre si sí o si no,,, hazlo!!!! Sólo así podrás salir de dudas. Sobre la marcha sabrás si éste es el camino que debes tomar o no, y disiparás unos cuantos temores. El miedo sólo nos asusta porque nosotros le damos pábulo. Elige negarlo y desaparecerá. Enfréntate a él, míralo cara a cara, y comprenderás el poco poder que tiene sobre ti. Recuerda que es siempre cuestión de “elegir de nuevo”. Elegir la mente recta en lugar de las locas fantasías.

¿El Espíritu Santo o Jesús operan en este mundo?

En cuanto a tu pregunta, por supuesto que no, de otro modo estarían haciendo real la ilusión,,, no operan en el mundo, PORQUE NO HAY NINGÚN MUNDO EN EL QUE OPERAR!!! En el Curso repetidamente lo dice, y en “la Desaparición” también recuerdo haberlo leído: “Dios no sabe nada de este mundo”, tiene sentido, de lo contrario este mundo tendría que ser real.

Te pondré un ejemplo muy sencillo. Imagina que estás durmiendo en tu cama, mientras duermes estás teniendo diferentes sueños. Tu pareja está despierta junto a ti, sabe que estás dormida y soñando, sin embargo, él no sabe absolutamente nada del contenido de esos sueños, ni puede participar en ellos, porque están en tu mente. A lo sumo, podrá tratar de despertarte, susurrarte al oído para que poco a poco tomes conciencia de “tu realidad” en tu cama junto a él, ajena a lo que creías estar viviendo, pero nada más. Ésa es justamente la función del Espíritu Santo o del Cristo en cada uno de nosotros. Al Espíritu Santo no le interesan las cosas de este mundo, para Él todas son lo mismo: NADA!!! Recuerda que no hay cosas mejores ni peores, decisiones acertadas o erradas, porque lo que sucede en el sueño, no está en verdad sucediendo en ninguna parte salvo en la mente del que las sueña.

Cuando se habla de que el Espíritu Santo te envía determinado hermano, o ciertas circunstancias en lo que aparenta ser tu vida en un cuerpo, se está refiriendo a que el Espíritu Santo se vale de todas nuestras ilusiones para recordarnos el camino de vuelta a Casa. Por ejemplo, una “mala” experiencia, a juicio del ego es una desgracia que exige sufrimiento, y de este modo perpetuamos la culpa en nuestra mente. A juicio de tu mente recta, esta misma experiencia es una oportunidad para deshacer la culpa inconsciente, al recordar la inocencia y el Amor en los que fuimos creados. Por lo tanto, el Espíritu Santo no te ha enviado la experiencia, pero esa experiencia puede ser aprovechada por Él (si así lo decides) para sanar. De este modo salimos del bucle de proyección-percepción.

Cuando sientes que “alguien” te está ayudando, lo que en verdad haces inconscientemente es juzgar la situación, definirla como “algo bueno”, por ello crees que “alguien” debe estar ayudándote. ¿Ayudándote a qué? ¿a tener un sueño “mejor”? (deseos-expectativas del ego). Recuerda que si hay situaciones “buenas”, es porque debe haber otras “menos buenas” o “malas”,,, eso es dualidad, y ni al Espíritu Santo ni a Jesús les interesa ese juego. Si lees un libro, si asistes a determinado taller, si te encuentras con tal o cual persona, ES DEL TODO INSIGNIFICANTE!!!, aunque a ti te parezca estupendo. Lo que tú llamas “inspiración”, bien podría ser un intento del ego por atraer tu atención fuera de ti misma. El mundo es el que es, y tus experiencias son y serán las que tengan que ser, la diferencia estará en que las mires con el ego (para separar) o con el Espíritu Santo (para unificar), nada más.

Jesús nos guía EN LA MENTE, NO EN EL MUNDO!!! Nos guía en contenido, no en forma. Espero haberte ayudado, hay muchísimos estudiantes del Curso que creen en la ayuda efectiva del Espíritu Santo para transitar por el mundo, yo opino que es una forma muuuuy sutil de otorgar realidad al mundo.

Miedos en la relación de pareja…

En primer lugar, recuerda que TODAS las relaciones que establecemos en el mundo son “relaciones especiales”, lo cual implica que sobre ellas vamos a proyectar las carencias de nuestra mente. Tú proyectas el conflicto en forma de miedo a la soledad o al abandono, yo, por ejemplo, lo proyecto como miedo a que me machaquen o pretendan ejercer el control sobre mí. Eso sólo son formas, la expresión física que adopta el contenido en nuestra mente. No te sientas mal por ello, pues todos “padecemos” el mismo mal, aunque en formas que aparentan ser distintas.

Lo importante es que comprendas que todo conflicto dentro (contigo mismo) o fuera (en el mundo o con las otras personas), surge del miedo. El miedo es la espina dorsal de este mundo. Es por miedo que nuestra mente proyectó este lugar, miedo a las represalias de nuestro Padre por esa supuesta separación.

Si hay miedo, es porque nos estamos identificando con nuestro pequeño yo, la parte de la mente que cree en el ego y que apoya la creencia en la separación y con ello el principio de escasez. Por este motivo, al creer que la fuente de nuestra paz o nuestra felicidad o nuestro amor, está en el mundo y fuera de nosotros, tenemos tanto miedo a perderlo.

Primero y muy importante, NO RESISTAS TUS EMOCIONES. Las sientes y ya está. Si las juzgas como malas, más cuando te encuentras en el camino del Curso, diciéndote que estés en paz, es probable que estés añadiendo culpa a tu mente, y eso NO AYUDA.

El primer paso en la consecución de nuestro objetivo, que es retornar la mente a su estado natural de paz, consiste en no resistir nada, ni emociones, ni situaciones, ni nada de lo que parece suceder. No resistimos. Nos entregamos a la experiencia, fluimos con ella. Observamos nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestros juicios, nuestros miedos por un futuro que estamos imaginando, nuestras expectativas sobre cómo nos gustaría que se desenvolviesen las cosas… todo esto son los obstáculos que no nos están permitiendo experimentar la paz en este momento, y que tanto nos hacen sufrir. Y todo esto es lo que el Espíritu Santo espera que le entregues a Él. Recuerda que Él no va a arrebatártelo, tú debes estar dispuesto a entregárselo.

Una vez que eres consciente de esos obstáculos, que los has retenido en tu mente y los has mirado de frente, estás en situación de entregárselos a Quién sabe qué hacer con toda esa “basura” mental. La entrega no debe convertirse en un ritual, o en algo que hacemos sin pensar o sentir en lo más profundo de nuestro corazón,,, esa clase de entrega NO FUNCIONA!!!

Has desear la paz por encima de todo lo demás, tu compromiso con ella ha de ser TOTAL, no puedes querer la paz y al mismo tiempo conservar tus ilusiones, que en este caso vendrían a ser tus temores, todos esos pensamientos que te hacen entrar en pánico. Si estás dispuesto a dejarlos ir, entonces puedes entregárselos al Espíritu Santo.

Al mismo tiempo, cuando sientas que el miedo comienza a machacarte, decide que NO, que no estás dispuesto a escucharlo. Vete a ser posible a un lugar tranquilo, sin distracciones, cierra los ojos, y pide al Espíritu Santo que te dé Su paz. Mantente así por un rato, pidiéndole Su paz, y verás cómo poco a poco, los pensamientos del ego ceden, y entras en un espacio de protección y puro Amor. Ahí estás en tu mente abundante, en la mente recta, como el Curso lo define, compartiendo los pensamientos de nuestro Padre, y uniéndote a Su Voluntad.

Desde este espacio, las cosas se ven de un modo muy diferente. Si estás en tu mente abundante, si sabes que la fuente de tu felicidad, Amor o bienestar se encuentran dentro de ti, el mundo deja de representar una amenaza, y el miedo a la pérdida desaparece, pues comprendes que LA PÉRDIDA ES IMPOSIBLE,,, siempre, en todo momento del día, puedes recurrir a tu fuente para nutrirte de Amor.

Sólo hay un camino para deshacer el ego, y es el camino de la negación. Niegas la realidad de éste, niegas la realidad de cuanto te hace sufrir, y decides que no le vas a continuar prestando tus oídos. Es una elección, una decisión que sólo tú puedes tomar. El miedo te supera sólo porque tú se lo permites, no hay más. Y puedes tratar de buscar culpables en el mundo, como en este caso tu pareja, y lo único que estarás haciendo es proyectar fuera la culpa y el miedo que se ocultan en tu mente, y ocultándolos todavía más. No es proyectándolos como te liberas de ellos, sino negándoles el valor que hasta ahora les habías otorgado, e inmediatamente después, entregándoselos al Espíritu Santo, para que Él pueda ir sanando la culpa inconsciente en tu mente, e intercambiando los pensamientos de miedo por pensamientos de Amor.

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