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DE LA LOCURA: UN CUENTO SOBRE EL EGO

 

Libera Tu Ser - Un Curso de Milagros - Reflexiones: "DE LA LOCURA: UN CUENTO SOBRE EL EGO"


 

 

Por Anna Horno

Imagina que vives en un hermoso palacio, rodeado de toda la belleza, la armonía, el bienestar, la bondad y la felicidad que pudieras desear. Imagina que eres absolutamente amado, eres bendecido cada día, cada segundo de cada día, y te sientes completamente protegido en ese espacio de amor incondicional. Imagina que tu palacio es todo lo que existe; un espléndido lugar donde todo se te provee, donde hasta el más mínimo detalle ha sido pensado para que tú experimentes una existencia de puro gozo. Tú eres el unigénito, el hijo en quien el padre se extendió a sí mismo en una expresión de creatividad amorosa y profundo éxtasis.

Imagina por un instante que en la noche decides ir a dormir, y que mientras duermes, tu mente proyecta cientos, miles de sueños. Unos más agradables, otros menos, incluso algunos completamente aterradores y con una enorme carga de sufrimiento.

Te encuentras plácidamente durmiendo en el que siempre ha sido tu hogar. Sólo estás soñando. Pero sucede que ahora, el sueño es todo lo que puedes reconocer. Cada sueño que experimentas parece muy real en tu conciencia, parece que es todo lo que existe.

La idea de que el sueño es real, termina por calar hondo en tu mente y parece haber hecho posible que tu realidad quedase en el olvido. Te identificas con cada imagen, con cada situación que el sueño te muestra.

Y sueñas con un mundo sometido a la escasez y las limitaciones, y crees estar a merced del hambre, la sed, la enfermedad, la falta de recursos e incluso la destrucción que se deriva de la muerte.

Con la muerte en el sueño anterior, tu mente penetra en un nuevo sueño, y crees encontrarte en un lugar alimentado por el miedo. Antes de ese sueño, tú no sabías lo que el miedo era. Todo lo que conocías era el amor de tu padre. Pero en este momento, parece que el amor se ha desvanecido y ha sido reemplazado por extrañas emociones, tales como el odio, la ira, el resentimiento, el desasosiego o la amenaza constante…  Sientes la necesidad de adaptarte a esa nueva situación, pero no sabes cómo hacerlo ni en quién buscar consuelo o ayuda. Te encuentras dando «palos de ciego», recordando vagamente una realidad diferente y buscando el modo de volver a ella.

Resulta extraño. En tu palacio tan sólo existíais tu padre y tú, cual uno solo. No había nada que diferenciase a uno de otro, y ambos compartíais idéntica voluntad y propósito. Por el contrario, ahora en tu sueño, ese uno parece haber estallado y tomado la forma de miles y miles de pedacitos que parecen no ser tú ni compartir tus intereses. En realidad, todos esos personajes de los que crees estar separado, son tú mismo bajo apariencias distintas. Recuerda que eres tú quien está soñando, es tu sueño, nadie más lo está soñando. Cada una de esas imágenes, es un aspecto de ti mismo, un pensamiento en tu mente atormentada por el miedo a lo que ni conoces ni comprendes, y eso es lo que cada una de esas imágenes te está mostrando.

Puesto que tú desconoces el camino de regreso al palacio, ningún personaje en tu sueño recuerda tampoco dónde éste se encuentra, y así, basándose en suposiciones o en algo que escucharon mencionar a otro, unos te dicen que debes ir hacia el norte, y otros que te dirijas al sur. Te sientes agotado, extenuado, decepcionado con todos los caminos que recorriste y que no te condujeron a casa. Triste por todos los personajes que conociste y que jamás te amaron tal como tu padre te amaba.

Poco a poco, con cada sueño que experimentas, la realidad de tu hogar se desvanece un poco más en tu conciencia, hasta que llega un momento en que el recuerdo es prácticamente nulo. Por el contrario, con cada sueño por el que avanzas, ese estado de ensoñación y todo lo que él contiene, se torna más y más real en tu mente… estás tan confundido, que ya no eres capaz de distinguir lo real de lo ilusorio.

Sería tan sencillo como recordar a tu padre y aceptar que el sueño es imposible, e inmediatamente despertarías. Pero ahora ya no estás tan seguro de que tu padre en realidad alguna vez existiera. Incluso aun intuyendo que su existencia es real, has llegado a suponer que debe estar enfadado contigo, que tal vez piense que le has abandonado, en un intento desleal de hacerte con su poder para crear una realidad aparte. Estás convencido de que eso es lo que tu padre piensa. Esa idea te atormenta, te atemoriza y te empuja a tomar decisiones equivocadas. Y decides que permanecer en tu sueño, aun cuando éste no esté resultando demasiado agradable, es lo más seguro para ti. En tu sueño, al menos, te encuentras a salvo del castigo de tu padre… tal es el temor que la idea de creerte separado de él te provoca.

Sólo tienes que recordar que lo que parece que sucedió, solamente sucedía en tu sueño, mientras dormías; aceptar que no has hecho absolutamente nada por lo que tu padre deba estar enfadado contigo. Sólo tienes que traer a tu memoria el amor incondicional que os une a ambos por toda la eternidad. Sólo tienes que reconocer que fuiste creado a semejanza de sí mismo, y que en su reino no hay lugar para el sufrimiento, la separación o la muerte. Sólo debes considerar lo errado de tus creencias respecto a él, dejar de tenerle miedo. Sólo es preciso que deposites en sus delicadas manos todo lo que te hace sufrir.

Pero tú ya has decidido que no resultará tan sencillo, estás seguro de que querrá resarcirse por tu pecado, estás convencido de sus deseos de venganza. Y así, te debates constantemente entre la muerte de tus sueños y el castigo de tu padre, sin comprender que ninguno de ambos existe fuera de tus creencias.

Ajena a tu fantasía, ¿recuerdas?, allá en tu hermoso palacio, la que siempre ha sido tu plácida existencia se desarrolla en una continuidad eterna, y tú te encuentras, como no podría ser de otro modo, disfrutando de todas las bendiciones que tu padre puso en tus manos en una ofrenda de agradecimiento y perfecto amor.

Tan simple es, que con sólo dejar de escuchar al miedo y entregarte al cálido abrazo del amor, retornarás inmediatamente al lugar del que nunca partiste, porque jamás realizaste viaje alguno, salvo en los sueños de tu mente mientras dormía…

Con su objetivo reinterpretado por el Espíritu Santo, nuestras palabras nos llevan a la Palabra. El perdón de las ilusiones que antes valorábamos tanto refleja ahora el amor del Cielo, y estamos a pocos pasos del final del sueño. Así ya no podemos estar esclavizados por las cosas específicas del mundo, porque estamos conscientes de la Palabra única que está detrás de todas ellas. Esta Palabra -el recuerdo del amor que trae la Expiación- es nuestra verdadera meta. Y así se nos recuerda en La canción de la oración (O-1.I.4) que sólo es el Amor de Dios -la Palabra y el Pensamiento únicos- lo que queremos de verdad, y no las pequeñas palabras que proceden de nuestra decisión de estar separados y ser cosas específicas. Ahora elegimos el Ser abstracto que Dios creó uno con Él. Por lo tanto Jesús nos pide que pasemos por alto las necesidades y las peticiones específicas de nuestras vidas, y que pidamos en lugar de ellas la respuesta verdadera de Dios. Esta es la respuesta que buscamos en realidad, la única que aceptamos, la única que en verdad amamos.

Armados con la suave fuerza de esta Palabra allende las palabras, del amor que está por encima del amor especial, de Jesús frente al ego, vivimos nuestras vidas teniendo presente su verdadero objetivo: no dejarnos engañar por las “voces de los muertos” (E-pI.106.2:3). En lugar de eso, oímos la Voz que nos habla de vida y de amor, que nos dirige con suavidad hacia nuestro hogar donde, junto con Jesús y todos nuestros hermanos, “desapareceremos en la Presencia que se encuentra detrás del velo, no para perdernos sino para encontrarnos a nosotros mismos; no para que se nos vea, sino para que se nos conozca” (T-19.IV-D.19:1). Por fin la Palabra ha venido a nosotros, y nosotros somos esa Palabra.

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EXTRACTOS DE UN CURSO DE MILAGROS

«El perdón convierte el mundo del pecado en un mundo de gloria, maravilloso de ver. Cada flor brilla en la luz, y en el canto de todos los pájaros se ve reflejado el júbilo del Cielo. No hay tristeza ni divisiones, pues todo se ha perdonado completamente. Y los que han sido perdonados no pueden sino unirse, pues nada se interpone entre ellos para mantenerlos separados y aparte. Los que son incapaces de pecar no pueden sino percibir su unidad, pues no hay nada que se interponga entre ellos para alejar a unos de otros. Se funden en el espacio que el pecado dejó vacante, en jubiloso reconocimiento de que lo que es parte de ellos no se ha mantenido aparte y separado.»
UCDM - (T-26.IV.2)
«No tengas miedo, hijo mío, sino deja más bien que los milagros iluminen dulcemente tu mundo. Y allí donde la diminuta brecha parecía interponerse entre tú y tu hermano, únete a él. Y de este modo, será evidente que la enfermedad no tiene causa. El sueño de curación reside en el perdón, que dulcemente te muestra que nunca pecaste. El milagro no dejará ningún vestigio de culpabilidad que pueda traerte testigos de lo que nunca fue. Y preparará en tu almacén un lugar de bienvenida para tu Padre y tu Ser. La puerta está abierta para que todos aquellos que no quieran seguir hambrientos y deseen gozar del festín de abundancia que allí se les ha preparado puedan entrar. Y éstos se reunirán con tus Invitados, a quienes el milagro invitó a venir a ti.»
UCDM - (T-28.III.8)
«En ti reside el Cielo en su totalidad. A cada hoja seca que cae se le confiere vida en ti. Cada pájaro que jamás cantó cantará de nuevo en ti. Y cada flor que jamás floreció ha conservado su perfume y hermosura para ti. ¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea restituido a aquel para quien fue creado como su único hogar? No ha habido nada ni antes ni después. No ha habido ningún otro lugar, ningún otro estado ni ningún otro tiempo. Nada que esté más allá o más acá. Nada más. En ninguna forma. Esto se lo puedes brindar al mundo entero y a todos los pensamientos erróneos que se adentraron en él y permanecieron allí por un tiempo. ¿De qué mejor manera se podrían llevar tus propios errores ante la verdad, que estando dispuesto a llevar la luz del Cielo contigo, según te diriges más allá del mundo de las tinieblas hacia la luz?»
UCDM - (T-5.IV.5)
«La relación santa refleja la verdadera relación que el Hijo de Dios tiene con su Padre en la realidad. El Espíritu Santo mora dentro de ella con la certeza de que es eterna. Sus firmes cimientos están eternamente sostenidos por la verdad, y el amor brilla sobre ella con la dulce sonrisa y tierna bendición que le ofrece a lo que es suyo. Aquí el instante no santo se intercambia gustosamente por uno santo y de absoluta reciprocidad. He aquí tiernamente despejado el camino que conduce a las verdaderas relaciones, por el que tú y tu hermano camináis juntos dejando atrás el cuerpo felizmente para descansar en los Eternos Brazos de Dios. Los Brazos del Amor están abiertos para recibirte y brindarte paz eterna.»
UCDM - (T-20.VI.10)
«Escucha... tal vez puedas captar un leve atisbo de un estado inmemorial que no has olvidado del todo; tal vez sea un poco nebuloso, mas no te es totalmente desconocido: como una canción cuyo título olvidaste hace mucho tiempo, así como las circunstancias en las que la oíste. No puedes acordarte de toda la canción, sino sólo de algunas notas de la melodía, y no puedes asociarla con ninguna persona o lugar, ni con nada en particular. Pero esas pocas notas te bastan para recordar cuán bella era la canción, cuán maravilloso el paraje donde la escuchaste y cuánto amor sentiste por los que allí estaban escuchándola contigo.»
UCDM - (T-21.I.6)
«Ésta es la visión del Hijo de Dios, a quien conoces bien. He aquí lo que ve el que conoce a su Padre. He aquí el recuerdo de lo que eres: una parte de ello que contiene todo ello dentro de sí, y que está tan inequívocamente unida a todo como todo está unido en ti. Acepta la visión que te puede mostrar esto y no el cuerpo. Te sabes esa vieja canción, y te la sabes muy bien. Nada te será jamás tan querido como este himno inmemorial de amor que el Hijo de Dios todavía le canta a su Padre.»
UCDM - (T-21.I.9)
«¡Ay, criatura de Dios, si supieses lo que Dios dispone para ti, tu gozo sería absoluto! Y lo que Él dispone ha ocurrido, pues siempre fue verdad. Cuando venga la luz y hayas dicho: "La Voluntad de Dios es la mía", verás una belleza tal que sabrás que no procede de ti. Como resultado de tu gozo crearás belleza en Su Nombre, pues tu gozo es tan incontenible como el Suyo. El mundo desolado e insignificante se desvanecerá en la nada, y tu corazón estará tan rebosante de alegría que de un salto se elevará hasta el Cielo, ante la Presencia de Dios. No puedo describirte cómo será esto, pues tu corazón no está todavía listo. Puedo decirte, no obstante, y recordártelo a menudo, que lo que Dios dispone para Sí Mismo lo dispone para ti y lo que Él dispone para ti es tuyo.»
UCDM - (T-11.III.3)
«Criatura de la luz, no sabes que la luz está en ti. Sin embargo, la encontrarás a través de sus testigos, pues al haberles dado luz, ellos te la devolverán. Cada hermano que contemples en la luz hará que seas más consciente de tu propia luz. El amor siempre conduce al amor. Los enfermos, que imploran amor, se sienten agradecidos por él, y en su alegría resplandecen con santo agradecimiento. Y eso es lo que te ofrecen a ti que les brindaste dicha. Son tus guías a la dicha, pues habiéndola recibido de ti desean conservarla. Los has establecido como guías a la paz, pues has hecho que ésta se manifieste en ellos. Y al verla, su belleza te llama a retornar a tu hogar.»
UCDM - (T-12.VI.10)
«Criatura de Dios, fuiste creado para crear lo bueno, lo hermoso y lo santo. No te olvides de eso. El Amor de Dios, por un breve período de tiempo, todavía tiene que expresarse de un cuerpo a otro, ya que la visión es aún muy tenue. El mejor uso que puedes hacer del cuerpo es utilizarlo para que te ayude a ampliar tu percepción, de forma que puedas alcanzar la verdadera visión de la que el ojo físico es incapaz. Aprender a hacer esto es la única utilidad real del cuerpo.»
UCDM - (T-1.VII.2)
«Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti. Todo lo que vive no hace sino ofrecerte regalos y depositarlos con gratitud y alegría ante tus pies. El aroma de las flores es su regalo para ti. Las olas se inclinan ante ti, los árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y sus hojas tapizan el suelo para que camines sobre algo mullido, mientras que el sonido del viento amaina hasta convertirse en un susurro en torno a tu santa cabeza.»
UCDM - (PI.156.4:1-3)