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DAR Y RECIBIR SON EN VERDAD LO MISMO

 

Libera Tu Ser - Un Curso de Milagros - Reflexiones: "DAR Y RECIBIR SON EN VERDAD LO MISMO"


 

 

Por Anna Horno

«Dar y recibir son en verdad lo mismo» (Lección 108)…

Todo lo que doy es a mí mismo a quien se lo doy, ahí fuera no hay nadie más. Todo lo que niego, es a mí mismo a quien se lo estoy negando, la ilusión de «otro» y «yo», no es más que eso, ilusión. Tú y yo somos uno y lo mismo, hermanos, en tanto nos percibamos separados. El Amor que a ti te niego, a mí me lo estoy negando. El Amor que a mi hermano ofrezco, me recuerda el Amor en el que ambos fuimos creados, por tanto, al extenderlo, lo refuerzo en mi mente.

Si efectivamente fuera de nosotros no hay nadie más; si efectivamente todas las formas que percibimos en el mundo son sólo imágenes que nosotros mismos hemos fabricado y aspectos de nuestra propia mente; si efectivamente el único propósito por el que todas esas formas fueron proyectadas, es el de mantener la ilusión de la separación mediante la culpa, o lo que es lo mismo, el pecado y el consiguiente castigo, es más que razonable pensar que el modo en que todo retorna a su estado natural, resulte de llevar a cabo idéntico proceso pero a la inversa. De esta manera, donde antes percibíamos culpa, ahora reconocemos la inocencia, y donde antes experimentábamos pecado y deseos de venganza, ahora ofrecemos una respuesta amorosa. Dado que no hay nadie más, en realidad esa visión de inocencia, esa respuesta amorosa, va dirigida hacia mi propia mente, y su propósito no es otro que el de sanar progresivamente mi creencia en la culpabilidad, que resulta de esa supuesta separación de mi Creador.

Así es como poco a poco, de forma gradual, nuestra mente retoma el contacto con su divinidad, con su santidad, con su impecabilidad. Cada vez que vemos inocencia en el mundo, estamos restaurando la inocencia en nuestra mente. Cada vez que expresamos Amor por nuestros semejantes, estamos enviando un mensaje de Amor a nuestra mente. Como ves, dar y recibir son exactamente lo mismo. Tanto lo que das como lo que niegas a tu hermano, te lo estás haciendo a ti mismo.

Este principio del Curso, puede resultar tremendamente confuso para los estudiantes. Indudablemente desde el punto de vista del ego, tomando como referencia el mundo de la materia, esta idea no es realista. Está claro que materialmente hablando, lo que das pasa a otras manos y por tanto ya no te pertenece. Es muy importante recalcar que Un Curso de Milagros jamás está haciendo referencia al mundo, sino a los pensamientos. Que esos pensamientos te conduzcan a determinado comportamiento en el mundo o no, es totalmente irrelevante.

El ego te ha enseñado que quien da, pierde en beneficio de quien recibe. Te dice que puesto que el otro está separado de ti, lo que le das a este otro, se resta de tu haber, y así podría considerarse desde la perspectiva del mundo físico.

La cuestión principal en el dar y recibir, no es lo que haces en el mundo, sino con qué mente lo haces, a quién eliges como guía. El ego te anima a percibir «tus intereses» como algo separado de «los intereses de los demás», y basándose en ello, te enseña que lo que das, lo pierdes. El Espíritu Santo te recuerda que todo lo que das, incluso en el mundo, cuando lo haces motivado por el Amor, no desde el sacrificio, es una respuesta amorosa a una petición de Amor. La respuesta amorosa puede tomar la forma de ayuda económica, por ejemplo, o cualquier otro tipo de apoyo que ofreces a tu hermano tal como él cree necesitarlo, y puesto que ahí fuera no hay nadie más, ¿a quién estás dando en realidad?: a ti, ¿y qué es lo que realmente estás dando?: no es dinero, sino Amor, manifestándose bajo la forma en que a tu hermano le resulta más útil.

Considero importante aclarar que el sacrificio no procede del Amor, sino del miedo. El ego nos ha enseñado que es mediante el sacrificio que alcanzamos la salvación, o lo que es lo mismo, nos convertimos en buenas personas. Amigo mío, tú ya eres bueno, tu Padre estableció tu bondad, tu impecabilidad, y nada de lo que aparenta suceder en este mundo, puede tener efectos sobre tu realidad. Lo que tú consideras “bueno”, no es más que una de las dos caras de la misma moneda ilusoria: la dualidad, con su opuesto, “malo”. Tu bondad está más allá de toda duda y más allá de toda prueba a la que el mundo pareciera someterte.

El sacrificio lleva implícita la creencia en la separación. El sacrificio, más tarde o más temprano termina generando resentimiento, y allí donde hay resentimiento, la culpa está presente, ya sea que la proyectes sobre ti mismo o sobre el cuerpo de la otra persona. Estás actuando desde el miedo, condicionado por las expectativas de alcanzar el Cielo; das porque crees que de tu pérdida obtendrás algo en compensación, ya sea en la tierra o en ese supuesto Cielo. El sacrificio es un simple intercambio, una transacción, y eso, amigo mío, no es verdadero Amor. El Amor da, incondicionalmente, sin esperar nada a cambio. El Amor se entrega, derrocha alegría, generosidad, puro gozo en el simple acto de compartir, y jamás, jamás, da por obligación, mucho menos pensando que con ello pierde, o planeando lo que va a ganar a cambio. El Amor se extiende a sí mismo, porque su plenitud se derrama, colmando de bendiciones a cuanto alcanza a su paso.

Por si la trampa del sacrificio no fuera suficiente, el ego te insta a creer, además, que tus intereses se encuentran en las cosas de este mundo. Pero es que el ego basa todos sus principios en lo que no existe, y no existiendo, no hay forma posible de conservarlo, ni dándolo, ni reteniéndolo. Recuerda que, aunque solamente sea por la llegada de la «muerte», todo lo que creíste poseer, desaparecerá ante tus ojos sin que puedas remediarlo.

 

Dar y recibir son en verdad lo mismo. Cuando el Curso hace referencia a este principio, lo hace en el contexto espiritual, en el mundo abstracto de las ideas, del pensamiento puro, pues son estos los únicos que conservas más allá de la ilusión de la «muerte».

Sólo conservas lo que compartes, y en verdad, lo único que realmente puedes compartir y conservar, son las ideas: «Para poder tener todo, da todo a todos». Para poder tener paz, ofrece paz a tu hermano; para poder tener Amor, da Amor; para poder ser feliz, haz felices a tus semejantes. Y no creas que puedes compartir los pensamientos que no proceden de Dios, pues toda idea cuyo origen es el miedo, implica ataque, y en presencia del ataque, la comunicación queda automáticamente interrumpida, pierde, por tanto, la cualidad de ser extendida, que comparten todas las ideas que hablan en favor de la Verdad.

En la medida en que renuncias a una idea, ésta termina por desaparecer de tu mente, asimismo, cada idea que compartes, se refuerza. Como el propio Curso repite constantemente: «Las ideas no abandonan su fuente». Su fuente no es otra que la mente que las sustenta. No obstante, ésta, la fuente, puede decidir cambiarlas, y precisamente esto es lo que Un Curso de Milagros se propone.

«Puedo elegir cambiar todos los pensamientos que me causan dolor» (Lección 284)…

Gozas de absoluta libertad para elegir las ideas que en tu mente apoyas. En esto consiste el libre albedrío, y de ello dependerá tu experiencia. Puedes continuar identificándote con los pensamientos de separación y culpa propios del ego. Estos pensamientos te garantizan únicamente una cosa: sufrimiento. Ello no impide que tú decidas creer que en tu sufrimiento reside tu felicidad, y que en el ataque se encuentra tu salvación. Ambas creencias son falsas porque te alejan de la experiencia del Amor y la Unidad, pero puedes continuar depositando tu fe en ellas. Sólo una cosa es segura en tu elección: tarde o temprano, desearás hacer una elección diferente.

Todo cambio en nuestra mente, exige una renuncia a nuestros «pensamientos privados», esos que hemos erigido en torno a nuestro cuerpo y que nos proveen de una falsa sensación de identidad. Precisamente es esa falsa identidad la que nos impide una experiencia de nuestra verdadera naturaleza. Estos son los obstáculos, los muros que levantamos en torno al Amor.  Renunciar a esa falsa identidad, derribar todos esos muros, es un acto que debemos llevar a cabo consciente y voluntariamente con la ayuda de nuestro Santo Espíritu.

Nuestros pensamientos de ataque son los únicos responsables de todo dolor y sufrimiento. No limites tal concepto únicamente a la forma física en que se manifiesta un conflicto, ya que resulta igualmente un ataque cada uno de los pensamientos de temor que dirigimos hacia nosotros mismos o hacia cualquiera de nuestros hermanos; toda medida defensiva que emprendemos en el mundo o contra el mundo, ello incluye nuestros planes de futuro. Implica ataque todo juicio que emitimos en relación a las circunstancias o a cualquier ser viviente; es ataque condenarnos hasta reducirnos, mediante la percepción, a una existencia física y finita que niega nuestra realidad espiritual, eterna e inmutable. Es ataque abrigar resentimientos cuando podrías transformarlos, mediante el perdón, en una experiencia de Amor y puro gozo…

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