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CRUZAR EL RÍO DEL CAMBIO
Una Historia para Reflexionar...

 

Libera Tu Ser - Artículos Ciencia/Belleza/Salud/Medioambiente: "CRUZAR EL RÍO DEL CAMBIO"


Publicado en revista Mente Sana– Nº 101

 

Cruzar el río del cambio: Un especialista en renovación vital nos enseña el valor de reinventarse desobedeciendo a los propios miedos.

Hacía tiempo que Sofía necesitaba un cambio. Se había quedado estancada en una serie de mecanismos que giraban siempre de la misma manera, y no siempre a su favor. Desde los 23 años trabajaba como redactora en una revista femenina. Casi todos los contenidos tenían que ver con la moda, la cocina y la decoración de la casa.

Al principio le había parecido divertido, pero doce años después, sentía que su trabajo ya no tenía aliciente para ella. Sólo disfrutaba cuando ocasionalmente le mandaban fuera de la redacción a entrevistar a alguna personalidad que venía de promoción.

Aquel jueves estaba a punto de reunirse con un grupo de periodistas para entrevistar a Joe Dispenza en un restaurante de las afueras de la ciudad. Mientras se dirigía hacia allí en su coche, Sofía recordó algunos fragmentos de la película ¿Y tú qué sabes?, en la que el autor proponía este mantra personal: “Cada mañana creo conscientemente el día de la manera que quiero que suceda”. Afirmaba que con ese ejercicio, un día tras otro, la nueva vida que uno ha soñado acaba haciéndose realidad.

Mientras llegaba al lugar de la cita, Sofía enumeró mentalmente los aspectos de su vida que se habían quedado anquilosados. El primero y más importante era su propio trabajo en la revista; aquella actividad, que al principio le resultaba estimulante, a fuerza de hacer día tras día las mismas tareas, se había convertido en una rutina monótona y sin sentido.

Necesitaba un cambio, pero ¿hacia dónde? Sofía tenía un sueño: escribir la novela que gestaba desde la facultad. A sus treinta y cinco años, con toda su experiencia como redactora, se sentía preparada para ello. Sin embargo, cada día volvía a casa tan agotada del trabajo, que no le quedaba energía ni para abrir su portátil.

“Debería tomarme un año sabático”, se decía a menudo. Había ahorrado lo suficiente para dedicar ese tiempo al sueño de su vida, pero le costaba dar el paso. Sus propios amigos y familiares se lo desaconsejaban. “Tal como está el sector, de aquí a un año ya no encontrarás trabajo”, le advertían.

Con el paso del tiempo, Sofía se había acabado convenciendo de que aquel sueño era solo eso, una preciosa fantasía que no tenía cabida. Perdida en estos pensamientos, llegó al lugar de la cita veinte minutos antes. Al bajar del coche, admiró el emplazamiento idílico del restaurante donde tendrían lugar las entrevistas. Disponía de una agradable terraza junto a un caudaloso río donde algunos nadadores se zambullían en pleno mes de mayo.

En una de las mesas, distinguió la figura afable de Dispenza junto a una agradable joven de cabellos rubios y ondulados que se presentó como su editora.

-El resto todavía no ha llegado, así que, si deseas empezar, el autor te atenderá sólo a ti.

Encantada con aquella oportunidad, Sofía saludó tímidamente a aquel hombre que sólo conocía por sus libros y su participación en aquel documental. El americano enseguida se prestó a charlar sobre los temas que ella había ido anotando en su bloc.

Cuando llegaron a la cuestión del cambio, Sofía no pudo evitar pensar en sí misma y dijo:

-Muchos libros hablan de la necesidad de cambiar, pero a mí me parece lo más difícil del mundo. No sé… es como si pidiéramos a un gato que dejara de comportarse como tal.
-Pero un ser humano no es un gato –rió Joe.

Eso es lo que nos ha dado ventaja sobre especies más fuertes. Nosotros somos capaces de adaptarnos a nuevos entornos con una facilidad asombrosa.

-¿Y qué hacemos con el miedo?
-Esa es la cuestión. La resistencia al cambio se apoya justamente en el miedo. Nos cuesta salir de nuestra zona de confort, del mundo conocido. Pero alguna vez hay que tirarse a la piscina… o al río, como ese chico.

Sofía desvió la mirada hacia la orilla, donde en aquel momento un joven se acababa de zambullir y nadaba con brío hacia el otro lado.

El entrevistado siguió con interés las evoluciones del bañista y añadió:
- Todo el mundo sabe cuándo ha llegado el momento de hacer algo diferente.

La periodista le escuchaba, grabadora en mano, entusiasmada de retomar aquella preocupación que la había acompañado media hora antes. El autor, como si hubiera adivinado sus pensamientos, se dirigió directamente a ella:

-Cuando cruzas el río del cambio, te enfrentas a dos peligros.
-¿Cuáles son?
-El primero son los demás. A la gente no le gusta que cambiemos, aunque sea una cuestión de supervivencia. Se han acostumbrado a que seamos de una determinada manera y les inquieta no tenernos “controlados” tal como nos conocen. Por eso, cuando empezamos a nadar hacia la otra orilla, nos gritarán que volvamos. Nunca escuches a los demás cuando te hayas decidido a cambiar.

Sofía se quedó muda. Recordó todas las veces que había escuchado las voces de los que no querían que cambiara.

-¿Y cuál es el otro peligro? –preguntó al fin.
-Tus propios miedos. El cambio es como cruzar este río gélido. Muchos se tiran al agua y al llegar a la mitad dicen:”¡Está fría!”, y regresan adonde estaban, a su zona de confort. Por eso, la segunda ley sería ésta: nunca escuches tus propios miedos cuando te hayas decidido a cambiar.

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