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CAUSA Y EFECTO

 

Libera Tu Ser - Un Curso de Milagros - Reflexiones: "CAUSA Y EFECTO"


 

Por Anna Horno

 

El Curso establece una clara distinción entre causa y efecto, entendiéndose como causa el origen de todo pensamiento, que no es otro que la mente abstracta, y como efecto, toda manifestación específica en este mundo físico. Todo lo que percibimos a través de nuestros sentidos corporales es efecto.

Sólo existe un nivel creativo, y por tanto, un solo nivel correctivo. La mente es este nivel, y no tiene, en absoluto, nada que ver con el cerebro, en contra de la creencia tan extendida de que ambos son lo mismo. El cerebro es sólo una parte del cuerpo, realizando funciones propias del cuerpo, dirigido por la mente que lo proyectó y puesto al servicio de su propósito.

Creer que en el nivel de los efectos es posible llevar a cabo algún tipo de corrección, es la creencia básica del ego, que no conduce en modo alguno a una solución definitiva. La razón es tan sencilla como que para que tú puedas observar un efecto en el mundo, tiene que existir necesariamente un pensamiento dando origen a tal efecto. Tratar de cambiar los efectos, o lo que es lo mismo, tratar de cambiar el mundo, se torna tan evidentemente absurdo como pretender modificar la dirección de una flecha una vez ésta ha tomado rumbo en el aire, en lugar de corregir la posición del arquero antes de practicar el disparo.

Una sola es la causa que dio origen al mundo. Este mundo, el universo entero, son el resultado de una creencia en la mente: la creencia en la separación. Ésta es la única causa. Los cimientos sobre los que este lugar descansa son la culpa, el miedo y un sentido de la «justicia» totalmente arbitrario, en el que para que unos «ganen» otros tienen que «perder». Así se definen «buenos» y «malos», «santos» y «pecadores» y todos los opuestos que pudieras imaginar, y así perpetuamos la idea de la separación.

Es éste el mismo propósito por el que ego nos hace creer que cada aparente «problema» es diferente y diferente también es su solución, percibiéndose entonces la causa como algo separado y que no guarda relación directa con los efectos. La Verdad es muy simple: los efectos pueden parecer muchos, pero la causa es siempre la misma.

En tu vida puedes experimentar escasez, del tipo que sea, puedes experimentar abandono, desamor, miedo, conflictos, y cada uno de estos principios, podrá adoptar miles de formas que parecerán ser diferentes. Es esta apariencia de no-semejanza la que te conduce a creer que la solución debe ser también diferente; es éste el modo en que te mantienes ajeno y separado de la causa, único propósito del ego.

En tu experiencia, podrá parecer incluso que superas un «problema», pero sólo para dar la bienvenida a otro en apariencia distinto. ¿No te das cuenta que jamás consigues librarte de todos tus «problemas»? Así es como el ego nos mantiene entretenidos, proyectando problemas y sugiriendo soluciones donde éstas no se encuentran.

Párate aquí amigo, no continúes jugando este absurdo juego. Renuncia a comportarte como el pez que se muerde la cola. Los problemas los has creado tú, es el trato que conviniste con el ego al poner tu mente al servicio de sus creencias. No esperes que quien generó el conflicto, vaya a ofrecerte la verdadera solución, porque no sabe dónde ésta se encuentra, ni tampoco le interesa encontrarla, puesto que de ello depende su supervivencia. A lo sumo, te hará falsas promesas, creará falsas expectativas, te indicará un camino que no conduce a ninguna parte, y cuando te des cuenta de ello, te propondrá un camino diferente, tan absurdo como el anterior, pero que te mantendrá distraído por un poco más de tiempo. ¿Hasta cuándo?

Tienes miedo amigo, tienes mucho miedo a enfrentar la verdadera causa de todos tus aparentes «problemas», y de ese miedo se vale el ego para prolongar su existencia en tu mente. Es pura supervivencia que no te está permitiendo experimentar tu naturaleza inmortal. Enfréntate a tus juicios, cuestiónate cada uno de ellos. ¿Sabes por qué tienes miedo?, porque los mantienes ocultos en tu mente, y lo que permanece oculto no puede ser amado, sólo temido. Trae a la luz cada sombra y verás cómo éstas se desvanecen y el miedo junto con ellas.

Únicamente es posible corregir en el nivel donde todo sucede, ese nivel no es el mundo, sino la mente que dio origen al mundo.

La idea del «pecado original», alcanza aquí su máxima expresión, el verdadero significado. El concepto de pecado original es sinónimo de causa original, la causa que dio origen a todo efecto que percibimos en el mundo.

Ésta es la razón por la cual el perdón jamás persigue un cambio en las aparentes circunstancias de nuestra vida, sino que por el contrario, se centra completamente en nuestros pensamientos. Ahí fuera no hay nadie, no hay nada. Tu mente es un proyector, proyectando una película que encaja perfectamente con lo que piensas y que a la vez te sirve de testigo de esos pensamientos, tomando ese testigo, crees que es posible atribuir a esas ideas la cualidad de «realidad», y con ello crees posible contradecir la Voluntad de tu Padre.

Estamos soñando. Puede parecernos un sueño más o menos agradable, o resultarnos totalmente desalentador o indeseable, pero en cualquier caso, es siempre un sueño. Nada de lo que perciben nuestros ojos físicos es real, no es verdad excepto para la mente que los está proyectando, y siendo como son sueños aislados, nacidos del pensamiento separado de Dios, no son nada: en ellos no estamos experimentando y extendiendo nuestra verdadera naturaleza, sino negándola.

A través de las decisiones que tomas, puedes pretender escapar de tus problemas, y así te lo puede parecer por un tiempo; puede parecerte que les “has dado esquinazo”, pero el problema continúa encontrándose dentro de ti, el problema no ha sido deshecho, de modo que tan sólo está esperando una ocasión más propicia para presentarse de nuevo.

Dentro del sueño tenemos la oportunidad de salir de él, de despertar como hicieron Buda, Jesús y tantos otros maestros. Así finaliza nuestro periplo por el mundo y damos paso en nuestra conciencia a nuestra realidad eterna e inmutable en Dios.

Cada situación que se te presenta, y que te provoca cierto grado de molestia, grande o pequeña, es una maravillosa oportunidad para perdonar. Perdonar desde el reconocimiento de que NO ES REAL, SINO SOLAMENTE UNA PROYECCIÓN DE ESA PARTE DE TU MENTE QUE ES EGO;  perdonar desde la comprensión de que no hay nada que perdonar, puesto que no hay pecado ni pecador, nada que perdonar, pues si no hay culpa ¿cómo va a haber un culpable?

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