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APLICAR LAS IDEAS

 

Libera Tu Ser - David Hoffmeister "APLICAR LAS IDEAS"



Del Libro de David Hoffmeister "Unwind Your Mind - Back to God" - Capítulo I
Traducido al castellano por Juan Illan Gómez.

 

David: La verdad está dentro de nosotros; unámonos con la intención de que nuestro discernimiento entre el ego y el Espíritu Santo se vuelva muy claro. Esto requiere observar detalladamente la mente y su funcionamiento. Conforme permitimos que el Espíritu nos visite, hacemos preguntas, vienen las respuestas y compartimos experiencias. Necesitamos tomar ejemplos prácticos de nuestras vidas y aplicarles las ideas. Si no utilizamos el Curso, es sólo un libro lleno de ideas metafísicas y de teorías sublimes. Todas las enseñanzas espirituales son para aplicarlas. Necesitamos vivir las enseñanzas. Si hay partes de nuestras vidas incongruentes con ellas, es útil para todos darse cuenta de ello, de manera que la mente pueda cambiar y ser una demostración de la verdad. Cuando los disgustos aparecen en la vida cotidiana se les puede seguir la pista hasta su origen, por medio de los principios metafísicos, que se nos dieron para ser útiles y prácticos. ¡Siempre tenemos que volver a la consciencia de que lo que necesita sanar es nuestra percepción! Nuestras mentes toman la decisión de sanar o no: en el mundo de la forma nunca ocurre nada que pueda causar un cambio en la mente.

En realidad hay sólo una pregunta que, en un nivel muy profundo, la mente no para de hacer: ¿Quién soy? El ego hizo la primera pregunta que hubo. No había ninguna pregunta en el Cielo, sólo había Unicidad. Desde esta primera pregunta, ¿Quién soy? han surgido un montón de preguntas. Fue el ego el que preguntó. Cristo no hizo esta pregunta. Hay completa certeza en el Cielo. Todas las demás preguntas han venido de esa primera, incluidas todas las preguntas sobre el mundo, los niveles subatómicos, la ciencia, la filosofía. Todas las demás preguntas son sólo pilas y pilas y capas sobre capas de preguntas puestas sobre aquella primera. En su estado de engaño, la mente sigue haciendo esa pregunta básica: ¿Quién soy? [risas].

El ego tiene muchas respuestas: eres hombre o mujer, eres hijo o padre o hermano, eres hermana, marido o esposa. Eres obrero de la construcción, ingeniero, matemático, profesor de tenis. El ego nos da montones de respuestas y está ahí dentro, diciéndote constantemente que eres una combinación -eres esto, eso, aquello y esto otro. Debajo de todo eso, la mente simplemente no está segura porque sigue haciéndose esa pregunta fundamental: ¿Quién soy?La identidad parece seguir evolucionando y cambiando. Yo era hijo, ahora soy padre o abuelo. O era banquero y ahora me dedico a esto o a aquello. Es muy inestable y está cambiando continuamente. Necesitamos seguir llevándola, cada vez más profundamente, de vuelta a la mente, para llegar a esa pregunta fundamental, ¿Quién soy?, y descubrir dónde está la experiencia de la respuesta.

Todas las preguntas que se hacen en este mundo se componen de dos partes. No podremos comprender la respuesta si ni siquiera sabemos hacer la pregunta correcta, si hacemos preguntas tontas: preguntas que preguntan y se responden a sí mismas. Preguntas circulares que no van a ningún sitio:

Todas las preguntas que se hacen en este mundo no son real­mente preguntas, sino tan sólo una manera de ver las cosas. Nin­guna pregunta que se haga con odio puede ser contestada porque de por sí ya es una respuesta. Una pregunta que se com­pone de dos partes, pregunta y responde simultáneamente, y ambas cosas dan testimonio de lo mismo aunque en forma dife­rente. El mundo tan sólo hace una pregunta y es ésta: "De todas estas ilusiones, ¿cuál es verdad? ¿Cuáles inspiran paz y ofrecen dicha? ¿Y cuáles pueden ayudarte a escapar de todo el dolor del que este mundo se compone?" Independientemente de la forma que adopte la pregunta, su propósito es siempre el mismo: pre­gunta para establecer que el pecado es real, y las contestaciones que te ofrece requieren que expreses tus preferencias. ¿Qué pecado prefieres? Éste es el que debes elegir. Los otros no son verdad. T-27.IV.4

Cuando llevamos esto a nuestras vidas cotidianas, vemos que el tema dominante de cada día proviene de las situaciones aparentes que constituyen el menú del mundo, y todas son ilusiones. Invertimos mucho tiempo y mucha frustración en debatir las alternativas aparentes: ¿Es mejor ir a comer aquí o allá? ¿Es mejor llamar a esta persona o no? ¿Es mejor salir con esta persona o no? ¿Es mejor comprarme esta clase de vehículo o no? ¿Es mejor invertir en este fondo común de inversión o en certificados de depósito? Se invierte un gran esfuerzo y energía en el asunto de cuál es la ilusión verdadera. ¿Cuáles son las mejores?  Debajo de eso está la creencia de la mente en una jerarquía de ilusiones. Tiene las imágenes clasificadas: Estas son mis mejores ilusiones. Invierto un montón de esfuerzo y energía en buscarlas. Luego viene el grupo del medio sobre las que soy indiferente. Que los demás busquen esas ilusiones si quieren, a mí en realidad no me importan. Y luego vienen las negativas, las ilusiones para las que invierto energía en evitar. No quiero tener cerca a esta persona. No me importa si es o no una ilusión. No me gusta. O no me gusta este clima. Si me mudo a Hawaii me puedo escapar de este clima. Hawaii tiene mejor clima.

Se puede ver que ahí hay una jerarquía. La mayoría de las preguntas planteadas son a la vez pregunta y respuesta. Ahí es donde entran las preferencias. Todo el mundo tiene esta jerarquía. Todo el mundo tiene su propia versión de la buena vida, que puede ser distinta, porque cada cual tiene su sensación inconsciente de buena vida. Hace mucha falta mirar bien esas preguntas que hacemos. "¿Qué quieres que te consiga el cuerpo que tú desees por encima de todas las cosas? Él es tu siervo y también tu amigo. Dile simplemente lo que quieres y te servirá amorosa y diligen­temente." T-27.IV.4. Aquí Jesús habla sarcásticamente porque así es como piensa el ego: "Esto no es una pregunta; pues te dice lo que quieres y adónde debes ir para encontrarlo. No da lugar a que sus creen­cias se puedan poner en tela de juicio. Lo único que hace es exponer lo que afirma en forma de pregunta" T-27.IV.4.

En este mundo hemos olvidado que somos Espíritu, que somos Mente. En el estado de engaño el ego dice: Dios te hizo cuerpo. Muy bien. Ya sabes que eso tiene un límite así que más vale sacarle el mayor partido posible. Más vale echarle todo el entusiasmo que tengas. Sabes que estás atrapado y limitado. Ya te has separado del Reino y has tirado tu herencia espiritual; igual podrías simplemente ir por lo que da gusto: Come, bebe y alégrate porque vas a morir. [risas]

Participante: Ciertamente yo he hecho mi parte de eso.

David: Y con todo este poner el objetivo en lo que nos gusta, el ego no nos dice que el mundo es el último sitio donde se puede encontrar paz y felicidad. El mundo se hizo como una cortina de humo para que no volviésemos a nuestras mentes, en meditación, y nos sumergiéramos dentro para estar con el Espíritu Santo, donde residen la salvación y la verdadera felicidad. La Biblia dice: "El Reino de los Cielos está dentro de vosotros" (Lucas 17:21). El ego dice: No, está fuera. Es una relación de codependencia: busca la relación, busca las posesiones, busca la fama, busca la gloria, busca algo ahí fuera. Hemos tenido montones de ejemplos de gente que ha seguido esto hasta el final. Pienso en ejemplos extremos, como Marilyn Monroe. Tuvo todo el dinero, toda la fama, todo el atractivo sexual; se casó con Joe DiMaggio y con Arthur Miller; todas las variaciones de la premisa del ego "Busca, pero no halles" T-12.V.7. El Curso no da un marco de referencia para ver esto. Es muy distinto del "Busca y hallarás" (Lucas 11:9) bíblico. El mundo sigue poniéndonos delante la zanahoria: fama, fortuna, dinero, buena apariencia; nosotros seguimos buscando esas satisfacciones en la forma y seguimos haciendo esas pseudopreguntas. Y Jesús dice "Una pseudopregunta carece de respuesta, pues dicta la res­puesta al mismo tiempo que hace la pregunta. Toda pregunta que se hace en el mundo es, por lo tanto, una forma de propa­ganda a favor de éste." T-27.IV.5.

Después dice:

Una pregunta honesta es un medio de aprendizaje que pregunta algo que tú no sabes. No establece los parámetros a los que se debe ajustar la respuesta, sino que simplemente pregunta cuál es la respuesta. Mas nadie que se encuentre en un estado conflictivo es libre para hacer esta clase de pregunta, pues no desea una respuesta honesta que ponga fin a su conflicto. T-27.IV.5.

Se trata del mismísimo instante en que esta mente tan poderosa pareció suscribir la creencia diminuta, alocada y absurda en la separación. Entregar una mente tan poderosa como la del santo Hijo de Dios al pensamiento absurdo de que podía separarse de su Creador fue literalmente el Big Bang de la mente. Ahí surgió toda la culpabilidad. A esto no se le dio respuesta después;fue simultánea. En el instante en que pareció que la creencia era suscrita, el Espíritu Santo fue ofrecido como respuesta. La buena noticia es que tu único problema ha sido resuelto. Ya está resuelto. Es bueno saberlo porque, debido a los sentimientos que experimentamos, a veces puede parecer que está aún por decidir si esto está resuelto o no. La pregunta número uno para la mente del ego es: Para empezar, ¿cómo pudo ocurrir esto? La historia no existiría si no siguieses cometiendo la misma equivocación en el presente. El momento actual es tu sitio de poder; aquí es donde tomas las decisiones y aquí es donde puedes elegir la salvación.

En nuestro concepto de nosotros mismos hemos estado en el viaje espiritual unos cuantos años y estamos volviendo hacia la conciencia de Dios, la integridad y la completitud. Pensamos en la salvación en el futuro; algún día vendrá si de verdad nos aplicamos a ello. ¿Por qué iba Dios a situar la salvación en el futuro? El tiempo entre el presente y el futuro durante el que tienes que sufrir ¿no haría cruel a Dios, un poco como la idea de que Jesús murió por nuestros pecados? ¿Qué clase de padre derramaría la sangre inocente de su hijo? Dios no situó la salvación en el futuro. La puso en el presente. Toda la salvación te es ofrecida en este mismo instante. Eso es un gran alivio, pero el ego puede empezar inmediatamente a decir: ¡Ay!, yo debería ser capaz de conseguir esto ya, por favor ayúdame a conseguirlo, lo quiero ya [risas]. Jesús se toma casi 1.400 páginas para decirte, básicamente, que estás aterrorizado del Espíritu Santo; aceptar ya la respuesta te aterroriza. Por eso nació el tiempo lineal. El pasado y el futuro son tentativas de la mente para evitar el presente. Al nivel consciente puede parecer como: Vaya, eso tiene su gracia porque yo siento que Dios es mi amigo y el Espíritu Santo es como un compañero, ¡y ahora Jesús me dice que estoy aterrorizado del Espíritu Santo! Esto tiene sentido cuando ves que durante el traspiés, cuando la diminuta idea alocada pareció ocurrir, la mente creyó que realmente había usurpado el Cielo, que había usurpado el lugar de Dios en el Cielo. Y el ego le aconsejó: ¡Corre, que la has hecho buena!, escápate de esa luz, porque si alguna vez vuelves por aquí, esa luz te va a arreglar cuentas, porque verdaderamente lo has hecho, lo has conseguido, ¡te has separado de tu padre, y tu padre está enojado!

Todo este mundo ha sido un intento de escapar de la luz hacia la oscuridad, la fragmentación y la dualidad. Nadie quiere hacer una pregunta sincera, porque teme oír la respuesta. Lo que estamos aprendiendo es que el Espíritu Santo es la respuesta. En esta mente oscurecida que cree que se separó de Dios, Dios colocó una chispa de luz, el Espíritu Santo. Esa luz crecerá y crecerá hasta que literalmente ilumine toda la mente. Pero la mente la teme mucho.

El ego es una creencia en la mente que proyecta un mundo exterior. ¿Habría colocado Dios la respuesta donde no está el problema? ¿Si el problema está en tu mente, habría puesto Dios la respuesta en el mundo? No, Dios colocó la respuesta justo donde estaba el problema. La respuesta está en nuestra mente, el Espíritu Santo y el problema están en la mente. La creencia en la separación está en la mente. Este mundo es una cortina de humo, un dispositivo de distracción gigantesco que te impide sumergirte en la mente y cuestionar todas sus suposiciones y creencias. En una analogía con el World Trade Center, tanto el Espíritu Santo como el ego están en el sótano. Todas las plantas del World Trade Center son capas de creencias. La mente está tan aterrorizada de la luz que ha apilado todas esas capas de plantas oscuras para poder olvidarse de la luz. La mente engañada ha intentado literalmente disociarse y olvidarse de la luz. Se ha disociado también porque la luz y la oscuridad no pueden estar juntas; son como el agua y el aceite. Cuando una está presente, la otra está ausente. Y la mente no podía soportar la intolerable situación de contener dos sistemas de pensamiento irreconciliables: el sistema de pensamiento del ego y el sistema de pensamiento del Espíritu Santo. La solución del ego es olvidarse de uno. La disociación es olvidarse de la Luz. Parece que hay algo de alivio, pero en realidad el sistema de pensamiento del Espíritu Santo sólo está enterrado, y la mente sigue experimentando dolor porque no está en su estado natural.

En el Cielo la mente es un estado de unicidad, completitud e integridad. Es muy incómodo e intolerable que haya división en la mente. Por tanto, la mente proyecta la división en el mundo. De repente la cortina de humo se convierte en un "mundo real" de dualidad. En lugar de que la dualidad sean esos dos sistemas de pensamiento en la mente, ahora la vemos en el mundo. Por ejemplo, macho/hembra, caliente/frio, rápido/lento, alto/bajo... podríamos seguir toda la noche. El mundo entero parece ser sólo extremos de la dualidad. Ahora la mente parece conseguir algo de alivio, porque cree ser una diminuta figurita en la pantalla. Se ha olvidado de que es una mente inmensamente poderosa. Ahora es esta personita pequeñita. Y en cierto sentido, es una personita entera, aunque a veces no se siente muy entera. En cierto sentido, ése es el truco. Se puede ver que ésta es una identidad inventada, no nuestra verdadera identidad. Nuestra verdadera identidad es Cristo. Pero esta diminuta identidad tiene todos los inventos del mundo de los sueños: Nací en tal sitio y estos fueron mis padres. Crecí y tengo esta historia de mi vida, y estos fueron los principales acontecimientos de mi vida. Mi maestra de cuarto de primaria me hizo avergonzarme, y di el primer beso a los trece años. Esto es un sustituto porque la verdadera identidad es grandeza; es inmenso y poderoso espíritu. En este mundo, cuando nos identificamos con la personita diminuta que creemos ser, nos sentimos muy insignificantes y muy limitados.

No sólo eso, sino que además parece que hay un mundo gigantesco alrededor de la personita diminuta, donde la gente parece competir con ella sin parar: competir por los empleos, competir por el amor, competir por los recursos. Hay huracanes y tornados, hay cosas que tiene que vigilar y de las que tiene que defenderse constantemente, cuando en realidad, es sólo un sueño.

El problema es que está identificada con esta diminuta pizquita de carne en lugar de con la inmensa luz que es en realidad. Conforme vas por la vida parece que hay que confrontar todos esos asuntos y problemas de la pantalla -problemas financieros, problemas de relaciones, problemas de salud. Pero en realidad sólo tienes un problema y está abajo en el sótano. Y tienes la solución a tu único problema, gracias al Cielo; está abajo en el sótano de tu mente. Empezamos por donde percibimos el problema, aquí arriba en lo alto del World Trade Center, que es en la pantalla del mundo en esta analogía. Tengo un problema con esta persona, me desquicia, esto es lo que me desquicia de ella. Comienzas por describir el problema tal como lo percibes y luego le sigues la pista hasta los conceptos y creencias que están en la mente, las plantas del World Trade Center, que son en realidad la causa del problema. Todas esas plantas oscuras brotaron del ego, y son sencillamente creencias falsas.

Ésta es una visión general de la metafísica del Curso. No comenzamos la conversación  con la idea de que Dios es amor o Yo soy el Cristo, porque esa no es la experiencia de la mayoría de la gente. Empezamos por el nivel de la percepción; la mayoría de la gente percibe que el mundo les afecta, y está luchando por mantener la cabeza por encima del agua en lo emocional y en lo financiero. Cuando la mente está identificada con esta pizquita de carne de la pantalla, parece que el mundo la ha causado. La mente que cree ser un cuerpo cree que su origen también está en la pantalla; cree que sus padres son su origen. La mente que cree ser un cuerpo que abriga resentimientos: Yo no pedí esto, no quiero una vida así, no me gusta que me pasen estas cosas sin parar, lo quiero diferente a como es. Se cree que la causa de todo es algo en la pantalla: la economía, la recaudación de impuestos, la genética, el marido, la esposa, la enfermedad cardíaca, un trauma de la infancia..., algún acontecimiento aquí fuera en la pantalla es la causa de que mi vida sea un desastre. Pero los recuerdos no son la causa del trauma. Es la interpretación en este mismo instante, la interpretación que hacemos en el presente está causando el trauma a nuestras mentes. ¿Y de dónde viene esta interpretación? La mente está trayendo recuerdos de las catacumbas del pasado, intentando conservarlos.

Todo esto se acaba en el instante santo. Ahora mismo somos inocentes e impecables, pero la mente tiene miedo de ello. Sigue trayendo el pasado al presente y manteniendo complicadas las cosas, porque está demasiado aterrorizada del instante santo, demasiado aterrorizada del Espíritu Santo. Esta nueva percepción es una lente muy útil para contemplar nuestra vida, y todos los problemas que creemos tener en la pantalla. Si intentas cambiar tu comportamiento, pero no empiezas a abrirte de verdad y a ir adentro, no estás cambiando nada en absoluto. Probablemente brotarán otros síntomas. Estás cambiando sólo la forma. Al final el tiempo es en realidad la raíz de todos los problemas. Hay muchas psicoterapias que empiezan a entrar en las creencias, pero el Curso apunta a una mente despierta, que literalmente ha transcendido el ego por completo. Eso es lo que lo hace una herramienta tan clara y tan poderosa. Esa es también la razón de que haya una resistencia tan enorme a trabajar con él. El ego se resiste mucho al Curso porque es una herramienta muy afilada para eliminar y disolver los engaños. Y la creencia en el tiempo y el espacio se encuentra en el fondo, en la planta de más abajo del World Trade Center. Pero cuando la gente se levanta por la mañana para la reunión de las seis y media, su mente no suele ser un sitio donde se cuestione el tiempo lineal ni el espacio. Normalmente ya están en marcha sus planes de actuación y sus búsquedas. Ha habido cierto número de terapias que hablan de vivir en el momento presente, pero no han entrado con suficiente profundidad en cómo vivir en el presente ni en cómo deshacer la creencia en el tiempo y el espacio.

No se puede hablar y leer sobre este asunto solamente, hay que vivirlo. Mi vida ha sido un proceso de ir abajo a sacar fuera estas cosas y llegar al punto en el que he examinado conceptos y literalmente los he superado. Entonces podía decir: No soy esto, no soy eso. Sigues adelante. Se trata de empezar a moverte hacia un punto de superación, sencillamente confiando en que se te proveerá de lo necesario y dejando entrar al Espíritu. Si hay problemas en tu vida, necesitamos unirnos, dejar que nos visite el Espíritu, y conseguir algo de claridad sobre esas cosas. Tenemos un marco metafórico con el que trabajar. Tenemos un acuerdo básico sobre algunos principios metafísicos y tenemos que aplicarlo realmente ya.

Participante: ¿Cómo nos metemos en el presente? ¿Cómo aplicamos esto de manera que no estemos planeando el futuro ni preocupándonos por el pasado?

David: Recuerda que dijimos que había un sustituto de Dios, o un sustituto del Ser, fabricado para ocupar el lugar del Cristo. Eso es el concepto del yo. El concepto del yo es el objetivo del aprendizaje del mundo. Todos venimos aquí sin un yo y vamos haciendo uno sobre la marcha. Aprendemos cosas, creamos que las aprendemos de nuestros padres o creamos que las aprendemos en el colegio, aprendemos a hacer juicios: estas son las cosas buenas de la vida, las que te darán seguridad y protección, estas son las cosas malas, las que necesitas evitar. Todo eso forma parte del sistema del ego. El juicio que aprendemos en este mundo es qué cosas buscar y cuáles de ellas evitar. Esto es parte del sistema defensivo contra confiar en el instante santo, contra confiar en que el Espíritu sabe hacerlo. En este mundo el juicio maduro es aprenderse muy bien los caminos del mundo, pero la verdadera sabiduría es renunciar a hacer juicios. Eso puede ser inquietante. Después de haber venido aquí y haber aprendido a ser "buen juez" de lo correcto y lo equivocado, empiezas a ver que todo tu sistema para discernir sigue siendo parte del sistema del ego.

Cualquier tipo de evaluación positiva o negativa es, literalmente, una negación de que todo es igualmente ilusorio. Es como si hubieras construido un laberinto con todos tus juicios. Aquí tenemos un laberinto de complejidad. Y el Espíritu Santo es ahora el Guía, nos va a guiar fuera del laberinto. El Espíritu Santo evalúa. En otras palabras, el Espíritu Santo hace juicios, pero es capaz de juzgar verdaderamente porque ve el pasado, el presente y el futuro. Piensa en cuando intentas juzgar en el laberinto. ¿Tienes conocimiento del pasado y del futuro? ¿Conoces los resultados de cada decisión que tomas y cómo va a afectar a todos los demás? No es que no deberías juzgar ¡Reconoce que no sabes!No eres capaz de juzgar con precisión. Por eso necesitas al Espíritu Santo. En este sentido el Espíritu Santo hace juicios. En un laberinto sólo se puede ir a la izquierda o a la derecha. A cada momento tenemos que tomar decisiones aparentes, y el Espíritu Santo está ahí dentro guiándonos. A la izquierda, a la derecha. Él conoce la salida del laberinto.

Participante: ¿Y qué pasa cuando alguien malo te está afectando? ¡Hablo en serio! Me metí en negocios con un hombre de 24 años que es capaz de ganar cientos de miles de dólares al año. Tal como yo lo veo, es malo, tiene poderes. Creo que tiene poderes en la voz, podría entrar en esta sala y sencillamente cegarnos y robarnos, y ni nos enteraríamos. Me metí en negocios con ese tío, con grandes expectativas, hasta que descubrí que el tío es el mayor sinvergüenza que he conocido en mi vida. Ahora mismo quiere ponerme un pleito. Siento en mi corazón que no he hecho nada malo, él es quien me perjudicó. Es una locura [risas].

David: Lo que oigo es que sientes la tensión; sientes miedo, frustración y enojo.  No tienes ni idea del tamaño del odio hacia ti mismo que hay en tu propia mente. Tenemos que desvelar este odio a nosotros mismos. Lo que ocurre con esta división intolerable en la mente –con este odio intolerable– es que se proyecta. Así lidia el ego con él. Tiene que proyectarlo. Eso es toda la idea del mal en el mundo, lo que a veces se llama diablo o fuerza del mal. Parece ser muy activo, muy poderoso y muy destructivo. El diablo es el ego, una creencia en la propia mente. Una vez alguien le preguntó a Gandhi por el diablo y respondió: "Los únicos diablos de este mundo son los que corren por nuestros corazones, y ahí es donde deberíamos luchar todas nuestras batallas". Seguro que en esta proyección puede parecer que hay fuerzas del mal rodeándonos, pero ese pensamiento es falso. El Curso es un libro que puede guiarnos a la corrección de forma sistemática.

En el nivel inconsciente nuestros hermanos son espejos donde mirarnos. Podemos utilizar las relaciones para vaciarnos de creencias inconscientes. A menudo la gente dice: Espera un poco, veo eso de los espejos hasta cierto punto, pero tengo pruebas y ejemplos de que tiene un límite. Por ejemplo, dicen: Conozco a una persona muy descuidada y perezosa, y yo no soy descuidado ni perezoso. Me da igual lo que diga el Curso [risas]. No se trata del nivel de la conducta. Lo que vemos en el espejo son reflejos de nuestras creencias. Dicho de otra manera, si juzgamos que alguien es descuidado o perezoso, es que tenemos una casilla –una casilla de descuido o de pereza– y cierto grupo de conductas que metemos en esa casilla, y eso es lo que vemos en la pantalla. Hay que volver a la mente y mirar esas casillas que hemos construido. Y tenemos montones de casillas. Eso es el sistema del ego. Hay juicios, categorías y casillas. En los negocios hay un montón de casillas por lo vinculado a las apariencias que está el ego. Al final necesitamos dejar de depender tanto de los sentidos físicos y comenzar a confiar en la voz de la intuición, lo que ven los ojos y lo que oyen los oídos nos embauca y nos engaña. Es divertido estar en un sendero que nos guía a pensar: Gracias, ahora voy a librarme de algunos de mis juicios y voy a empezar a abrirme a mi intuición y escucharla. Literalmente esa es nuestra seguridad, nuestro gozo y nuestra felicidad. Es estupendo poder simplemente ser. Parece que todo va saliendo ahí fuera, que no lo contienes. Está claro que no lo contienes, es como un volcán [risas].

Participante: Ahora mismo hay una persona en mi vida que está pasando por un período de reacciones. Lo escuché y pensé: ¿Por qué no ves lo que pasa en realidad? Intenté explicarle lo que pasa en realidad, aunque sé que eso no se hace. Y dejé de verlo a través del amor, dejé de ver que es el Hijo de Dios igual que yo soy el Hijo de Dios. Me encanta esa expresión porque nos mantiene iguales a todos, pero se me olvidó. Sé que estaba actuando desde el miedo, quería cambiarlo y no podía. Me preguntaba por qué él no podía ver lo que estaba haciendo. Él lo veía todo mal, y yo intentaba decir: Pero hombre, no lo entiendes. No juzgamos porque lo que vemos no es real. No funcionó.

David: En el pasado has negado y reprimido el sistema del ego. No has traído al ego a la conciencia, pero una vez empiezas a subirlo a la conciencia y la cosa comienza a vaciarse, hay una fuerte tendencia a querer proyectar. Aunque el ego está siendo desvelado, ves que la mente aún está muy comprometida con él, y de ahí viene la culpabilidad. Al final vendrá el trascender y desapegar nuestra mente de pensamientos falsos, de pensamientos de ataque: seremos capaces de ver que lo falso es falso con toda calma. Pero esta es una de las etapas que atravesamos. Cuando el vaciado empieza hay una fuerte tendencia a proyectar, a ser lo que Jesús llama un sanador no sanado. Queremos ir por ahí sanando sin haber sanado, y hay que observar mientras lo hacemos y pasamos por ello.

Anoche salió a relucir el concepto del yo de ser padre. Un caballero dijo: "Tengo un hijo que tiene la obligación de limpiar el cuarto de baño pero no la cumple. Se lo sugiero, se lo recuerdo, pero el baño está asqueroso. Empiezo a enojarme sólo de contarlo". Ser padre es otro papel con un montón de creencias inconscientes sobre buena mamá y buen papá: las mamás buenas y los papás buenos lo hacen así. Ahí abajo tenemos estas creencias inconscientes. Entre padres e hijos, a menudo lo básico es que hay una gran lucha por el control. Esto no es sólo entre padres e hijos, puede ocurrir en todo tipo de relaciones. El mundo enseña que tienes que domar y educar a ese ego para que, al menos, se adapte y se vuelva lo bastante normal para funcionar. Enseña que en la vida hay cosas que hay que hacer. Siempre se puede saber cuándo te deslizas hacia el ego: esa sensación de control y ese tono de voz, empieza a salir el mandar y el exigir. El Espíritu Santo nunca manda ni exige: recuerda y sugiere.

Participante: ¡No es maestro de secundaria!

David: Con ciertas situaciones y ciertos niños, enseguida aparecen los objetivos: Espera un poco. Ya he recordado y sugerido bastante, ¡ahora tengo que presionar de verdad con esto! Pero en realidad siempre es nuestra lección. Los hijos son excelentes espejos. Cuando dejamos de ver las balizas, cuando empezamos a sentirnos controladores y enojados, podemos volver al nivel del Espíritu o al nivel de la mente: ¿Qué pasa aquí?, somos iguales, ¿se te ha olvidado? Ahora hay estos papeles. Espera un poco, los papeles son así: yo soy el papá, tú el hijo y tú la hija. En cuanto la mente cambia de chip a yo soy el papel aparece el control. No hay papeles en el Cielo.

Participante: Pero ¿no es un hecho? Quiero decir, es una ilusión pero también es un hecho, ¿verdad?

David: Es una interpretación. El único hecho es Cristo, o la Unicidad. Pero en el mundo de los sueños estas identidades, estos conceptos del yo inventados, contienen un montón de papeles.

Participante: Tenemos también percepciones de lo que significan los papeles. Como padre, a veces es difícil soltar el papel si tienes que decir: Necesitas hacer esto, necesitas hacer aquello

David: Sí, el problema real es el problema de la autoridad. El problema de la autoridad lo tenemos con Dios. Se reduce a esta pregunta: ¿Puedo crearme a mí mismo o fui creado? Lo que pasa cuando te embarcas en puedo crearme a mí mismo, es que viene el concepto del yo. No es que pueda crearme a mí mismo, es que ¡lo he hecho! Elegí ser padre, dedicarme a la educación, aceptar un empleo, etc. Puede verse que todas estas lecciones que vienen son en realidad maneras de empezar a soltar nuestra identificación con esos papeles. Y vemos que todas las expectativas que colocamos sobre nuestros hermanos, y que parecen ser violadas por su comportamiento, en realidad son sólo expectativas. Atribuimos significado a las situaciones sobre la base de nuestras propias metas.

Si me identifico como varón, o como maestro de Un curso de milagros, percibo que alguien intenta debilitar mi posición: aquí está otra vez. Tengo otro concepto o construcción que debo soltar. Mientras haya miedo o una actitud defensiva, o cualquier incomodidad interior, nos seguimos aferrando a algún tipo de papel o de concepto que consideramos más valioso que la verdad.

Participante: Cuando se trata de niños, siento que tengo que hacer otro papel, porque hay normas y reglas que tienen que seguir para llegar a donde necesitan ir, o donde yo creo que necesitan ir.

David: En realidad eso es juzgar. "...te da miedo porque crees que sin el ego, todo sería caótico. Mas yo te aseguro que sin el ego, todo sería amor." T-15.V.1. Fíjate que cuando la mente tuvo dentro esas creencias oscuras y hubo todo este horror y caos aparente –cuando pareció suscribir la creencia en la separación–, todo este hacer juicios fue un intento de aportar algo de orden y control al caos.

Mas el hecho mismo de que puedas hacer eso y seas capaz de imponer orden donde reina el caos, demuestra que tú no eres un ego y que en ti tiene que haber algo más que un ego. Pues el ego es caos, y si eso fuese lo único que hay en ti, te sería imposible imponer ningún tipo de orden. No obstante, aunque el orden que le impones a tu mente limita al ego, también te limita a ti. Ordenar es juzgar y clasificar por medio de juicios. Por lo tanto, es una función que le corresponde al Espíritu Santo, no a ti. T-14.X.5.

Se necesita una gran confianza para soltar. Hablas de esas ideas y creencias, de soltar estos imperativos, restricciones y juicios sobre tus hijos. La creencia subyacente es que si los sueltas se va a armar gorda. Temes que crezcan y sean un reflejo de ti: ¡vaya hijos que tienes! ¿Ves cómo funciona? El ego usa eso. Se necesita un montón de confianza para trasladar esto a tu situación familiar.

Puedes saber si estás escuchando al Espíritu Santo observando tus emociones y tus reacciones. "Que tu sí sea sí y tu no sea no." (Santiago 5:12). Pero ten claro que si aún hay egocentrismo y codependencia, si asociamos seguir al Espíritu Santo con decir que  a todo y a todos, podríamos sencillamente perder nuestro sentido de integridad. El Espíritu está ahí dentro. Con sólo permanecer atentos a nuestras emociones y seguir cediendo el control, el Espíritu nos dirá cuándo hay que decir sí, cuándo hay que decir no, y cuándo hay que poner alguna clase de regla que pueda ser de provecho.

Podemos poner reglas, pero hay que observar la insistencia, el mandar, exigir y disgustarse cuando parece que los demás no las siguen. Toda nuestra lección se centra en estar siempre extendiendo la luz y la paz. En realidad se trata de nuestras creencias, expectativas y papeles. La lección es siempre esta: ¿Qué es lo que valora mi mente? ¿A qué me estoy agarrando que es más importante que ver al Cristo en esta persona o en este niño?

Participante: Puedo pensar en algunos conflictos que he tenido con mis hijos, y el pensamiento que me viene es que si me meto en un conflicto, obviamente hay algo que no estoy dispuesto a ver. Pero pierdo la paciencia y digo: No estoy listo, no estoy dispuesto a ir tan lejos. Déjame sólo hacer esto, déjame enzarzarme en este conflicto. Cuando puedo parar, consigo la respuesta, por así decirlo. Tal vez sólo sea cosa de tomarse ese momento extra de esperar a ver. Así en una situación conflictiva, quizá una situación conflictiva en un aula, no es necesario soltar, se trata de preguntar qué necesito ver. Y como tú dijiste, puedo decir y puedo decir no.

David: Y estar en paz en cualquier caso.

Participante: Correcto. Creo que los maestros lo pasan realmente mal porque la sociedad vuelca tantas expectativas en su papel de sacar lo que se pueda de cada estudiante, que vayan pasando a la clase siguiente. No pueden tomar esa actitud de libre albedrío que se puede tomar en otros trabajos y otras situaciones.

David: Esa es una astuta estratagema del ego: que ciertas situaciones o cierta gente lo tiene más difícil o más fácil. Lo que eso hace en realidad es oponerse abiertamente al primer principio de los milagros: "No hay grados de dificultad en los milagros". M-22.1.

¡Es el más difícil! Si comprendes el primer principio, ni siquiera necesitas los otros cuarenta y nueve. Pero la estrategia del ego ante cualquier tipo de conflicto es básicamente decir siempre: si al menos algo fuese diferente en el mundo. Siempre está intentando cambiar algo en la pantalla para traer la paz. La mente se resiste a ver que sólo hace falta un cambio de percepción en el momento. A eso es a lo que se resiste tanto la mente en el estado de engaño. Al final eso es la Expiación –empezar a ver que no hay nada fuera de mí que pueda proporcionarme paz ni quitármela. Sin embargo, para eso literalmente tienes que transcender los papeles.

Un tío le preguntó a uno de esos entes canalizados: "¿Cómo puedo estar iluminado y seguir en el mundo de las grandes empresas?" Y vino la respuesta: "¡No puedes!". Cuanto más profundo vamos y más trascendemos los conceptos, más seremos utilizados de maneras que no podemos descifrar ni predecir. Pero el ego quiere tomar todos los aparentes conceptos y situaciones y proyectarlos al futuro. Yo veo éste como un sendero de estar presente en el momento –cualquiera que sea la situación en la que parezcas estar– y utilizar las oportunidades sin preocuparte demasiado de los siguientes pasos ni intentar averiguar: ¿Funcionará esto alguna vez? ¿Seré alguna vez un maestro y estaré iluminado? o ¿Voy a tener hijos?

De verdad hace falta esa guía interna, ese Ser enseñado. Vale, ¿dónde voy desde aquí Dios? Espíritu Santo, ¿cuál es el siguiente paso? Ese primer paso –que todas las situaciones de aprendizaje son útiles– es un paso muy grande. Pero a veces la gente se lo toma demasiado al pie de la letra. No importa si estás trabajando en una línea de fabricación o volando en un ala delta, ni en qué país te encuentras, da igual: no te conviene anclarte demasiado a la situación, ni usarla como justificación.

Por ejemplo, una mujer que conozco tuvo problemas con su trabajo durante años. Decía cosas como: "Lo voy a conseguir, tengo que ser capaz de conseguirlo en este trabajo. Sé que el trabajo no es el problema, sé que el problema está en mi corazón, así que me voy a quedar en este trabajo un año tras otro, porque sé que tengo que ser capaz de conseguirlo aquí".

Pero tampoco es así como funciona. A veces es hora de cambiar, de relación, de trabajo o de lo que sea, y el Espíritu Santo da esa indicación interior de que es hora de cambiar.

Existe una línea muy fina entre no identificarse demasiado con una situación o papel particular y darle la media vuelta y utilizar esto como justificación para escaparse. El ego hará eso también, pero intenta estar en contacto con la voz de la intuición que reconoce que es hora de cambiar. Eso sucede también con las relaciones; la gran pregunta es: ¿Cómo sé si debería seguir con este compañero o es hora de cambiar? En realidad es cosa de la intención. ¿Estoy intentando escaparme de algo o de verdad estoy siendo guiado a algo distinto? Eso es lo verdaderamente útil.

Participante: A veces incluso nuestro lenguaje es un buen punto desde el que empezar a examinar. Como la palabra debería, por ejemplo, y todos esos calificativos.

David: Sé que esa idea viene en un montón de literatura, pero he visto que Jesús utiliza deberías en el Curso. No se pueden hacer declaraciones globales sobre palabras, porque en verdad se trata de la intención que hay tras las palabras. Se trata de: ¿Cuál es mi intención? Intentar identificar palabras concretas como palabras del ego no funciona. Te voy a poner un buen ejemplo: el Curso explica una frase de la Biblia: "Mía es la venganza, dice el Señor". T-3.I.3. Podrías saltar enseguida y decir esa es una frase del ego. En el Curso, Jesús toma "Mía es la venganza, dice el Señor" y, de manera asombrosa, le da media vuelta con una interpretación nueva. Dice que es como si el Espíritu Santo dijera: Hijito mío, la venganza es Mía. Esa idea está fuera de lugar en tu Mente Santa, dámela a mí.

¡Vaya media vuelta, gracias! Lo mismo se puede hacer con las letras de las canciones. Oyes una canción y piensas: ¡vaya canción de "relación especial"!, I can’t live if living is without you [no sé vivir si vivir es sin ti]. Piensas: Si alguna vez he oído una frase del ego, es ésta. Entonces la vocecita de tu mente dice: Cámbiala a Dios: no sé vivir si vivir es sin TÍ. ¡Qué alivio! Es un buen ejemplo de forma contra contenido. Hay maneras de reinterpretar las cosas y no meternos a decir que algo es una forma del ego o del Espíritu Santo.

Participante: ¿Puedes hablar más de los papeles y la responsabilidad?

David: La mente está muy condicionada por las formas, los papeles y lo concreto; eso es todo lo que sabe. Ahí es donde está la mente. Y ahí es donde entra observar la mente. Observar la mente comienza a sacarte de la forma y a darte una sensación de ser mente. En el Canto de la oración Jesús habla de pedir cosas concretas. Dice que al principio esa es la única manera en que la mente sabe rezar. La oración es un deseo del corazón: si crees en lo concreto vas a pedir cosas. Ayúdame por favor a pagar el alquiler, ayúdame por favor a conseguir un trabajo mejor, ayúdame por favor...  Todo es pedir formas. Al final sigues moviéndote hacia dentro y empiezas a preguntar cuál es la Voluntad de Dios para ti. Se puede ver que eso es un cambio fundamental respecto a pedir cosas concretas.

Esto no es decir que hay algo malo en esas cosas que se hacen al principio, porque son trampolines. He oído hablar mucho de abundancia y de manifestación, usar el poder de la mente para atraer ciertos resultados, sean casas, trabajos mejores o un sitio donde aparcar. Este es un gran trampolín para la mente. Si la mente cree que es esa victimita impotente, indefensa ante el mundo, entonces cuando parece que logras esa meta -el trabajo, la casa, el dinero, lo que sea- puede ser una demostración magnífica. Puede ser un paso hacia decir: Vaya, no soy esa cosita enclenque e impotente. Mi mente es poderosa. Puede ser una buena afirmación de eso y lo único que dice el Curso es: Vale, está bien. Tienes una mente poderosa. En vez de funcionar con el ego y conseguir todas las propiedades y coleccionar todas las cosas que puedas -para construir tu concepto del yo- ¿por qué no usas tu poderosa mente para alcanzar una meta alta de verdad, como la tranquilidad de espíritu o la paz eterna? Incluso esas cosas, todo lo que vamos haciendo por el camino, son pasos hacia preguntar cuál es la Voluntad de Dios en todo. Cuando pienso en ello de esa manera llega una verdadera suavidad y facilidad, en lugar del pánico de: ¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Debería cambiar mis relaciones? ¿Qué debería hacer... hacer, hacer, qué quieres que haga?

Participante: Mi amigo hablaba antes de vivir en el ahora y lo primero que me vino a la mente fue cuando mi hijo viene y dice "quiero hacer esto contigo", e inmediatamente [chasquea los dedos] estoy justo en el ahora. La manera perfecta de que entre en el ahora es que me recuerden esas cosas de la vida que requieren atención justo aquí y ahora.

David: Para mí esta cuestión de vivir en el ahora es profunda de verdad. Básicamente se supone que hay un mundo, que hay causas en el mundo y que hay consecuencias. Si no riegas una planta durante un verano caluroso y soleado, la planta se seca y muere. Causa: el sol, el calor; consecuencia: planta muerta. Tienes sexo sin medidas anticonceptivas, causa/consecuencia. Si no pagas el alquiler te desalojan, causa y consecuencia. El mundo entero se basa en causas y consecuencias. Pero el mundo es sólo un efecto. Es un manojo de imágenes, de sombras que bailan en una pantalla. Esta idea es fenomenal, porque le da un vuelco total a la manera en que lo hacemos todo. Todo nuestro pensar y planificar, y nuestra manera de hacer las cosas solía basarse en el miedo a las consecuencias. El miedo a las consecuencias está muy vinculado con el uso que el ego hace del tiempo. El ego dice: Has sido culpable en el pasado. Mira el armario lleno de las cosas que dijiste que ibas a hacer y no has hecho nunca, y las que hiciste pero no deberías haber hecho. Es la culpabilidad la que dice: Tendrás que pagar por ello; pagarás en el futuro. Ahí surge el miedo. Por ello es que el uso que el ego hace del tiempo es tan temible: Has sido culpable en el pasado y vas a pagar en el futuro. El miedo a las consecuencias puede ser una cosa sencilla como: Tengo que mantener la cabeza por encima del agua porque el mundo va a ajustarme las cuentas en el futuro. O puede ser el miedo a Dios. Un montón de gente proyecta el miedo a Dios sobre un día del juicio final: pagarán por sus "pecados" el día del juicio final. Pero cuando empecé a mirar de verdad mi vida, pregunté: "¿Cómo sería vivir en un completo abandono del miedo a las consecuencias?". Si pudieras hacer lo que quisieras y de verdad pudieras sintonizar con el Espíritu, ¿qué harías?

Participante: ¿Cómo cambiamos nuestra vida a querer ganar placer y sencillamente disfrutar de la vida en lugar de basarla en evitar el dolor?

David: El asunto básico con el placer/dolor o buscar el disfrute, es que aún lo tenemos identificado como algo que está en el mundo, y por tanto, todavía lo estamos buscando. El Curso nos enseña que el mundo es pasado. Quiero decir, si sólo has hecho las diez primeras lecciones del Libro de Ejercicios, probablemente has llegado a la número siete: "Sólo veo el pasado". Puede ser una lección sorprendente.

Participante: Sí. Todos los pensamientos de mi mente se basan en lo que ya he visto. Y baso mi futuro sobre eso, lo cual es una ilusión. Mi vida es una serie de derivas organizadas con oportunidades inesperadas por el camino, pero a veces hay bellos milagros maravillosos también.

David: Y puede verse donde está esta linealidad. El ego necesita el tiempo lineal para seguir funcionando. El instante santo –o venirse a vivir en el ahora– libera la preocupación por el futuro, y la culpabilidad y la pesadumbre por el pasado. En los encuentros santos vemos a nuestros hermanos literalmente sin pasado. El pasado está hecho de juicios y reacciones. ¿Tengo una buena relación con esta persona o es mala? Mencionaste tu asunto con tu amigo, todo eso son recuerdos, y el ego diciéndote: Sí, eso es lo es que ese tío, todos esos malos recuerdos, y por eso deberías temerlo cuando se acerque. Pero en realidad se trata de empezar a vivir en el momento y confiar; y hace falta un montón de confianza, porque todo nuestro buscar evitar esas temibles consecuencias en el futuro se basa en un aprendizaje del pasado. La intuición es muy diferente de: Así funcionó en el pasado y sé que así va a funcionar y bla, bla, bla. La intuición dice: Soltemos todo eso y confiemos en ser guiados en el momento presente.

Deja salir tus pensamientos de juicio y míralos todos, tanto positivos como negativos, y date cuenta de que ambos extremos forman parte del juicio. Muchas veces parece que tendrías que soltar todos los juicios negativos y poner juicios positivos o pensamientos positivos en su lugar. Pero tus juicios positivos te harán tanto daño como los negativos. El Curso se diferencia de otros senderos espirituales, que sólo traen adentro lo positivo e intentan sacar afuera lo negativo. Las expectativas positivas que tenemos -la jerarquía de ilusiones- son lo que nos pone tan a la defensiva. Si estamos realmente identificados con nuestra apariencia en el sentido corporal, o con un trabajo, una casa o lo que sea, entonces cuando parece que algo los amenaza, ¡sencillamente, perdemos la chaveta!

Participante: ¿Te estoy oyendo decir que para que haya positivo tiene que haber negativo?

David: Los contrarios de nuevo.

Participante: Y mirar igual a ambos, no hacer juicios sobre ninguno, ¿es lo correcto?

David: Sí. Como la manera Zen de ver pasar las sucesiones de pensamientos. Algunas sucesiones serán juicios positivos y algunas sucesiones serán juicios negativos. El Curso dice que espiritualmente somos niños muy pequeños, y no vemos la diferencia entre dolor y placer. En este mundo parece obvia. Buscas uno, evitas el otro. Pero el ego nunca deja entrar en la conciencia que la búsqueda tanto del dolor como del placer refuerza la realidad del cuerpo. Reforzar la realidad del cuerpo mantiene reprimidos la culpabilidad y el sistema de creencias, y nos impide despertar a nuestra realidad espiritual.

En definitiva no es un sendero de renuncia ni de sacrificio. Cuando empezamos a pensar en términos de milagros -cuando dejamos que el Espíritu venga a través de nosotros y nos conectamos y nos unimos con Él–, empezamos a experimentar una alegría intrínseca que no se basa en conseguir que algo exterior nos satisfaga o gratifique. Empieza a crecer el impulso y sentimos que estamos cumpliendo nuestra función. Es como: Vaya, esto es para lo que vine aquí, vaya que sí, ahora me acuerdo. Entonces empiezan la alegría y la paz, y las otras cosas, las adicciones y lo que sea, sencillamente desaparecen porque el impulso toma el relevo. Esto significa mucho para mí, porque sé que he luchado con montones de cosas relacionadas con el dolor, el placer, la gratificación, la represión y la complacencia. En este mundo es como: Vale, sé complaciente. ¡Ay! no debería estar haciendo esto. Me estoy pasando con esto. Da marcha atrás. ¡Ay! me estoy reprimiendo, de verdad que me gustaría hacer eso, no paro de pensar en ello. El milagro sencillamente enfoca la mente con claridad.

El milagro es la alternativa. Hay complacencia, hay represión, y luego hay milagros. La complacencia y la represión no van a ninguna parte; se quedan en la horizontal, pero el milagro va hacia arriba. Volvemos hacia arriba, a la Fuente.


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